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Journey del patrocinio deportivo: de alcance a la atribución

Es frecuente que un mismo patrocinio deportivo llegue a su evaluación anual con dos veredictos. El área de marca trae menciones, tiempo en pantalla y un estudio de recordación o Brand Lift que subió. El área comercial pregunta cuántas ventas salieron del acuerdo, y esa cifra no existe porque nadie construyó la forma de obtenerla. Los dos leen datos reales. El área de marca quiere saber si la gente vio la marca y la ligó al equipo, y el área comercial, si el acuerdo movió la caja registradora. Cuando esa diferencia no se resolvió al firmar el contrato, la renovación se puede terminar decidiendo por el peso de quien argumenta en la mesa. Entonces aparece la frase “no funcionó”, aunque el patrocinio haya hecho justo lo que podía hacer en la etapa en la que estaba.

Cuatro etapas en dos niveles, del Alcance a la Atribución

Para ordenar esa conversación trabajo con un modelo que llamo el journey del patrocinio. Parte de una definición: el patrocinio es una relación de ayuda que hace posible un acontecimiento deportivo. La publicidad es un medio cuantitativo que se compra y se evalúa por CPM. Pagar por presencia de marca es la visión más básica del patrocinio. Es legítima, pero el valor que sostiene el precio de un patrocinio está en la transferencia de valores y pasión que ocurre por asociación. El journey describe cómo madura esa relación en cuatro etapas, agrupadas en dos niveles. Cada etapa tiene su objetivo, su forma de medirse y sus requisitos, y el recorrido tiene que ser congruente con lo que la marca quiere lograr con el patrocinio.

El nivel básico: Alcance y Asociación

El Alcance es el punto de entrada. La marca aparece en el jersey, en la valla, en la transmisión y en los medios sociales del club. Se mide con impresiones, tiempo en pantalla y un equivalente en valor de medios. Para una marca sin alcance orgánico propio, esta etapa ya tiene sentido por sí misma, porque el patrocinio le presta la audiencia que la propiedad construyó durante años (algo que la pauta pagada, sola, difícilmente consigue).

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La Asociación convierte la presencia en significado. El objetivo es que el fan ligue la marca a la propiedad y le transfiera algo de lo que siente por ella. Se mide con recordación espontánea y asistida, atributos asociados, brand lift y, si la investigación está bien hecha, preferencia. Esta etapa tiene una condición que se olvida con frecuencia: la transferencia solo ocurre si la marca hace visible la alianza. Hay que “mover” el patrocinio con activaciones, contenido y presencia también en los días sin partido. Un logo que nadie activa se queda en Alcance, por muchos años que dure el contrato.

El nivel avanzado: Rendimiento y Atribución

En el nivel avanzado la marca pasa del branding al rendimiento (Performance). En la etapa de Rendimiento, el patrocinio tiene que mover una conducta medible: registros, leads, descargas, visitas a tienda, uso de un código o prueba de producto. Para eso hacen falta mecanismos que antes no eran necesarios: una landing propia de la activación, códigos únicos, una dinámica dentro de la app del club o inventario publicitario digital de la propiedad comprado como line item con su propio tracking. Sin esa tubería, la conducta ocurre y nadie la registra.

La Atribución es la etapa más exigente. Aquí la pregunta es cuántas de esas conversiones existen gracias al patrocinio, separadas de lo que la marca habría vendido sin él. Llegar ahí requiere datos de ambos lados y una llave común para cruzarlos (correo, teléfono, un ID de lealtad). También hace falta un lugar donde se crucen con reglas claras sobre quién ve qué, a veces un clean room, y algún tipo de grupo de comparación. En esta etapa la tecnología se vuelve condición.

Este recorrido pide al menos tres años de construcción, porque cada etapa se apoya en lo que dejó la anterior.

Cuando la etapa y la vara de medición no coinciden

Alguien puede pensar que, si un patrocinio no se traduce en ventas, no sirve. La pregunta por las ventas es válida, y cualquier marca tiene derecho a hacerla. El problema aparece cuando se le hace en el primer año a un acuerdo que se negoció, se firmó y se activó para Alcance, sin landing, sin códigos y sin acuerdo de datos. Ese patrocinio no puede contestar la pregunta, aunque haya cumplido con todo lo que se le pidió. Buena parte de los patrocinios que se declaran fallidos se evaluaron con la vara de una etapa que nunca se diseñó.

Hay además una variable que nadie controla: el resultado deportivo. Una mala temporada baja la exposición y el ánimo de la afición, y es fácil cargarle al patrocinio lo que le pertenece a la tabla general. Un patrocinio bien diseñado puede cumplir su etapa sin depender tanto del marcador.

Saltar etapas tiene un costo

El desfase toma varias formas. Una marca puede firmar con la intención de vender y activar como si solo comprara exposición: el contrato habla de rendimiento y la ejecución se queda en logos. Otra puede pedir atribución en la primera temporada, cuando la asociación con la propiedad todavía no existe en la cabeza del fan. El desfase también ocurre del lado de quien vende, cuando una propiedad ofrece atribución sin poder identificar a los fans que vieron o participaron en la activación. En los tres casos el veredicto de “no funcionó” llega puntual, y la causa suele estar en el diagnóstico que se hizo al firmar.

Esto tiende a pasar entre marcas, entidades deportivas y agencias, porque la conversación sobre la etapa casi nunca tiene un dueño claro en ninguno de los lados de la mesa.

Qué revisar antes de romper un patrocinio

Antes de “acusar” a un patrocinio de que no funcionó, conviene hacer una revisión ordenada. Cada punto corresponde a algo que controla la marca, algo que controla la propiedad o algo que no controla nadie. Separar esas tres cosas evita cargarle a una lo que le toca a otra, y es la diferencia entre corregir un acuerdo y empezar de cero con otra propiedad.

El objetivo, la etapa y la activación

Lo primero es preguntar si existe un objetivo escrito, con su indicador, definido antes de firmar, y a qué etapa del journey corresponde. Si el objetivo era Alcance, la evaluación se hace con métricas de Alcance. Si era Asociación, hay que ver si se midió el punto de partida, porque sin línea base el brand lift es una opinión.

Luego viene la activación, que depende casi por completo de la marca. ¿Hubo presupuesto aparte de los derechos o todo se fue en el fee? ¿La alianza se vio fuera de la transmisión, en contenido, en punto de venta, en las plataformas propias de la marca? Sin activación, el acuerdo no tuvo forma de pasar de la presencia al significado.

La tubería de datos y el tiempo

Si la marca esperaba Rendimiento o Atribución, hay que revisar el contrato. ¿Incluye cláusulas de datos? ¿Define qué información comparte la propiedad, con qué llave y dónde se cruza? Esa parte la controla la propiedad, pero solo la entrega si se negoció. Lo que no está en el contrato tiende a no existir en la operación.

Queda el tiempo. Un acuerdo de una o dos temporadas difícilmente llega al nivel avanzado, y evaluarlo como si ya estuviera ahí lo condena desde el diseño.

El journey lo operan juntas las áreas de marca, comercial y datos de la empresa patrocinadora, con su contraparte comercial y de marketing en la propiedad. Se define en la negociación, ANTES de firmar: ahí se decide qué etapa sehttps://www.pexels.com/es-es/foto/carreras-de-coches-de-formula-1-en-la-pista-de-interlagos-sao-paulo-34722742/compra, cómo se va a medir y con qué datos. Pasado ese punto, cambiar de etapa implica renegociar.

La pregunta “¿funcionó?” dice poco sin su complemento: en qué etapa estaba el patrocinio y qué se construyó para que pudiera avanzar a la siguiente. Si en la mesa de renovación nadie puede contestar eso, romper el acuerdo deja a la marca en el mismo punto de partida con otra propiedad, otro primer año por delante y la misma vara de medición.

Te invito a leer mis columnas anteriores aquí en Soy.Marketing y también puedes conocer más sobre estos temas en mi sitio web.

Víctor Alvarado

SVP de Score Media Hub

Interticket, Inc., casa de representación que comercializa la publicidad digital del futbol mexicano e hispano en Estados Unidos. Lleva más de 30 años en la mercadotecnia deportiva. Fue director de Mercadotecnia de la Federación Mexicana de Futbol y trabajó en OneFootball en Berlín, Alemania. Da clases en el Johan Cruyff Institute.

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