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Televisión y Política: El poder como espectáculo

En la primera parte de Back to the future, el Doctor Emmett Brown de 1955 se mantiene escéptico ante la idea de que Ronald Reagan sea el presidente de los Estados Unidos en 1985. No es hasta que Marty McFly le muestra una cámara de video portátil, cuando el Doctor Brown concluye; “Ahora entiendo por qué un actor es el presidente del futuro”. El presidente de Estados Unidos tiene que verse bien frente a estas cosas siguiéndolo a cada minuto».

La política televisiva inició en Estados Unidos con la campaña presidencial de 1960. Se disputaban la estancia en la Casa Blanca el joven candidato demócrata, John F. Kennedy, y el experimentado Richard Nixon por el partido del elefante. Ésta sería la primera contienda electoral en que la televisión jugó un papel decisivo en la elección de un presidente.

A pesar de que Richard Nixon inició con una ventaja considerable ante la frivolidad, la inexperiencia y la juventud de Kennedy, después del primer debate televisado en la historia de la política, John F. Kennedy desplazó a Nixon en la preferencia electoral. El candidato demócrata logró dicha victoria gracias a su don telegénico.

Nixon, acostumbrado a las viejas campañas electorales había realizado giras por varios estados del país días antes del primer debate. La consecuencia fue que el candidato llegó cansado, con aspecto nervioso y con semblante enfermizo ante las cámaras de televisión.

De los ochenta millones de electores que presenciaron la discusión, los que lo hicieron por televisión llegaron a la conclusión de que el ganador había sido Kennedy; mientras que los que lo escucharon por la radio determinaron que el victorioso había sido Nixon. Kennedy, cada vez que salía a cuadro, lucía impecable en su vestir, siempre bien peinado, maquillado y hasta galante. Mientras, Nixon se negaba a maquillarse, sudaba; su aspecto era de un anciano (le llevaba sólo cuatro años a Kennedy). Al final, los votos cedieron a favor del candidato demócrata, esto gracias a que –según los expertos–Kennedy logró vender su imagen por televisión para aparentar ser un verdadero «candidato presidenciable».

En el caso mexicano, las campañas televisivas no llegarían como tal sino hasta el año 2000. Después de que el PRI se mantuviera en el poder de manera discrecional y autoritaria, llegaría un candidato ágil, ocurrente y hasta cómico que haría válida la idea de la «alternancia» en México. Pese a su inconmensurable ignorancia y a su look ranchero con botas de punta fina, cinturón con gran hebilla de plata y un léxico poco político, Vicente Fox Quesada logró ganarse a los medios de comunicación con una campaña política como nunca antes se había visto en nuestro país.

Gracias a la magnífica experiencia mercadológica de sus asesores de imagen y a la estrategia impecable de marketing político al más estilo de una campaña de Coca-Cola, Fox logró ganar aquella batalla electoral. Vicente Fox ha sido, hasta ahora, el mejor candidato que ha tenido México. Lo cierto es que ser candidato a la presidencia y ser presidente de la República son dos cosas muy distintas.

El actual presidente de México hizo realidad la idea del «presidente actor» como lo fue Ronald Reagan en Estados Unidos. No quiero decir que Peña Nieto sea un actor hollywoodense ni mucho menos, pero lo cierto es que, durante la campaña presidencial del 2012, el candidato del PRI –con una supuesta alianza con la televisora más importante del país– logró vender su imagen política como lo haría todo un rockstar.

Según un estudio de Fundar, el Estado de México gastó en publicidad 639 millones de pesos del 2005 al 2010. El presupuesto anual de dicho estado de la República era de alrededor de 150 mil millones de pesos. Por tanto, durante el mandato de Peña, el gasto en medios de comunicación aumentó en más de mil por cierto. Peña Nieto logró, gracias a la inversión en publicidad, algo que ningún otro candidato había logrado en México; a principios del 2010, según encuesta realizada por Parametría, nueve de cada diez mexicanos sabían quién era Enrique Peña Nieto.

En 1970, el investigador francés, Roland Cayrol, determinó en un estudio que la televisión era el medio de comunicación favorito de los votantes. Si bien es verdad que actualmente, en pleno siglo XXI, las nuevas tecnologías de comunicación están ganando poder dentro de la preferencia del electorado. La televisión sigue siendo un aparato al que la mayoría de las personas tiene acceso con facilidad. Quizá sea por esta razón por la cual la mayor parte de la clase política aún prefiere el lenguaje televisivo para mediatizar sus mensajes, ya que este medio de comunicación, desde su origen, ha sido destinado a masas descomunales.

En la actualidad, la mediatización audiovisual de la política no se ha quedado sólo con la TV como medio de difusión, también existe la preferencia por otras plataformas virtuales en las que se permite la expresión de discursos o incluso eventos en vivo, como lo son YouTube, Periscope, entre otros.

Pero la realidad es que el posicionamiento estratégico a nivel electoral sigue dependiendo mucho de los televidentes.

La gran mayoría de candidatos prefiere un spot publicitario transmitido en televisión que otros medios para llegar a los votantes.

Esto nos lleva a concluir: el Marketing Político hace del actuar político un espectáculo que vende bien frente al electorado. Una buena campaña política dependerá de la capacidad del candidato para desarrollarse frente a una cámara. Los políticos en la actualidad son como actores o en estrellas de rock; buscan el poder por medio del convencimiento a través de su imagen.

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Nació y vive en México. Analista de lo cotidiano y conversador incesante. Es estudiante de Administración Pública en la Universidad Anáhuac, pero también escritor a ratos. Quizá ninguna otra vocación le guste más. Es articulista en distintos medios. Sin embargo, también es amante de la Historia, de la Política y de la Literatura. Obtuvo el Premio Nacional de Expresión Oral y Escrita “Octavio Paz”.