Cada 8 de marzo la conversación pública se llena de discursos sobre inspiración, resiliencia y liderazgo femenino. Sin embargo, en el ámbito tecnológico hay una pregunta que rara vez se formula con la misma fuerza: ¿quién está tomando las decisiones críticas sobre arquitectura digital, inversión en inteligencia artificial y gestión de riesgos tecnológicos?
Para Elisa García, Barragán, CEO de Grupo Netsoft, los datos muestran que la brecha no es anecdótica: un reporte del Foro Económico Mundial indica que a nivel global aún persiste una brecha de género en materia de participación económica y oportunidades de liderazgo de más de un 30%.
Cuando se desciende al terreno tecnológico, la conversación se vuelve aún más específica. El estudio Women in Tech Leadership Survey, basado en más de 4,200 mujeres en tecnología, revela que 72% reporta haber experimentado sesgos que afectaron su acceso a roles de liderazgo, mientras que 56% señala haber enfrentado discriminación que impactó su progresión profesional.
Pero la discusión no se detiene ahí. Según un reporte de McKinsey, las mujeres ocupan aproximadamente 29% de los puestos de alta dirección a nivel global, una proporción que sigue siendo minoritaria en los espacios donde se autorizan inversiones, se definen arquitecturas tecnológicas y se asume la responsabilidad final sobre proyectos estratégicos.
García Barragán señala que en tecnología, liderar no significa solamente estar presente en un equipo. Significa tomar decisiones orientadas a que la implementación de soluciones, los montos que se invertirán en ello y los escenarios que enfrentan las compañías al hacerlo, estén genuinamente dirigidos a resultados y beneficios que impacten al negocio.
“No se trata de un reto “simbólico”; hoy las decisiones basadas en tecnología son estructurales, y las mujeres que estamos al mando de estrategias basadas en digitalización y cambios basados en el uso de más tecnología corporativa, debemos asumir la responsabilidad de tomar decisiones de verdadero impacto. Hablar de liderazgo femenino sin hablar de poder de decisión es quedarse en la superficie”, indica.
Esa distinción es crucial. En proyectos tecnológicos críticos —como la implementación de un ERP o la integración de inteligencia artificial en procesos financieros y operativos— las decisiones no son neutras. Implican evaluar riesgo, proyectar escenarios, asignar recursos y asumir consecuencias.
Y en ese contexto, la mujer líder enfrenta una doble exigencia: demostrar competencia técnica en entornos altamente especializados y, al mismo tiempo, ejercer autoridad ejecutiva en espacios donde históricamente ha estado subrepresentado.
La irrupción de la inteligencia artificial ha añadido una capa adicional de complejidad. Hoy, decidir sobre tecnología no es solo seleccionar una herramienta, sino definir cómo la organización integrará automatización, analítica avanzada y gobierno de datos en su arquitectura central. Estas decisiones no se limitan al departamento de TI; impactan finanzas, operaciones, cadena de suministro y estrategia corporativa.
Para Elisa García, por consecuencia, el reto no es inspirar discursos cada 8 de marzo, sino participar y liderar las conversaciones donde se define el futuro tecnológico de la empresa.
Porque si la brecha no solo es de acceso, sino de quién decide y bajo qué criterios, la discusión sobre liderazgo femenino en tecnología debe evolucionar. No basta con medir cuántas mujeres ingresan al sector; es necesario observar cuántas están sentadas en la mesa donde se definen inversiones estratégicas y se asume responsabilidad por resultados.
En un entorno empresarial donde la transformación digital ya no es opcional, sino estructural, el liderazgo tecnológico de la mujer exige algo más que representación: exige capacidad de decisión, visión estratégica y responsabilidad ejecutiva.








