Winter is coming…

Llega 2022 y en medio de toda esta locura de pandemia, que ya ha retrasado los juegos olímpicos de verano, nos acordamos que este año tocan los de invierno. Cosa curiosa, intentaron separarlos pero esta vez el destino se encargó de conjuntarlos de nuevo.

Creo que hay muy pocas cosas tan alejadas del imaginario de este sufrido país como la versión invernal de los juegos olímpicos; a mí me provocan el mismo interés que el campeonato mundial de rugby o los torneos asiáticos de cricket, deporte que es prácticamente incomprensible para quien no ha tenido por lo menos ocho generaciones previas de fanáticos en la familia. Es algo genético.

Muchas televisoras anunciaron, con gran elocuencia, la cobertura de dichos juegos e incluso mandaron a sus reporteros, que hasta causan ternura cuando los vemos expuestos a un clima muy alejado de sus hábitats tropicales, para cubrir el gran evento durante las próximas semanas desde Pekín.

Para la gran mayoría de los mexicanos ese tipo de deportes nunca irá más allá de la experiencia en televisión. Muy pocos se pueden pagar la ida a Estados Unidos (el destino invernal más cercano) para esquiar. Además está muy mal visto asistir a los exclusivos destinos de Colorado ya que fue ahí donde los ricos y famosos mexicanos se infectaron por primera vez de coronavirus e hicieron el favor de traerlo a casa; esta fue la causa por la que algunos tarados del gobierno llegaron a decir que “era enfermedad de ricos”.

El hockey sobre hielo puede que sea más accesible, aunque seguirá siendo un deporte muy caro debido a los costos tanto de la pista de hielo como del equipo. Por ahí hay varias academias de patinaje artístico, pero es imposible que estas chicas lleguen alguna vez a trascender en una de las modalidades con más competencia de los deportes de invierno.

Además, según las tendencias políticas actuales, este tipo de entretenimientos fifís no son bien vistos a menos que uno esté casado con una “señora con mucho dinero” que lo pueda llevar a las exclusivas pistas de Vail o sea legislador del partido en el poder.

En ambos casos está permitido.

A lo único que podemos aspirar el resto de los mortales es a participar en el mundial de beisbol.

La verdad es que es un tema que me he puesto a analizar mucho. Tengo que confesarlo, alguna vez sufrí una fuerte adicción al deporte televisado. No importa lo que transmitieran, yo lo veía sin perderme ni lo eventos, ni la enorme cantidad de programas donde realizan sesudos análisis de las mismas jugadas que acababa de ver. Afortunadamente esa faceta ya se me pasó.

Fue durante esa época de mi vida que me puse a observar las especialidades invernales y llegué a varias conclusiones. La primera y más evidente es la brutal falta de variedad deportiva que sufre.

Si analizamos los juegos llegamos a una triste conclusión: fuera de resbalar por una pista de hielo (más rápido o más bonito), o bajar de una montaña nevada (más rápido o más bonito), solo queda el Hockey y el curling (este último sigue siendo resbalar por una pista de hielo).

No me hagan caso a mí, háganle caso a los que se dedican al hockey sobre hielo que están tratando, de manera muy seria, de que su deporte sea “trasladado” a los juegos de verano y es que se trata del único juego invernal verdaderamente de equipo. (no, el curling no es deporte).

Se que estas opiniones no pueden ser muy populares; cientos de doñitas esperan con ansiedad la especialidad de patinaje artístico de la misma manera que esperan la gimnasia en los juegos de verano. No porque sea un evento que sigan y que estén enteradas de lo que pasa durante los tres años de pausa entre evento y evento, sino que es “muy bonito” y aprovechan para subirse también a trending topic olímpico.

De la misma manera ocurre con miles de fanáticos genéricos del deporte que a partir del viernes comenzarán a utilizar la jerga de las especialidades invernales. Podremos escuchar joyas como “¿Viste al equipo de la república checa? ¡El primer sweeping que hicieron fue brutal, pero dejaron ir el tee en la cuarta piedra!

Recuerdo una vez que hice un comentario sobre lo lejano que me parecen estos deportes, en alguna red social, y de inmediato se me dejaron venir los haters aduciendo que no conocía ni la nieve de Roxy y que decir tal cosa me hacía ver como un auténtico ignorante, patibulario, pusilánime y deplorable envidioso ya que en el fondo lo que más deseaba en la vida era conocer la nieve aunque esta fuera la del Popo y solo la utilizara para erigir un mono en el cofre del coche (si es que tenía coche)… en fin, el clásico amor adulto que dispendian las redes.

Sin embargo, y para que no se me dejen venir las hordas de amantes del bobsled, hay que decirlo: en gustos se rompen géneros y uno no tiene que ser ni especialista ni conocedor para disfrutar lo que se le dé la gana, ya sea música, cine o un deporte que es muy parecido a la rayuela pero con piedras y chamarrotas.

¡Viva la diferencia!

¿Por qué Pekín y no Beijing?

Por favor, no hagamos caso a comentaristas deportivos que carecen de originalidad y que aman los lugares comunes; en este caso aplica a la sede del evento olímpico.

Recuerdo a cierto canino futbolero que leyó en algún lado que el nombre de Irlanda, en gaélico, es “Eire” y se la ha pasado varios mundiales ladrándolo, cuando en correcto español pudo haber dicho “Erín”.

Lo mismo ocurre con el caso de la capital china: ahora que ese país intenta latinizar su idioma (para poder conquistarnos mejor) según las reglas ortográficas que crearon, en chino, se escribe Beijing.

Sin embargo, la correcta forma de escribirlo en esta lengua de Cervantes es “Pekín”. No importa que mil millones de chinos se indignen, se escribe así.

Es la misma razón por la que no decimos “London”.

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