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La cloaca del acoso en la publicidad ha quedado expuesta

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Pues sí. La caja de Pandora se abrió y los individuos quedaron expuestos y exhibidos.

Hace meses, cuando empezó el #MeToo en EUA, pocas personas pudieron vislumbrar el alcance que el movimiento tendría. Poco a poco, figuras del entretenimiento empezaron a caer y se llegó a pensar que de ahí quedaría: en ese medio y en ese país. Mientras Harvey Weinstein no creía lo que estaba sucediéndole, Kevin Spacey trataba de minimizar y excusarse, y Matt Lauer hizo una silenciosa salida por la puerta trasera, algunos lograron escaparse el ojo del huracán, y algunos políticos andan por ahí como dando patadas de ahogado.

Pensé que sería el momento ideal para que muchos alrededor del mundo, México incluido, empezaran a limpiar su pasado y corregir su presente.

Pero ¡no! Los muy envalentonados, o tal vez descarados, o algunos “eso no pasa aquí” siguieron en las mismas, haciendo caso omiso. Si bien pensaron que eso sólo sucedía en el gabacho, también creyeron que se limitaría a personalidades públicas.

De repente ¡bum! Twitter en México empezó a arder en el medio de los periodistas, de los escritores, de los músicos… y lo veías venir, pero estos envalentonados siguieron en su estado de negación, hasta que el tema les reventó en la cara.

Surgieron las cuentas y los hashtags #MeTooAgenciasMexico y #MeTooCreativosMexicanos y por fin las mujeres (principalmente) se armaron de valor para hacer públicas las nefastas experiencias por las que han (y hemos) pasado silenciosamente.

El tema no es nuevo. En la publicidad esa situación existe desde siempre y desde siempre se ha sufrido silenciosamente mientras ellos se han vanagloriado de sus conquistas, aventuras y deslices.

Las técnicas son infinitas: ‘inocentes’ roces; insinuaciones que si señalas te acusan de malpensada, juntas innecesarias, contubernios entre ellos, táctica ‘policía bueno-policía malo’, alusiones descaradas y directas… #yAsí

Reconozco la valentía de las hoy denunciantes. Las que hablamos en el pasado sufrimos consecuencias de descalificación y de pérdida de trabajo, pero aun así, hablamos. La gran ventaja de ahora es que las cosas no se quedan en el cajón como en MadMen (serie que no soporté ver porque me removió estas experiencias que no me interesaba revivir). Las redes han empoderado a los individuos y eso es MUY gratificante.

Ojalá que esto marque un hito en nuestra industria… y en el mundo. Es el momento de cambiar, siempre y cuando se haga buen uso de la herramienta, de forma honesta y transparente.

Chicas: no se callen. Hablen. No tengan miedo. No están solas. Sólo un consejo: no calumnien ni hagan su exposición con rollos. Hay que ir al grano de forma puntual y objetiva, para no perder credibilidad. Es la mejor forma de que no se pierda la inercia y logramos el cambio.

Chicos: esto llegó para quedarse. Si tienen cola que les pisen, no descalifiquen ni agredan. Es lo que han hecho siempre, y esa defensa hoy ya no va a funcionar. Es de grandes seres humanos aceptar y reconocer, o -en el peorísimo de los casos- simplemente guardar silencio público y hacer las paces (o lo que tengan que hacer) en privado.

Tanto directivos de agencias como las organizaciones del gremio tienen una oportunidad para hacer historia. Crezcamos juntos. Dignifiquemos nuestro entorno. #YaEraHora

Comparto nuevamente esta historia que publiqué aquí hace tiempo. No fue la única, pero sí la primera de muchas experiencias. Durante 20 años como publicista lo vi, lo viví, y no me callé.

Liliana Bretón
Publicista e investigadora; maestra y estudiante; amante del cine, los libros y el buen sentido del humor; no cambio por nada una tarde de vino con una buena plática. Beatlefan y chocohólica.