Galaxias como granos de arena

Los árboles caen cada año, las montañas se derrumban, las galaxias arden como velas. Nada pretende perdurar — excepto el tiempo.

Galaxias como granos de arena — Brian Aldiss

Quizá el más importante evento científico en lo que va del mes, y del año, sea la presentación que hizo la NASA sobre las primeras fotografías tomadas por el Telescopio Espacial James Webb.

Hay que decirlo, este aparato estuvo a punto de transformarse en uno de los fracasos más caros y escandalosos de la agencia espacial y de muchas otras instituciones que apostaron por éste. El proyecto sufrió de continuos retrasos ―tardaron más de 20 años en llevarlo desde la mesa de planos a la plataforma de despegue― y estuvo a punto de ser eliminado por recortes al presupuesto en 2011.

Esa quizá sea la principal razón por la que la NASA haya hecho la impresionante campaña de medios para transformar esta presentación todo un evento a nivel mundial. Ya lo he dicho en este espacio, hasta la carrera espacial requiere de mercadotecnia para que la gente “le agarre el gusto” y no cuestione demasiado los enormes costos que cualquiera de estos proyectos representa.

¡Para el James Webb se gastaron 10 mil millones de dólares! ¡Era sí o sí, que las cosas salieran bien!

Desde el principio la misión gozó de un trato preferencial, le abrieron sitios especializados que mediante conteos y gráficas muy sofisticadas explicaban la situación del artilugio y, desde hace cosa de un mes, comenzaron a darle tremendo hype a las primeras imágenes y de cómo estas alterarían de manera permanente la forma en que vemos y estudiamos a nuestro universo.

El sitio web no tardó en montar un conteo regresivo de las primeras imágenes y, menos de tres días antes de que esta se cumpliera, de alguna forma convencieron al presidente Joe Biden para que éste hiciera la presentación de la primera fotografía.

Si contaban con el aval del líder del mundo libre, nada podía salir mal.

Total, que programaron la presentación presidencial para un día antes donde, anunciaron, sería el mandatario quien daría la primicia.

Por supuesto que el día señalado, el pasado martes 11 de julio, los nerditos a quienes nos gustan este tipo de cosas nos arremolinamos en el zaguán virtual de la NASA para estar entre los primeros que entrarían para ver las prometidas imágenes.

La hora se cumplió y no pasó nada, mientras una música enlatada y estúpidamente repetitiva giraba en su loop, la unión internacional de astrónomos aficionados y geeks del espacio comenzó a quejarse amargamente en redes sobre el retraso.

¿Cuál podría ser la razón?

A lo mejor no encontraban a Biden, o éste se había perdido en los recovecos de la mansión presidencial. A lo mejor el que llevaba el “USB” con las imágenes todavía no llegaba o se había equivocado de aditamento y las fotos estaban traspapeladas.

Pasó una hora y todo mundo parecía frustrado; quizá el que mejor ilustró ese momento de desesperación fue el conocido divulgador de ciencia Phil Plait, que milita en Twitter como “Bad Astronomer”, y que subió esta imagen en su cuenta:

El caso es que, finalmente, la desesperante música se apagó para llevarnos de inmediato a las imágenes generadas desde la Casa Blanca en un escenario que parecía una mezcla de escuela Montessori y War Room holliwoodesco: el presidente Biden, acompañado de Kamala Harris y directivos de la agencia espacial, sentados como si estuvieran en el kínder (ridículo si nos ponemos a analizar el promedio de edad de los ahí presentes), quienes dieron a conocer la dichosa imagen.

Después, claro, de los discursos: todos traían aburridas letanías sobre el largo proceso desde la cavernas hasta el siglo 21, del interés científico y muchísimos temas más que, en esos momentos, no tenían interés alguno para los espectadores…

¡Presenten ya la fotografía, maldita sea!

Al final la vimos: una impresionante imagen del fondo galáctico en un área sumamente pequeña del cielo, pero que está ocupada por cientos de galaxias. “Galaxias como granos de arena” diría Brian Aldiss.

Si bien, la dichosa “ceremonia” fue un tanto anticlimática, no lo fueron las fotos que terminó de presentar la NASA al día siguiente, esta vez en un programa mucho más elaborado con una conductora, varios especialistas, controles remotos y una explicación más gráfica de lo que estábamos viendo.

El negrito en el arroz fue la calidad de la transmisión; esta parecía digna de una televisora de provincia con presupuesto gubernamental pero, vaya, estábamos ahí por las fotos.

Sin duda alguna, imágenes muy poderosas que pasarán al repositorio colectivo de recuerdos de 2022, antes de que se hagan “comunes y corrientes” como ya pasó con el telescopio Hubble.

Dicho de manera sencilla, espectaculares.

He de decir que la más grande decepción vino, como casi siempre, por parte de los negacionistas. Llamó mucho mi atención un tuit que leí y que decía, más o menos, cosas como “se dejan engañar con una foto pre-fabricada de forma digital” y “les encanta que los seudocientíficos los hagan sentir pequeñitos”.

Como si fuera negativo conocer nuestra verdadera dimensión dentro de este inmenso y espectacular universo.

Da pena que un puñado de gente no pueda disfrutar de uno de los eventos más significativos de la ciencia actual: el hecho de tener la capacidad para mirar objetos sumamente lejanos ―y antiguos― de nuestro universo.

¿Para qué nos sirve?

Ya lo discutía aquí: tal vez en una primera etapa no nos sirva más que para maravillarnos pero, está demostrado, que toda esta inversión en investigación científica termina retornando a nosotros en forma de mejoras sustanciales a nuestro nivel de vida.

Además, a pesar de todas estas justificaciones, no hay ningún placer mejor que el de conocer un poco más nuestro universo. Saber que lo comprendemos un poco más y que poco a poco, secreto a secreto, vamos entendiendo su funcionamiento.

Es el gusto de saber que, el propio universo evolucionó, se transformó en conciencia y ahora esa conciencia reflexiona sobre su propio origen, sobre su propio entorno, sobre su propio hogar.

No se les olvide pasar a visitar mi sito reseñando.com donde me gusta hablar de temas de tecnología.

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