Pinocho sin mentiras.

Hablando de cinematografía, estamos en una época que será recordada por la constante repetición de modelos. Una era en que los estudios ‒en su gran mayoría‒ dejaron de experimentar para limitarse a copiar y a repetir las fórmulas exitosas de otras épocas.

En este oscuro mundo de secuelas, precuelas y reboots una de las empresas más cínicas es Walt Disney que, sin empacho alguno, repite casi cuadro por cuadro sus películas “clásicas” bajo el pretexto de hacerlas en “Live action”.

Ya pudimos ver esperpentos como el Rey León cuya versión original es magistral pero que la adaptación a la vida real es bastante fea, sosa y plana.

¿Quién se atrevió a pensar que un cerdo africano real podría parecer simpático cantando aquello de “Hakuna Matata”?

Los animales no tienen expresiones faciales. Ese es el encanto de los dibujos animados, darles emociones humanas a criaturas que carecen de ellas. Para ver animales realistas, mejor pongo el Animal Channel (¿todavía existe?).

La diferencia es brutal, tal como queda exhibida en este comparativo:

¡La suricata parece rata!

El caso es que ahora llega la versión en vida real de la película Pinocho, el que fue el segundo largometraje animado de los estudios; estrenado en 1940 y que podría considerarse una de las obras maestras de animación de Walt Disney.

Todavía recuerdo la secuencia cuando los personajes se comienzan a transformar en burritos. Para mi, que era un niño cuando la vi por primera vez, me pareció espantosa y terrible.

Pero, para agregarle un escalón más de controversia, como de costumbre tampoco pudieron quedar bien con los correctitos de las redes sociales. Luego de que fue publicado el teaser, comenzaran las álgidas discusiones donde muchos sacaron a relucir lo peor de si mismos. En este caso fue la personificación del Hada Azul por Cynthia Erivo, una actriz de origen africano.

Su simple presencia desató una gran controversia y dejó ver el gran pozo de odio e ignorancia que existe en el interior de muchos.

Estamos en épocas en que una decisión sobre el casting puede marcar en gran manera el resultado comercial de una película, pero también estamos en una época en que cada persona se erige a si misma como un inquisidor con la capacidad de condenar lo que este tipo de contenidos deben o no deben ser.

El pleito sobre la pigmentación de la piel de Erivo nos llevó a ver discusiones que variaron desde “el respeto al material original”, como si la primera película hubiera sido el origen y no un cuento escrito en el siglo XIX, hasta una serie de sesudos análisis sobre la carencia de variedad étnica en la Toscana.

¿En la Italia de la edad media no vivían personas de origen africano? ¡Tampoco existían muñecos de madera vivientes y tampoco grillos parlantes ascendidos a conciencias!

¡Es un cuento de hadas, por dios!

Dentro de toda la repetidera de Disney es de agradecer que por lo menos se atrevan a variar un poco a los personajes. Aunque esto sea hecho en búsqueda de la corrección política, es un punto a favor.

Claro, en defensa de la nueva película alguien podría argumentar que es muy válido hacer nuevas versiones de los clásicos; de hecho todo el material de Pinocho ya estaba visto y escuchado aún antes de la llegada de Disney. La historia de Pinocho es la repetición de cuentos separados que se transformaron en una novela que se transformó en varias películas. Hasta el insufrible de Roberto Benigni hizo su propia versión.

Lo que puedo aseverar en contra de esto es que sí, han existido repeticiones pero, ¿por qué no atreverse a experimentar con perspectivas nuevas?

Osamu Tezuka, con la creación de “Astro Boy” y Steven Spielberg, con la realización de “A.I. Artificial Intelligence” ‒entre muchos otros‒, se atrevieron a ir más allá con exactamente el mismo argumento y crearon versiones muy atractivas.

Es muy desafortunado que Hollywood le tenga un verdadero pánico a las nuevas propuestas debido a su modelo de negocio, por lo que éstas sólo las veremos llegar desde los canales independientes.

Estamos condenados a que el mejor halago para estas películas sea el de “¡está igualita a la original!” como lo puede demostrar la imagen de Tom Hanks, en el papel de Geppetto, con el que se ilustra este texto.

¡Vamos a copiar la Mona Lisa hasta el cansancio, tratando de que quede igualita a la original! (con todo y pastelazo).

Por cierto, y para promover un poco la controversia: cuando fue publicada la novela de Pinocho, justo después de la unificación italiana, aquellos preocupados por la salud del alma de sus rebaños la acusaron de ser propaganda disfrazada de cuento infantil. Para estas caritativas personas el cuento era un panfleto que promovía la masonería en un nuevo mundo que, poco a poco, era plagado por gobiernos laicos.

Al parecer, el esfuerzo para alcanzar un mayor conocimiento y así progresar ‒que es el mensaje final de la historia‒, no les agradó mucho.

En fin, uno hasta tendría que justificar a la empresa viendo a los puristas que, al parecer, prefieren una versión idéntica en todos los sentidos. Por cierto, llama la atención que esta nueva versión se estrenará directamente en la plataforma de streaming de Disney.

Al parecer los malos números de “Dumbo” y “Maléfica” (las recientes versiones en live action), han hecho que los altos ejecutivos no se atrevan a más. Víctimas de su propio juego.

Spoiler alert

Hay que decirlo, aunque Disney apenas relata unos tres episodios de la novela, esta es mucho más extensa y, por cierto, Pepe Grillo muere muy al principio de la narración, por causa del propio Pinocho quien le arroja un martillo.

La novela original, escrita por Carlo Collodi, está basada en diferentes historias de origen medieval.

Armando Reygadas Anfossi
Armando Reygadas Anfossi
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s. Hasta la fecha participo en programas de radio así como podcast, además de editar reseñando.com.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días jueves de cada dos semanas.

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