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Bestiario de whatsapp – criaturas que pululan el Whatsapp

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Luego de pensarlo mucho, y de luchar a brazo partido con los más curiosos ejemplares, he decidido crear un bestiario para así poder clasificar a todas las especies que pululan por los virtuales ecosistemas de las plataformas de mensajería instantánea.

Este es un pequeño esfuerzo dentro de un ecosistema sumamente amplio con gran variedad de componentes, por lo que no están todos representados. De la misma manera, cada espécimen está conformado por una mezcla de estas características. No hay ejemplares genéticamente puros y todos son producto de grandes mezclas causadas por la convivencia (incluso el que esto escribe).

Así que tómese con las reservas que amerite:

Relación de las criaturas que habitan en Whatsapp y sus costumbres

Los socialitos.- Les encanta levantarse temprano para ser los primeros en saludar al grupo, no pierden oportunidad de enviar cursis imágenes con frases motivacionales o pensamientos de supuesta sabiduría.

Son los primeros en felicitar y recordarle al grupo que es el cumpleaños/aniversario de algunos de los integrantes y, sin que uno se entere, toman nota de quien escribió, aunque sea una frase de felicitación, y quien no. De la misma manera, es el que más largos choros echa a la hora de felicitar a alguno de los integrantes.

Los dueños del Chat.- Se erigen en propietarios con la autoridad para decidir quien vive o quien muere. Quien puede gozar de las mieles de la membresía y quien será expurgado y remitido al infierno así como a la soledad de la calle, alejado de los brillantes chistes y memes.

Normalmente son criaturas que sufren una gran frustración cuando no se hace lo que dicen y, cuando entran en frenesí alimenticio, diezman los chats dejándolos con algunos pocos seguidores que, de forma normal, son fieles aduladores. 

Las tías católicas.- De ambos sexos. Abusan del emoji de “las manitas” 🙏y lo utilizan hasta para cuando uno declara que ya se le quitó el estreñimiento. Gustan de mandar frases atribuidas ―de manera falsa― a grandes filósofos y científicos que normalmente expresan de manera extasiada las bondades del “de arriba”.

Se encargan de recordarnos de que trató la misa del domingo, envían las oraciones diarias y se han autoerigido como las guías morales y éticos de cuanto grupo atienden.

Los expertos en todo.- No importa que se hable sobre las cuencas hídricas del Valles Marineris en Marte o de la tabla de puntuación de la liga de cricket de Sri-Lanka, siempre, siempre, repito, siempre, tendrá una opinión al respecto y tratará ―hasta con el asesinato, de ser necesario― de quedarse con la última palabra.

No le importa si llega tarde o a destiempo a una discusión, siempre querrá participar como la voz cantante y ser reconocidos como la máxima autoridad del tema. Suelen ser muy resentidos a la hora que no les hacen caso o cuando alguien se atreve a contradecirlos. Muchas veces su acción final es la de salirse del grupo, sin dar explicaciones, para abrir uno nuevo y más exclusivo.

Los chairos.- pueden ser chairos a secas, derechairos o se le puede agregar cualquier adjetivo antes de la palabra. Persona que no escucha ideas y que no le gusta el diálogo. No soporta el concepto de que alguien pueda disentir y pensar de manera distinta. Tiene la seguridad de tener siempre la razón y que los demás, o son muy lerdos, o muy ignorantes por discernir.

Les encantan los memes que apoyan su ideología ya que están convencidos de que pueden ser usados como argumento, pero odian los datos duros, las pruebas o los ejemplos prácticos.

El señor de los memes.- Lo que el nombre indica. Les encanta usar y abusar de emojis, memes, gifs, etiquetas y cuanta forma de comunicación gráfica aparezca disponible para su utilización.

Parecen tener una colección interminable y siempre encuentran uno para ilustrar el punto más oscuro o más extraño.

Whatsapp

Los pornógrafos.- No pierde oportunidad de compartir cuanta guarrada reciben en su grupo “mecánicos microbuseros de Iztapalapa” y se enorgullecen como si eso fuera un mérito digno de colocar en una semblanza o un currículo.

Normalmente se ofenden ―y mucho― cuando alguien les solicita que eviten excesos tales como enviar imágenes muy atascadas que retratan orgías de furros u otro tipo de alternativas sexuales. Existe un espécimen que es aún más denso y que se dedica a subir porno “made in home”.

Los documentalistas.- Todo, todo, absolutamente todo lo que hacen, lo que les pasa por la cabeza, a donde van, lo que comen, lo que beben, lo que excretan, absolutamente todo, lo suben y lo presumen como un logro, aunque no’más sea el haber desayunado una guajolota en el puesto de la esquina.

Sus mensajes son auténticos homenajes a narciso que llegan a niveles de onanismo.

Los interrumpidos.- Por alguna 

extraña razón

escriben

Canal de Soy.Marketing en WhatsApp

con pausas

en vez

de poner una frase completa

y luego darle enter,

va dando renglones cada que

se

les

da

la gana.

Los no-tengo-dedos.- A estos hay que tenerles lástima. Como la evolución los ha privado de dedos para escribir sobre la pantalla, deciden que todo se puede hacer a través de mensajes de voz.

Eternas disertaciones que, a pesar de aumentemos la velocidad de reproducción, se hacen más largas y densas que una conferencia matutina del presidente.

Los me-vale.- Los muy ruines, lo primero que hacen al instalar su Whatsapp en el teléfono es cambiar la visibilidad de las confirmaciones de lectura. Pretenden demostrarle al mundo que les tiene sin cuidado lo que se diga o lo que no se diga en la app y para ello se quitan de encima la preocupación de contestar.

Mientras ellos se ven a sí mismos como individualistas y libres de ataduras digitales, el resto de la humanidad los tacha de ególatras y les dedica los peores epítetos (sobre todo si es el jefe). Normalmente mueren en soledad.

Los alternativos.- Son los que, cuando les preguntas si tienen “whats”, se ofenden y responden que a ellos les gusta ser diferentes y que de ninguna manera van a entregar sus datos a Mark Zuckerberg aunque sus importantes conversaciones tan sólo sean para organizar la tanda de la oficina.

Por supuesto que prefieren las plataformas de mensajería creadas por israelitas, rusos o chinos, nacionalidades que han demostrado a lo largo de los años tener un gran respeto por los datos personales de sus ciudadanos. 

Los obsesivos.- Los que miran de manera continua la pantalla a la espera de la última actualización. Esta gente se queja de que “alguien” la despertó en la madrugada debido a que oyó el aviso de un nuevo mensaje, como si fuera obligatorio estar pendiente, y responder, cada uno de los desvaríos que alguien pudiese estar escribiendo en ese momento.

Por supuesto, son enemigos naturales de los me-vale.

Los invisibles.- La mayoría silenciosa que da un paso atrás y observa de manera calmada y madura los desvaríos de los que no podemos estar 15 minutos sin hacer el ridículo. Solo se manifiestan cuando las cosas se tornan muy densas y hay que poner en su lugar a la fauna nociva.

Y ya no me dio tiempo de hablar de los chats corporativos, de trabajo o de padres de familia, ecosistemas donde también es posible encontrar especímenes bastante curiosos o molestos.

Eso ya será para otro día.

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