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Identidad arquitectónica: el activo inmobiliario que marca la diferencia

Patios que regulan la temperatura, celosías que administran la luz, jardines integrados a la vivienda y materiales como piedra, barro y madera forman parte de la arquitectura mexicana. Son soluciones nacidas del clima, el paisaje, los recursos disponibles y la manera en que se habitan los espacios.

Su valor también alcanza al negocio inmobiliario. Cuando fachadas, amenidades e interiores comienzan a parecerse, una arquitectura vinculada con su lugar puede darle al proyecto una posición propia y reducir su dependencia del precio como argumento de venta.

“México ofrece algo que ningún otro mercado puede replicar por completo, una manera propia de relacionar la arquitectura con la luz, el clima, los materiales, el paisaje y la vida cotidiana. Cuando un proyecto interpreta ese contexto con sensibilidad, deja de ser intercambiable y construye una identidad capaz de fortalecer su posición comercial”, explica Galia Katz, cofundadora de Domo Housing

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Diseñar desde México tampoco consiste en reproducir estilos históricos o incorporar artesanías como decoración. Requiere traducir el contexto en decisiones concretas: orientación, ventilación e iluminación natural; selección de materiales; colaboración con talento local; conservación de inmuebles históricos y distribuciones acordes con las necesidades actuales.

Para Domo Housing, firma inmobiliaria boutique especializada en propiedades diferenciadas, seguir fórmulas arquitectónicas conocidas puede parecer una apuesta segura, pero también produce inmuebles intercambiables. Sin una propuesta distintiva, la ubicación, la promoción y el descuento adquieren mayor peso para conseguir atención.

“La arquitectura genérica también tiene un costo. Si un inmueble no parte de una propuesta clara, tendrá menos argumentos para defender su posición frente a propiedades comparables. El diseño deja de ser una partida decorativa cuando influye en la funcionalidad, el posicionamiento y la percepción de exclusividad de un inmueble. La pregunta no debería limitarse a cuánto cuesta diseñar mejor, sino cuánto cuesta salir al mercado con un producto que se parece a todos”, señala Gabriela Fajer, cofundadora de Domo Housing.

Este enfoque también modifica los códigos del lujo inmobiliario. Una restauración respetuosa, una solución arquitectónica de autor, una técnica regional o una relación singular con el entorno pueden generar exclusividad porque son atributos escasos y ligados a un sitio específico.

La dimensión económica del diseño ya aparece en las cifras nacionales. De acuerdo con el INEGI, la cultura aportó 865 mil 682 millones de pesos a la economía mexicana en 2024, equivalentes al 2.8% del PIB. El diseño y los servicios creativos representaron 14.5% de ese valor y registraron un crecimiento real anual de 7.7%.

La identidad arquitectónica adquiere valor cuando articula distribución, interiorismo, paisajismo, materiales y operación. Su efecto puede analizarse mediante indicadores inmobiliarios como velocidad de absorción, capacidad para sostener el precio, desempeño en renta, costos operativos y vigencia frente a propiedades comparables.

 identidad arquitectónica

“La identidad mexicana debe incorporarse desde las primeras decisiones del proyecto. Para desarrolladores e inversionistas, la pregunta relevante es qué valor puede generar una propiedad contemporánea que solamente podría existir en México”, agrega Katz.

Ubicación, superficie y precio por metro cuadrado seguirán siendo indispensables para evaluar una propiedad, el siguiente paso será cuantificar algo menos evidente, pero cada vez más estratégico: el valor económico de tener una identidad propia.

Equipo editorial de la Revista Soy.Marketing

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