En la última década, las redes sociales han transformado radicalmente la comunicación de las marcas. Este entorno digital abrió la puerta a una interacción directa y un alcance masivo; sin embargo, esa misma dinámica ha dado lugar a un fenómeno cada vez más visible: la saturación publicitaria. Entre contenido patrocinado, colaboraciones con influencers y campañas virales, el usuario promedio se enfrenta a una avalancha constante de anuncios. ¿Estamos ante una evolución estratégica o forzando la atención del consumidor hasta el agotamiento?
Hace un año, en este mismo espacio, se publicó una columna que advertía sobre los efectos negativos del exceso de publicidad en las redes sociales. Hoy, retomo esa discusión para actualizarla con ejemplos recientes y reflexionar sobre cómo las marcas pueden evolucionar sin caer en la misma trampa.
De la saturación publicitaria a los virales de IA: el ruido que incomoda
De acuerdo con un estudio de Capterra México de 2024, el 87% de los usuarios mexicanos percibe estar expuesto a demasiados anuncios en redes sociales. Esta percepción genera rechazo, disminuye la efectividad de las campañas e incluso provoca que los consumidores bloqueen anuncios o dejen de seguir marcas.
Lo interesante es que este malestar no se limita a la publicidad tradicional. Un ejemplo reciente fue la fiebre del filtro de Studio Ghibli, que convirtió fotos de usuarios en escenas con estética del famoso estudio japonés. Como se analizó en esta columna de Soy.Marketing, el filtro generó entusiasmo por la nostalgia, pero también abrió un debate sobre la explotación de estilos artísticos y el riesgo de que marcas o influencers se suban al “tren del mame” sin medir consecuencias.

El caso de Ghibli se conecta con un dilema más amplio: la ética en el uso de la inteligencia artificial. En otro análisis publicado en Soy.Marketing, se señala que muchas empresas están incorporando imágenes generadas con IA sin considerar el respeto a los derechos de autor ni la compensación a los artistas. Esta falta de responsabilidad, aunque no siempre evidente para el consumidor, afecta la confianza en la publicidad y refuerza la sensación de saturación o manipulación en los entornos digitales.
En ambos casos —ya sea por la cantidad excesiva de anuncios o por el uso poco ético de tendencias virales— la publicidad corre el riesgo de dejar de ser persuasión para convertirse en un ruido de fondo que los usuarios buscan evitar.
Evolucionar sin abrumar
La publicidad en redes sociales no está muerta, pero sí en transformación profunda. Los consumidores ya no quieren sentirse objetivo, sino comunidad. Esto obliga a replantear estrategias de comunicación: no se trata de dejar de vender, sino de hacerlo desde empatía, creatividad con propósito y autenticidad.
Para lograrlo:
- apostar por la calidad sobre la cantidad,
- evitar subirse a cada tendencia,
- reconocer que a veces el silencio o la pausa creativa dicen más que un bombardeo vacío.
Además, es clave fortalecer la escucha activa: analizar comentarios, contextos culturales y feedback real, más allá de métricas superficiales. El engagement verdadero se mide en el valor que una marca aporta a la conversación.
Conclusión: menos interrupción, más conexión
El auge de la publicidad en redes sociales demuestra que tener alcance no es lo mismo que tener impacto. La saturación no es solo visual, también es emocional: los usuarios están cansados de sentir que todo es una trampa de venta.
Un año después de aquel artículo, el reto sigue vigente. La diferencia es que hoy tenemos más herramientas y aprendizajes para no repetir errores. La evolución de la publicidad en redes sociales debe centrarse en crear relaciones duraderas, significativas y humanas. En un entorno donde todo cambia a la velocidad del algoritmo, lo único que permanece es aquello que realmente conecta.
Por: Patricia Miroslava Baltazar Amaro – estudiante de 9° semestre en la carrera de Diseño y Producción Publicitaria / Estrategia y Creación Publicitaria de UPAEP – Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.








