La comunicación digital es actualmente una de las principales fuentes de información, ya que una gran parte de la población se informa a través de internet y redes sociales. Según distintos estudios como el Digital News Report del Reuters Institute, en muchos países desarrollados entre un 40% y un 60% de las personas utilizan redes sociales como fuente habitual de noticias, especialmente entre los más jóvenes, donde este porcentaje es aún mayor y en muchos casos supera a la televisión tradicional.
Por eso es muy importante tener en cuenta qué estrategia y qué tipo de contenido vamos a producir para comunicar a nuestros seguidores (que en el caso de la política son votantes).
Para eso, lo primero es entender quiénes son nuestros votantes, qué tipo de público buscamos y qué mensaje queremos transmitir. Una vez que tenemos esta información, debemos plantear la estrategia en base al momento en el que nos encontramos, que podemos distinguir entre etapa no electoral y etapa electoral. Dentro de la etapa electoral, además, puede haber un periodo de campaña más o menos previo a las elecciones.
Otra cuestión fundamental es si formamos parte del gobierno o si estamos en la oposición, ya que esto condiciona completamente el tipo de comunicación.
Una vez tenemos esto claro, entran en juego las principales redes sociales, cada una con funciones y públicos diferentes dentro de la comunicación política.
Instagram es una de las plataformas más importantes en la actualidad, ya que tiene un uso transversal, aunque destaca especialmente en el segmento de 18 a 34 años. Es una red centrada en lo visual, lo que la hace muy útil para la comunicación política basada en la cercanía, la imagen del candidato y la transmisión de mensajes sencillos y directos.
Facebook, por su parte, está más orientada a un público adulto, principalmente a partir de los 35 años, y mantiene una mayor presencia en contextos locales y comunitarios. Aunque ha perdido alcance orgánico, sigue siendo relevante en política subnacional por su utilidad para informar sobre eventos, noticias locales y generar comunidad.
X (antes Twitter) es una red con menor volumen de usuarios en comparación con otras plataformas, pero con un alto nivel de influencia. Su audiencia está formada principalmente por periodistas, políticos, analistas y usuarios altamente politizados, lo que la convierte en un espacio clave para el debate público y la construcción de agenda política, más que para la comunicación masiva.
Finalmente, TikTok es actualmente la red con mayor crecimiento en consumo de contenido, especialmente entre jóvenes de 16 a 30 años. Su algoritmo permite un gran alcance orgánico incluso sin grandes recursos, lo que la convierte en una herramienta muy potente para la difusión de mensajes políticos y la creación de contenido viral, con capacidad de influir de forma indirecta en la percepción política de los usuarios.
Si se disponen de pocos recursos, Instagram suele ser la opción más adecuada. En cambio, si hay más recursos y un equipo de comunicación, lo ideal es estar presente en varias plataformas, ya que en comunicación digital la presencia multiplataforma aumenta el alcance y la capacidad de segmentación.
Después entra la estrategia como tal: es importante identificar siempre las tendencias del momento para poder participar en los debates relevantes y aumentar la visibilidad del mensaje político.
En resumen, para afrontar la comunicación en redes sociales cuando se empieza en política, especialmente a nivel subnacional (local o regional), es fundamental partir de un conocimiento claro del electorado al que nos dirigimos y del contexto político en el que nos encontramos. No es lo mismo estar en etapa electoral que en no electoral, ni ser gobierno que oposición, ya que cada situación exige una estrategia distinta.
En este nivel, donde los recursos suelen ser más limitados y la cercanía con el votante es clave, es importante priorizar redes como Instagram y, si es posible, TikTok, sin dejar de lado otras plataformas según la capacidad del equipo. La clave está en la constancia, la adaptación a las tendencias y la capacidad de generar contenido cercano, claro y fácil de consumir.
En definitiva, empezar en política subnacional en redes no se trata solo de estar presente, sino de saber escuchar, adaptar el mensaje y construir una identidad política coherente con el territorio y su gente.
