El usuario acosado por la publicidad

Es muy común encontrarnos con diversos anuncios cuyo objetivo es simple y sencillamente hacernos conocer y consumir una marca, sin embargo, ¿qué ocurre cuando esa información se nos presenta “a la fuerza”? Es decir, cuando ya no hay otra opción más que ver el anuncio en cuestión. Así es como se nos presenta la publicidad hoy en día.

Claro que la repetición puede considerarse como una herramienta para hacer que el usuario recuerde la marca, pero puede suceder que la recuerde tanto de manera positiva, como negativa. Como señala Castelló (2011), la repetición constante del mismo mensaje afecta de forma negativa y compromete directamente la utilidad de las comunicaciones comerciales, es decir, la frecuencia con la que se publicitan ciertos anuncios hace que sean invasivos cuando el usuario se encuentra navegando en YouTube y, en consecuencia, dejan de llamar su atención después de varias veces mostrados.

Así, las repeticiones hacen que los anuncios sean recordados, sin embargo, estas repeticiones no se traducen a trascendencia. De igual forma, los anuncios invasivos han ido abarcando diversas plataformas de manera gradual, por ejemplo, los anuncios que aparecen en Facebook mientras navegamos por la plataforma, en donde vemos productos que podrían interesarnos para adquirirlos en otras páginas como Mercado Libre, Amazon, AliExpress, entre otras.

De igual manera, es posible toparse con otros anuncios en medio de la reproducción de un video, y si tratamos de evitar el anuncio, no hay de otra, hay que esperar determinado tiempo para reanudar el contenido ante la leyenda “su video comenzará en breve, pues es el tiempo destinado a anuncios”. Aunque expresemos nuestra molestia porque interrumpieron nuestra navegación, debemos esperar pues ese tiempo ya estaba predeterminado para ofrecernos algún producto o servicio.

En el pasado, la publicidad se nos presentaba en la pantalla de la TV, o cuando salíamos a la calle y veíamos algún espectacular. La publicidad que no era opcional eran esos folletos, revistas o catálogos que llegaban en el correo para conocer lo que las marcas ofrecían. Sin embargo, con el avance de la tecnología hay aún más oportunidades de “atacar” al usuario para que conozca y/o consuma la marca, así es, estoy hablando de las redes sociales.

Comenzando por YouTube que, desde el nacimiento de las plataformas de streaming, consideró el lanzamiento de una versión de paga que tiene como ventaja la ausencia de anuncios. Paradójicamente, este beneficio se da a conocer a través de un anuncio bumper que te invita a contratar su versión Premium, es decir, un breve anuncio que dura 6 segundos o menos y que los usuarios no pueden omitir (Teijeira, 2019).

Estos anuncios interrumpen de manera abrupta la navegación del usuario, y ni siquiera se puede garantizar que realmente el usuario preste atención a lo que se le presenta, pues quizá solo esté pendiente de la cuenta regresiva de la duración del anuncio, mientras aparece la leyenda “su video comenzará en breve”.

Parece que el usuario ya no tiene ninguna escapatoria dentro del mundo digital, pues por cada red social nueva, hay una nueva oportunidad para mostrar determinada marca. Un ejemplo claro es la plataforma Tiktok, que hasta hace poco no tenía anuncios que se colaban entre el contenido publicado. En contraste, ahora ya existen métodos de campaña y procesos a seguir para publicitarse ahí.

Por otro lado, la saturación publicitaria existente en la web también incluye a aquellos que pretenden pasar desapercibidos pero recordados, me refiero a los influencers que dentro de su contenido comienzan a presentar diversas marcas que según ellos recomiendan. Y claro, el usuario por pertenecer a la comunidad de dicho influencer, por moda o por confiar demasiado en el creador de contenido, comienza a consumir determinada marca y no solo eso, muchas veces también la recomienda y genera más saturación publicitaria que llamamos “de boca en boca”.

Finalmente, parece que en ningún lado estamos a salvo de que se nos quiera vender algo, siempre habrá quien nos quiera entregar un volante, un influencer que nos recomiende una marca, o el anuncio que no podamos omitir en determinadas plataformas, lo que contribuye al consumismo y a la búsqueda constante de inmediatez. En este contexto, los publicistas tienen la oportunidad para ser verdaderamente creativos y buscar mayores y mejores estrategias que no hagan que el usuario se sienta abrumado con la inmensa cantidad de información que se le presenta día con día.

Por: Jennifer Damarís Pedraza Espinosa – estudiante del 4° semestre en la Maestría en Dirección y Producción Publicitaria de UPAEP – Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

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