Democracia Marchada, INE Si o INE No

El pasado domino 13 de noviembre, muchas personas salieron a las calles a manifestarse en favor de la permanencia del INE o, en dado caso, en contra de la pretendida desaparición por una iniciativa de reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos enviada por el Presidente de la República.

Las licencias que me tomo en esta columna como si se tratara de libertad de cátedra, me orillan a tratar el tema de fondo de esta marcha que ha sido apoyada o denostada según el bando en que se encuentren. Y es que dentro de lo legítimo que es protestar, el contar con información es un privilegio a la hora de debatir, ya que ahora que Twitter se volvió un barrio más peligroso de lo que era, las descalificaciones y las argumentaciones van a estar de a peso (o de a 8 dólares si quiere su cuenta verificada).

Chismesito Marchista

Pero antes de meternos a lo duro de del contenido de la reforma vale la pena generar un entorno magnífico de lo que llaman “chismesito” que desde luego que tuvo esta parafernalia que hizo quedar a algunas autoridades muy mal parados ante la falta de institucionalidad y de cambiarse de bando de los marchistas de hace 5 años o más, a los represores de marchas que se han vuelto para salvar el hueso.

Para empezar, autoridades del Gobierno de la Ciudad de México contabilizaron 12 mil asistentes, sin embargo, todo nos hace pensar que contaron de a familia porque hasta en los cálculos de algunos matemáticos ociosos en el que con la superficie de las avenidas y cuánto ocupa de espacio cada persona se llegaron a estimar hasta 600 mil asistentes. Me queda claro que ambas partes exageran, pero menos de 100 mil no hubo.

El otro aspecto que se convirtió en algo a todas luces descarado, antidemocrático y de burla, fue la urgente contingencia ambiental que restringió el tránsito de muchas personas y, entre ellas, a quienes asistirían a la marcha y, peor aún, a quienes buscaban trasladarse por sus trabajos. Esta medida fue asumida por muchas y muchos capitalinos como un regreso (tipo Caso 63) a los gloriosos años 70 de Don Echeverría a quien las marchas le causaban urticaria. Por cierto, para quien dijo que no afectaba a la marcha porque la gente “marcha caminando”, les platico que la CDMX forma parte del Valle de México, lugar donde convergen y transitan millones de personas por las cercanías y por la evidente centralización del país, así que si una persona de Naucalpan, Tlalnepantla o Ecatepec quería ir a la marcha pues al menos sí le pensó dos veces para llegar aunque siempre está el transporte público.

Por cierto, tampoco desestimemos la idea que, como pasa en casi todos los eventos de este tipo, había un cierto número de “acarreados” aunque pareciera que la mayoría fue por su propio interés.

democracia

Razones para no creer ni en uno ni en otro

Pues bien, ya que vimos que el entorno de esta movilización fue de lo más afectado pues entremos de lleno a lo que propone la reforma y, en algunos casos, el fin oculto que tiene parados de pestañas a propios y extraños:

1. Desaparecer el Instituto Nacional Electoral y crear el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas; adicionalmente desaparecer los 32 Órganos Públicos Locales Electorales para evitar duplicidad de funciones y mayor gasto. Esto impacta en el hecho de que se daría mucho más trabajo y poder al INE centralizando indebidamente el tema de las elecciones, ya que los llamados “OPLES” se crearon para eficientar la organización electoral y propiciar que se atiendan a aspectos particulares de las regiones. Eso mismo pasaría con los tribunales electorales locales. Ojo porque esto ya se había propuesto años antes por los que ahora son oposición.

2. Eliminar los Diputados y Senadores por representación proporcional llamados plurinominales para que se disminuya el número y los que lleguen sea sólo por el voto de la ciudadanía. No se vayan con la finta amigos, este tipo de legisladores en realidad son un contrapeso al gobierno en turno, es garantizar la representación de la oposición sea quien sea; esto permitiría que sólo ganaran diputados de un solo partido, por ejemplo, como pasaba antes en las que el Presidente y la mayoría aplastante en el Congreso eran del mismo partido generando reformas autoritarias y en beneficio del poder; es borrar prácticamente la discusión y el debate en las Cámaras.

3. Disminuir el número de Consejeros electorales de 11 a 7 así como los Magistrados de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, además de que su elección se haría por el voto popular. Ello no sonaría mal si consideramos que esas personas a votar deberán ser propuestas por el Presidente de la República, el Congreso y el Poder Judicial, pero al permitir la eliminación de plurinominales estaríamos hablando que el Congreso cantaría al son del Presidente, entonces dos terceras partes de las propuestas provendrían del grupo en el poder. Pero tampoco nos confundamos porque al día de hoy, los Consejeros Electorales son cuotas de partidos porque aunque entren a un proceso de designación, en el Senado se reparten de “a ti partido mayoritario te tocan 3, al que le sigue 2 y al que menos Senadores tiene le toca 1”, lo que hace que lleguen puros cuates que, además, tienen una postura política a la hora de resolver asuntos en la materia.

4. Reducir el financiamiento público a partidos en lo que corresponde a sus actividades ordinarias, es decir, en los años en que no hay elecciones. La repartición de dinero en estos periodos inter-elecciones se hacía por dos motivos: generar una competencia con un piso más o menos parejo al repartir una parte del dinero de forma igualitaria y otra según los votos de la elección pasada; y propiciar que los partidos dieran capacitación a la ciudadanía. En el fondo, reducir este dinero beneficia al partido mayoritario porque sigue recibiendo muchos más recursos que los otros permitiéndole ser más fuerte incluso en temporadas sin elecciones; es casi casi matar la competencia política.

5. Que para que valga la revocación de mandato no se necesite que vote el 40 sino el 33 por ciento de la lista nominal de electores. El chiste y la trampa se cuenta sola.

6. Menos tiempo en radio y televisión a los partidos y más para el gobierno para que difunda programas sociales e informes necesarios para la ciudadanía. Algo así como lo que pasó con la revocación de mandato pero ya permitido para no verse tan descarado al violar la Constitución.

7. Cambio en la forma de distritación electoral y reducir integrantes de Congresos locales. Obvio cambiar el mapa de los distritos va en función de qué tan conveniente es darle mayor fuerza a una demarcación territorial que en otra, justamente en aquellas donde el partido mayoritario tiene mayor simpatía.

Argumentar, No Denostar

En el fondo, si viviéramos en un mundo ideal, este tipo de temas claro que estarían a discusión pero con argumentos de fondo, sin embargo, la realidad es que todo tiende a formar un acorazado de autoritarismo y de permisión para perpetuar una opción en el poder. Es claramente regresar a una época que ni siquiera dimensionamos porque la mayoría de la población aún no nacía (o no votaba) cuando el partido hegemónico aplastaba y mandaba sin contrapesos.

Pero tampoco debemos dejar de pensar en que estos temas son primordiales: el voto en México es de los más costosos del mundo; los servidores públicos del INE (y habría que recordar también al opulento Poder Judicial de la Federación que tenemos) hablando de medios superiores y, sobretodo, los Consejeros obtienen salarios y prestaciones de escándalo que, fácilmente pueden llegar a 20 veces el salario promedio de un mexicano; las resoluciones del Tribunal Electoral tienen todo menos certeza e imparcialidad; el dinero destinado a los partidos políticos es mucho y poco transparente; estorban muchos legisladores y sirven muy pocos por lo que algún candado deberíamos tener; la elección de consejeros son cuotas de partido; las campañas electorales son un dispendio financiero con muy poca propuesta seria; las prácticas delictivas en la jornada electoral son prácticas toleradas; y, la mejor de todas, la ciudadanía no hemos entendido que la democracia es una forma de vida hasta en lo más mínimo de nuestras relaciones sociales y por lo tanto requiere integridad.

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