Como una Oferta, una Promoción…
Una propaganda… Es poco probable que algún microempresario del transporte público de la CDMX vaya a leer esto. Sin embargo, como maestro, sería necesario precisare algunos aspectos teóricos. Puede ser una Oferta y una Promoción, ambos son recursos de la Mezcla Promocional, pero la Propaganda sale del esquema a menos que es esté hablando de un producto ideológico. No obstante, resulta confuso, hay aunque no lo crean, con los vendedores de libros que van ofreciendo ediciones económicas o piratas de El Capital o Mi Lucha, que bien podrían calificar como propaganda.
Todo sea con tal de hacer más llevadero, quizá feliz, ¿por qué no? el viacrucis diario del transporte urbano. Y ya hablando de la felicidad producida por un Bubu-Lubu bien frío en un vagón caluroso o una lectura gratificante como las citadas. ¿En qué momento Occidente se obsesionó con la felicidad a tal nivel de convertirla en un mandatorio sine qua non para considerar si la vida mortal tiene sentido o no? Se ha alcanzado tal nivel que se puede afirmar, sin el más mínimo dejo de duda que, si no se es feliz se ha fracasado como lombriz, como dice el dicho.
La Real Academia Española (RAE) define la felicidad “como un estado de grata satisfacción espiritual y física. Se asocia con la dicha, el bienestar, la fortuna, la alegría y la buena suerte. Es un estado interno de satisfacción plena, que a menudo se describe como el resultado de la armonía interna”. Plenitud y armonía son las claves de este complejo derrotero vital, actual e imprescindible para decidir si la existencia tiene sentido o carece por completo de él.
La contraparte de la buscada felicidad perpetua, porque no se trata de ser feliz momentánea o temporalmente, sino hay que serlo siempre y la mayor cantidad de tiempo posible o verle siempre el lado positivo de las peores crisis. Esto es, convertir todo “mal” en bien a como dé lugar y sin pretexto. El problema son los perniciosos sentimientos, emociones o instintos “negativos” que deben ser evitados como la roña.
Para el mundo occidental y por hoy, sentirse mal, triste, deprimido o fracasado deben ser evitados a como dé lugar. Está mal estar mal y hay que evitarlo a toda costa. Los diagnósticos vox populi van de cuestionar la salud mental del sujeto, a la férrea crítica por la carencia de un “echeganismo” básico elemental. De tal manera que ser feliz o no es visto como una decisión personal. dependiente de algo tan impreciso como la fuerza de voluntad.
La filósofa y escritora Mariana Alessandri, profesora en la Universidad de Texas, abordó críticamente el furor del paradigma de la felicidad tóxica o “positividad tóxica”, como el motor para la conducción del comportamiento humano. La académica y autora, argumenta que existe una presión social excesiva para ser feliz y mantener una actitud positiva a ultranza en todo momento. Lo cual – a fin de cuentas- niega en esencia el hecho de lo perjudicial que resulta invalidar emociones humanas auténticas, como la tristeza, el miedo o el dolor.
Antes de que Alessandri lo utilizara, el término “positividad tóxica” fue acuñado y traído a la discusión por la psicóloga Jamie Zuckerman, te rapeuta y consultora experta en comportamientos narcisistas, depresión y ansiedad. Sin embargo, Mariana es reconocida por su perspectiva filosófica sobre cómo la presión social afecta a las personas, especialmente cuando atraviesan dificultades y se vuelve imperiosa la necesidad de “decretar” el bien y la felicidad, suprimiendo lo que en realidad están sintiendo.
Hablar del verbo transitivo “decretar” en infinito, que significa decidir, ordenar o promulgar una autoridad competente (juez, gobierno) una norma, resolución o mandato formal. Implica una acción firme para establecer un cambio. Lo cual lleva a uno de los “monumentos” de la literatura de autoayuda más célebres. Aunque no la podemos culpar de todo, porque desde hace muchos años existen pregoneros del éxito, Rhonda Byrne, escritora, guionista y productora televisiva australiana, es la autora de El Secreto. Piedra teológica fundamental de la “filosofía” científicamente probada por nadie de la “Ley de la Atracción”.
El Secreto sostiene que los pensamientos humanos individuales pueden influir directamente en la realidad que se vive. Más de 35 millones de copias vendidas y traducida a más de 50 idiomas. Alcanzó un enorme mercado de almas desesperadas ávidas de creer en cualquier cosa que les saque de su “miseria emocional”. Si es que así consideran el paquete de emociones naturales y necesarias, pero que la sociedad actual ve como negativas.
¿Será que, en el fondo, seguimos entregados al consumo de felicidades fáciles, inmediatas, automáticas y tranquilizadoras y tan realistas como el hallazgo de príncipes azules apuestos, ricos y encantadores? Los felices para siempre sigue siendo un motor fantástico para la decisión compra, ¿probando que -en realidad- hemos evolucionado más bien poco y los instintos básicos, como el miedo, siguen dominando nuestra existencia y el reptil que aún habita en nosotros sigue control en mano?