La gente difrazada de decente

La gente difrazada de decente

Desde siempre he sido bastante ingenua, pensando que vivimos en un mundo justo en el que las personas que se visten de ejecutivos decentes trabajan en empresas y tienen una ética profesional, y que solamente los que se dedican a mercados ilícitos se visten garrapastrosones, se friegan y se matan entre ellos para mantenerse en el poder.

Tristemente a lo largo de la vida me he dado cuenta que los grandes corporativos no tienen recato ni remordimiento alguno.

No sólo en aplastar a su competencia (lo que sería más o menos entendible) sino que a las Pymes que les dan servicio las maltratan y aplastan a su antojo sin tener la más mínima consideración de que, más allá de ser su proveedor, son familias que viven al día y que dependen de respuestas a tiempo.

Así, vemos que con la mano en la cintura establecen fechas de entrega a 30 días si bien te va y a 90 días o nunc, en una práctica regular.

No sólo eso. Te someten a una tortuosa tramitología que en algún momento debería de ser revisada por la CNDH o alguna instancia así (aunque de qué serviría, claro, si tampoco sirven).

La idea de independizarnos es tentadora y deseable.

El dejar de hacer ricos a otros trabajando para ellos es un sueño que tiene como soundtrack el canto de sirenas más alucinante que la imaginación pudiera crear.

Y una vez que concretas un proyecto con un consorcio de ésos grandes, desde los multinacionales a los que se sienten con ínfulas de grandes y con sus ejecutivotes disfrazados con corbata al cuello (su propio grillete), te hacen la vida imposible.

Una vez que entregaste el trabajo completo, te encuentras que para poder cobrar tienes que pasarte por lo menos una semana recabando todos los documentos que te piden para poderte dar de alta como proveedor. Ya que lo haces, los mandas y seguro te van a reclamar que falta algo o que no se lee o que tiene fecha de antier y no la de hoy.

Ya que por fin te los aprueban, el sistema tiene que aceptar tu documentación y generar tu folio, lo cual puede suceder en otra semana, si bien te va.

El siguiente paso es la orden de compra, que el señor don sistema se tiene que dignar a emitir con los datos que ya les diste.

Y por fin te dicen “anexo enviamos ODC” y te encuentras que la factura solamente pudo haber ingresado el día anterior y te tienes que esperar dos semanas más.

Y bueno, ya ingresa y a partir de ese momento y si es que no se atraviesan días festivos, empiezan a correr tus 30-60-90 días de pago.

Ya en los subsecuentes proyectos te puede ir un poco mejor porque ya estás en el catálogo de proveedores. Pero entonces te salen con que se les traspapeló, con que el nombre del proyecto va con mayúscula o que te van a descontar porque la indicación que te dieron estaba equivocada y alguien tiene que pagar.

Escribo esto y es una especie de catarsis en el que veo que la bilis va saliendo por la punta de los dedos hacia mi teclado, que ahora voy a tener que exorcizar.

Al final, no es justo que estos fatuos corporativos tengan ese poder sobre las microempresas que mueven la economía local. El único consuelo es que algún día esos ejecutores de normas, vestidos con traje y disfrazados de gente decente, algún día se van a independizar #karma

Liliana Bretón
Publicista e investigadora; maestra y estudiante; amante del cine, los libros y el buen sentido del humor; no cambio por nada una tarde de vino con una buena plática. Beatlefan y chocohólica.