kichink

Pues vaya la sorpresa que me llevé el otro día explorando las opciones que tenemos para subir nuestras propuestas a plataformas de market-place.

La evolución tecnológica nos ha llevado a poder ser emprendedores desde casa y ofrecer nuestros productos online. Y ahora con este tema del confinamiento, como consumidores nada resulta más atractivo que poder ordenar desde casa y no exponernos.

Lo interesante es que (en teoría) no necesitas armar tu propia tienda en línea ni tener que hacer pruebas con grandes inversiones de recursos (léase tiempo, dinero, plataforma, mantenimiento, etc).

De repente llegan compañías tan enormes como Mercado Libre que te abren un espacio por una módica cuota, pero también se nos presentan otras opciones en el rubro de market-place que te permiten hacer ese acercamiento de tus productos al consumidor de una forma mucho más accesible y, en teoría, más adecuadas a tu situación de start-up o de pyme/minipyme.

Y todo podría ir muy bien hasta que una de ellas empieza a hacer trácalas. Un grupo de empresarios también incursionó en el mundo de los negocios y como pyme ofrece a las pymes un escaparate virtual para exhibir y ofrecer tus productos y servicios.

Y resulta que surge Kichink (que adopta como marca un término similar al “k’ching” que en inglés se usa como onomatopéyico para el ingreso de dinero en la caja registradora) en México, la cual se ha ganado la confianza del consumidor y los proveedores/vendedores han utilizado, surtiéndoles su mercancía para que ellos la distribuyeran, y rembolsar a los x días.

Pero no ha sido así. Aunque la mayoría de los compradores ha recibido lo que pidieron en buenas condiciones (no siempre y a veces con problemas no atribuibles a Kichink), resulta ser que tienen infinidad de retrasos y reclamos por parte de los proveedores/vendedores porque no han recibido su pago en meses, y algunos en años.

Las denuncias no se pueden oficializar porque no hay legislación en México que cubra este tipo de transas, y solamente aquellos que han tenido la fuerza de viralizar su situación en las redes han podido obtener cierta respuesta.

La respuesta de la cuestionable empresa es nula y, a pesar de las deficiencias y los engaños de decenas de miles de pesos (hasta donde se sabe), siguen operando tranquilamente.

Yo pensaba que eran de los de fiar. Ahora que indago me doy cuenta que estaba en un profundo error que @isopixel me corrobora. Son un vil fraude.

Aquí hay varias moralejas: 1. No hay que confiar en terceros si no hay una ley que te respalde;  2. Antes de aventurarse hay que hacer infinidad de pruebas que no impliquen grandes pérdidas a largo plazo; 3. No casarte con uno solo sino distribuir entre varias opciones; y 4. Urge legislar.

Si has tenido alguna experiencia, buena o mala, en market-place, ¿me la compartirías por Twitter @LaBreton?

Y ya saben amiguitos. Cuídense. Guárdense. No es encierro, es mantenerse a salvo.
#NoMeFallen

Liliana Bretón
Publicista e investigadora; maestra y estudiante; UPAEP y AsMedia; amante del cine, los libros y el buen sentido del humor; no cambio por nada una tarde de vino con una buena plática. Beatlefan y chocohólica.