Uno de los problemas más comunes con los emprendedores es la desconfianza en que su servicio o producto va a ser exitoso. Quizá podríamos tomarlo como cautela, sin embargo, en el curso de las ventas de pronto todo rebasa las expectativas y se convierten en negocios que se vuelven prósperos y están a la vista de todos.
La existencia de los buitres
Esa cautela de inicio se convierte en caldo de cultivo para las personas que se califican de “vivas” pero en realidad son sólo seres deshonestos que se aprovechan de la desidia y de las circunstancias de una persona que está enfocada en esforzarse para que sus ventas salgan a flote y le permita mantener una marca con todo lo que ello implica. La permanente concentración en la operación no sólo distrae otros aspectos si no que los dejan en segundo plano.
Esa abstracción tiene como principal afectación la falta de atención en aspectos jurídicos en general. Desde la falta de contratos de calidad, hasta los posibles riesgos por incumplimiento de normas jurídicas, de ahí que sostenga la necesidad de contar con un abogado que, por lo menos, pueda asesorar antes de dar cualquier paso relevante.
Todo esto lo traigo a colación en lo que respecta a las marcas. Las y los especialistas que nos siguen en este espacio digital, saben que el tema marcario y hasta de patentes, tiene mucho que ver con la confianza en nuestro proyecto, de ahí que, normalmente, se opte por primero crecer y después registrar nuestra marca, patente o modelos de utilidad que vayamos elaborando. Lamentablemente eso es un riesgo si no se reacciona de inmediato.
Y a fin de aclarar voy a poner dos ejemplos reales en materia de marcas.
El ahorrativo
Una persona acude a asesorarse en materia de marcas con nosotros minimizando lo que puede pasar. Es decir, sabe que es importante registrar su marca, sin embargo, decide que tampoco es tan urgente y que no va a pasar nada. Digamos que es de esas personas que pasan por el mercado y preguntan en cuánto están los productos, les dicen el precio y aplican la clásica “ah, muy bien, ahorita me doy la vuelta para llevármelo”; el problema es que en materia jurídica lanzan la “consultita” para, posteriormente no contratar, pero saber el entorno jurídico.
El negocio en operación daba perfecto para registrar las marcas y patentes (3 de ellas derivado de los servicios que daban), sin embargo, la desidia, el “ahorro” y la falta de planeación se impusieron y decidieron registrar, en dado caso, unos meses después, a pesar de la asesoría que indicaba que, por el tipo de servicio, del cual hay mucha competencia en la región valía la pena registrar de una vez a 3 meses de operación.
Uno de los primeros aspectos que se realizan por expertos en la materia al registrar una marca es el de la auditoría, es decir, revisar en plataformas nacionales e internacionales, sobre la existencia de marcas que pudieran alegar una semejanza en grado de confusión y ello se convierta en impedimento para el registro. Desde luego, la búsqueda arrojó que no había coincidencia, lo cual se le avisó a la persona y hasta tranquilo se sintió por el hecho de no llevaba prisa.
En una de esas consultas reiterativas resultó que en una nueva búsqueda apareció alguien que registro dos de sus tres marcas de productos por lo que, en caso de concedérselas, sería riesgoso que este cliente las usara, pero, dadas las circunstancias, seguro lo hará sin importarle la asesoría jurídica.
El de buena fe
El otro caso es de una persona con una marca de ropa deportiva con antigüedad de 15 años que, recientemente, se dio cuenta que el logo que siempre usó fue registrado por otra persona tanto en España como en México hace un par de años. Lo único es que cambió el texto de la marca por uno ridículamente parecido (digamos que la marca era “letra c” y la registraron como “letra d”), propiciando que tenga que cambiar todo su branding (el cual ya era exitoso, reconocido y, desde hace unos meses en expansión hacia Centroamérica) porque corre el riesgo que le reclamen el uso.
Una vía pero casi imposible
Ojo, en ambos casos pueden entrar en un litigo por el llamado “primer uso”, sin embargo, en el mundo se dividen en dos los países: los que consideran como con más derecho a quienes usen primero la marca, aunque no la registren (desde luego probando con facturas, publicaciones, publicidad en general) y los que consideran en ese rubro a quienes lleven a cabo el registro primero. Y sí, México está entre el segundo grupo.
Desde luego que pueden entrar a un litigio con el argumento del uso, sin embargo, no hay abogado que garantice el éxito y, por el contrario, ponen sobre aviso a los titulares de la marca para que reclamen sus derechos en contra de estos dos clientes, máxime que, en el segundo de los casos, todo apunta a que un exsocio o un cliente o alguien cercano a la marca original, simple y sencillamente se aprovechó de que no la registraron para hacerlo.
Parece letanía, sin embargo, la necesidad de asesorarse jurídicamente e invertir en proteger su marca es fundamental como pacto de confianza y, sobre todo, como una previsión que debe tener alguien que pone todos sus ingresos en juego.