Cuidado con los invisibles

No cabe duda que el sistema estadounidense tiene los instrumentos necesarios para que se cumpla la ley y/o por lo menos las personas que ocupan cargos con cierto grado de autoridad pueden ser observados y juzgados si incumplen con la ley.

Así, recientemente el señor Trump se vio sorprendido por las declaraciones de una chica llamada Cassidy Hutchinson que abrieron una caja de pandora que nadie se imaginaba.

Esta mujer, muy joven, pertenecía al equipo cercano al expresidente y tuvo la oportunidad de presenciar conversaciones que el círculo de poder a su alrededor pensaba que no tendría filtraciones.

Cuando ella declaró ante el congreso, lo primero que Trump preguntó fue “¿quién es esa mujer?” cuando la tuvo en infinidad de reuniones a menos de dos metros.

Existen infinidad de situaciones que están llenas de personas invisibles, que podrían hacer uso en nuestra contra de la información que escuchan. Estas personas no están ahí de forma mal intencionada ni son invisibles por mediocres. Son personas que nosotros mismos invisibilizamos y que a veces ni cuenta nos damos de lo que hablamos enfrente de ellas.

¿Te has puesto a pensar qué tipo de confidencialidades has hablado sin recato alguno mientras te trasladas en un Uber o un taxi? ¿qué sabes qué es lo que el chofer sería capaz de compartir a terceros? ¿qué tal si en ese mismo día se sube a su auto tu competencia y él (o ella), al darse cuenta, ofrece la información que recién recibió VOLUNTARIAMENTE desde tu mismísima boca?

¿Cuántos casos se han dado de que un mesero o mesera de un restaurante frecuentado por políticos es “contratado” por opositores para hacerle de espía sin que el espiado tenga la menor idea?

Dos casos que me han compartido han sucedido en Starbucks, ese lugar inocente lleno de invisibles en el que platicamos sin empacho alguno.

El primero es de un grupo que estaba en tormenta de ideas para crear su dominio y el nombre de su sitio web. Después de haberlo definido y hasta corroborado en el IMPI para cuidarse no repetir un nombre ya registrado, llamaron a su abogado para que “oye, ca’ón: ya quedó el nombre, es XXX. Por favor encárgate de darlo de alta y registrarlo”.

Acto seguido, el de la mesa de al lado procedió a comprar ese dominio en cuestión, se levantó de su mesa, les compartió su tarjeta y se puso a sus órdenes.

El segundo caso del que he tenido referencia es el de un equipo de estrategas de altísimo prestigio que en Starbucks estaban haciendo antesala, poniéndose de acuerdo de cómo presentarle a su cliente el plan maestro para la estrategia del siguiente año. En la mesa de junto estaba su principal competidor, quien se adelantó a instrumentar y lanzar la campaña que escuchó ese día, con un éxito sobresaliente.

Personalmente me sucedió que me contrataron en un estado del centro de México, por lo que tenía que ir y venir constantemente. En uno de los viajes, el avión de regreso a CDMX venía atrasadísimo.

Muy sentadita en un rincón de la sala de espera, me tocó de compañero de banca un señor que se puso a vociferar instrucciones a sus empleados por teléfono. El hombre era el dueño de la empresa que llevaba la campaña del contrincante de mi cliente.

Posteriormente, le llamó a su cliente para explicarle las acciones que ya había echado a andar, sin bajar el volumen de su voz ni un solo decibel.

Después de que terminó con sus llamadas, le pregunté “¿llevas la campaña de X, cierto? / Sí, ¿por qué? / Pues porque yo estoy trabajando con el equipo de campaña de Z”.

El final de la historia fue hermoso. Después de descomponerse y sonrojarse, se levantó para dar unos pasos y regresar conmigo. Me levanté, resulté ser más alta que él, lo cual su lenguaje no-verbal me dijo que no le gustó nadita, y muy serio me dice “necesito que te vengas a trabajar conmigo”.

Él evidentemente molesto consigo mismo se percató que mi invisibilidad fue un error craso de su parte. Al final, nuestros asientos estaban muy retirados el uno del otro, y cada quien siguió en su trinchera.

Esto que parece ser de alta intrascendencia, nos puede costar muy pero muy caro si no ponemos verdadera atención a nuestro entorno. No podemos invisibilizar a las personas por el simple hecho de que nos resultan poco importantes.

Vete en los zapatos de Trump. Le va a salir muy costosa su soberbia.

Ven y cuéntame en Twitter LaBreton o aquí mismo, en los comentarios: ¿has sabido de algún caso similar?
#PutAttention.

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