Durante años, la medición en Relaciones Públicas estuvo dominada por indicadores fáciles de mostrar pero poco representativos: número de clips, impresiones potenciales o el tan recurrido AVE (Advertising Value Equivalent). Incluso hoy, muchas agencias y profesionales de PR continúan reportando de esta manera. Estas métricas —conocidas como vanity metrics— decoraban reportes con cifras enormes, pero rara vez respondían a la pregunta fundamental: ¿qué impacto real tuvo nuestra estrategia en la percepción de la marca y en los objetivos de negocio?
En 2025, esa narrativa ya no es suficiente. Los directores de marketing o de PR y los CEOs exigen algo más que grandes números: quieren entender cómo las acciones de PR contribuyen a construir reputación, confianza y, en última instancia, a influir en la decisión de compra. Esto ha llevado a una transformación en la forma de reportar resultados.
De la cobertura a la influencia real
Hoy, el valor de un plan de PR se mide menos en cantidad y más en calidad. Pasamos de “tantos artículos publicados” a preguntas mucho más complejas:
- ¿Qué porcentaje de la conversación en mi categoría está asociada a mi marca (share of voice)?
- ¿Cómo se percibe mi empresa frente a los competidores en términos de credibilidad, innovación o responsabilidad social?
- ¿Cuál es el sentimiento detrás de las menciones y cómo evoluciona con el tiempo?
- ¿Qué tanto logramos amplificar nuestra narrativa en canales propios, ganados y compartidos?
- ¿Cuándo se producen los picos de búsqueda en tendencias al lanzar un producto o anuncio?
Esta mirada cualitativa exige herramientas más sofisticadas —desde media intelligence y social listening hasta análisis semántico con IA— pero sobre todo, exige una mentalidad distinta de los equipos de PR: la de conectar cada indicador con objetivos concretos del negocio.
Reportar en 2025: de números vacíos a insights accionables
En este nuevo contexto, el reporte de PR ya no es un anexo que “rellena” la presentación de marketing, sino un insumo estratégico que guía decisiones. ¿Qué debe incluir un buen reporte en 2025?
- Contexto y share of voice: comparación de presencia mediática y social frente a competidores directos.
- Sentimiento y narrativa dominante: cómo se está hablando de la marca y qué tono prevalece.
- Relevancia en stakeholders clave: aparición en medios o voces que influyen en el público objetivo, no en cualquier espacio.
- Impacto en reputación corporativa: indicadores ligados a atributos de confianza, innovación, liderazgo o cercanía.
- Conexión con objetivos de negocio: vincular hallazgos con metas comerciales, de inversión o atracción de talento.
- Tráfico de leads derivados de PR: CTAs inteligentes en comunicados, mediciones con UTM.
En lugar de un PDF lleno de tablas interminables, el reporte debe convertirse en una herramienta visual y accionable: dashboards dinámicos, benchmarks competitivos y recomendaciones claras para el próximo trimestre.

El reto (y la oportunidad) para los PR managers
Medir más allá de las vanity metrics implica salir de la zona de confort y aprender a hablar el lenguaje del negocio. Requiere dominar metodologías de análisis, aprovechar datos en tiempo real y, sobre todo, traducirlos en insights estratégicos que tengan sentido para la dirección.
La batalla contra las vanity metrics no es un capricho de la industria: es una exigencia de credibilidad. En 2025, los PR managers que entiendan esta evolución no solo demostrarán el valor de su trabajo, sino que se convertirán en piezas clave para la estrategia global de sus marcas.
En un mundo saturado de información y ruido digital, la relevancia y el impacto genuino son la nueva moneda de las relaciones públicas. Las métricas modernas no solo evalúan lo que se dice de la marca, sino cómo se traduce en valor real. Este cambio de paradigma demuestra que una estrategia de PR bien concebida y medible no es un gasto, sino un motor de crecimiento y reputación sostenida.








