Revista de Marketing y Negocios

El legado invisible: 2026 y la reingeniería del Fútbol Mexicano

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La narrativa común alrededor de la Copa del Mundo 2026 suele agotarse en las cifras de derrama económica, la ocupación hotelera o la remodelación estética de los estadios. Sin embargo, para quienes hemos operado en las entrañas de la industria deportiva, el verdadero valor de ser anfitriones no reside en los noventa minutos de juego ni en el brillo efímero de la inauguración. El valor real, el que trasciende décadas, es lo que yo llamo el “Legado Invisible”: la transferencia masiva de conocimiento técnico y la actualización forzosa del sistema operativo con el que funciona el fútbol en México.

En 2026, México no solo será una sede; será el receptor de una intervención estructural. La FIFA no entrega sugerencias ni permite a los Comités Organizadores Locales realizar tareas de creación; la FIFA entrega manuales de operación que son, en esencia, tratados de ingeniería de negocios y logística de alta precisión. Lo tengo muy claro: la ganancia más significativa para nuestro fútbol será la adopción de estos estándares de rigor absoluto que obligarán a toda la cadena de valor (desde directivos hasta proveedores de servicios) a operar bajo una lógica de primer mundo que hoy puede resultar esquiva en la gestión del día a día. No por falta de capacidad o conocimiento, sino porque no se ha trasladado a esa operación diaria porque “te come”.

Esta perspectiva no nace de la teoría, sino de la experiencia directa. Durante mi etapa en la Federación Mexicana de Fútbol, viví de cerca la organización del Mundial Sub-17 en 2011. Aquel torneo fue mucho más que un éxito deportivo en la cancha; fue el laboratorio real donde se gestaron las bases de los  protocolos operativos que se implementaron en lo que hoy conocemos como la LigaMX. En aquel entonces, aprendimos por primera vez lo que significaba gestionar un estadio bajo normativas internacionales de seguridad, hospitalidad y flujo de audiencias. Aprendimos que un estadio no es solo una grada de concreto para ver un juego, sino un activo de hospitalidad complejo que debe ser rentable y seguro en cada centímetro cuadrado, también vimos de primera mano lo que es proteger los derechos de los patrocinadores y su exclusividad, ya no les digo del manejo de derechos. Aquella semilla de profesionalización de 2011 es la que ahora, ante la magnitud de una Copa del Mundo mayor, debemos escalar a una dimensión absoluta y permanente.

La rigidez de los manuales de la FIFA es, paradójicamente, el mayor regalo para la industria mexicana. Históricamente, nuestra gestión deportiva ha pecado de una flexibilidad que algunas veces raya en la improvisación. La exigencia de FIFA en el manejo de derechos de transmisión, la segmentación milimétrica de paquetes comerciales y, sobre todo, el rigor inflexible en la protección de derechos y de patrocinadores (rights protection), obligarán a los clubes y a los dueños de propiedades deportivas a mejorar sus estructuras o al menos a tomar “ideas”. Habrá menos espacio para el “ahí se va”. En el fútbol europeo, y particularmente desde mi base profesional en Berlín, observo a diario que esta disciplina no es una opción burocrática, sino la base mínima de la rentabilidad y la sostenibilidad del negocio. Y más cuando hablamos de alemanes y su fútbol con el eslogan: “El Fútbol como debe ser”. Muy Kantiano el asunto.

Para entender la magnitud de esta oportunidad, debemos mirar precedentes globales de éxito. Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 marcaron un antes y un después en la concepción del legado a través del programa “Learning Legacy”. Por primera vez, un comité organizador sistematizó el conocimiento técnico acumulado (desde la gestión de residuos hasta la ingeniería de telecomunicaciones en estadios) para que el capital humano local fuera capaz de replicar esa excelencia en cualquier proyecto futuro del país. México tiene ante sí esa misma puerta abierta: la posibilidad de convertir a una generación de ejecutivos y especialistas en marketing en expertos globales capaces de exportar su conocimiento.

Espero que uno de los pilares donde veamos un avance sin precedentes es en la sofisticación de la experiencia del fan. El concepto de Fan Experience en México ha sido, durante mucho tiempo, un subproducto del resultado deportivo; si el equipo gana, el fan está feliz y va al estadio, si el equipo no anda bien, la asistencia baja. El modelo FIFA nos enseña a diseñar el flujo de interacciones del usuario desde que sale de su casa hasta que regresa a ella. Ganaremos en la gestión de crisis, en la logística de “última milla” y en la transformación de los estadios en centros de entretenimiento inteligentes donde la data se convierte en servicio.

Sin embargo, el riesgo estratégico es el de siempre: que los manuales de operación se queden archivados y acumulando polvo una vez que se apague la última luz del Estadio Banorte. La tecnología y los procesos estarán ahí, pero lo que definirá el éxito a largo plazo es el criterio estratégico para integrarlos permanentemente en al menos, los estadios sede (y los clubes relacionados a ellos) y de ahí, permear a otras Instituciones. No podemos permitir que 2026 sea solo una fiesta; debe ser la auditoría externa que nos ayude a plantearnos preguntas incómodas como si estamos administrando la inercia y la Copa del Mundo nos empuje a mejorar el diseño de una industria basada en estándares globales de eficiencia, pero sobre todo, de actualidad y vanguardia.

año en que el fútbol mexicano dio un salto para graduarse como una industria de clase mundial

La infraestructura se puede deteriorar, pero el conocimiento es un activo que no se deprecia. Si logramos capturar el rigor de FIFA y lo inyectamos en el ADN de nuestros clubes y ligas, el 2026 no solo será recordado por los goles, sino como un año en que el fútbol mexicano dio un salto para graduarse como una industria de clase mundial.

¿Estamos realmente listos para absorber el mayor conocimiento posible que genera la excelencia?

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Víctor Alvarado

CEO-Founder Spiel Consulting / Sales Partnerships OneFootball

Profesional de marketing e inteligencia de negocios con más de 25 años de experiencia en las industrias de entretenimiento,deportes y tecnologías de información. Especialista en marketing (publicidad, performance, branding), negocios de entretenimiento, marketing deportivo, medios sociales, contenido y patrocinios y business intelligence.

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