Por décadas, la industria ha encasillado a la inclusión en el cajón de la Responsabilidad Social Empresarial. Hemos tratado la accesibilidad como un gesto de bondad, una concesión de la marca hacia la minoría. Pero en 2026, con el mercado más fragmentado y competitivo de la historia, esa visión no es solo condescendiente, es irresponsable.
Desde nuestra cancha, como líderes de comunicación, debemos dejar de hablar de “ayudar” y empezar a hablar de “atender”. Si una marca no es accesible para personas ciegas, sordas, neurodivergentes… le estás poniendo un freno de mano al 16% de la población mundial.
Una persona a la que el sistema le impide consumir es un “Fan Invisible”. En el marketing deportivo y de eventos masivos, esto roza lo crítico. En 2026, en vísperas de la Copa Mundial de Futbol, para millones de personas la experiencia de seguir un partido, comprar una entrada o interactuar con una marca en el estadio seguirá siendo una carrera de obstáculos.
Cuando una marca aprueba millones para una campaña de awareness pero ignora que su experiencia de marca no es compatible, está saboteando su retorno de inversión y más importante aún su reputación. En el ámbito de la comunicación no podemos limitarnos a construir reputación simbólica, nuestra función es garantizar que las narrativas de nuestros clientes coincidan y sean consistentes en todos los canales y con todas sus audiencias.
El mercado ya está premiando a quienes integran la accesibilidad como una característica de producto y no como un parche que le corresponde atender a la comunicación. Las tecnologías de asistencia han pasado de nichos médicos a estándares de consumo masivo. Cuando una tecnológica integra subtítulos en tiempo real o interfaces hápticas, no busca un premio a la filantropía busca diseñar para el extremo —el usuario ciego o con sensibilidad sensorial—, y con ello crear una experiencia superior para el 100% de sus consumidores. El impacto en el valor de marca es inmediato: el consumidor elige el producto o servicio que no le genera ansiedad, el que le habla en su lenguaje y lo reconoce.
El éxito aquí no se mide en menciones en prensa, sino en verdaderos resultados de negocio.
Estamos a las puertas de La Copa del Mundo 2026, el gran evento donde el éxito no se medirá por cuántos ojos vieron un logo, sino por cuántas personas pudieron participar de la experiencia sin barreras.
Para las marcas, el inclusion washing ya no pasa el filtro de la conversación social. Si el mensaje habla de unidad, pero tus acciones son inútiles para un fan con discapacidad -cualquiera que esta sea-, tienes una crisis de confianza en puerta. En esta escala de visibilidad, la exclusión es una falla de producto que la comunicación y “el PR” no pueden ocultar con narrativas emotivas.
La reputación en 2026 se construirá sobre esta base. Las marcas que ganen durante uno de los máximos eventos deportivos serán aquellas que entiendan que el acceso no es un favor, es un derecho del consumidor. Y castigará a quienes no sepan ver que el Fan Invisible tiene el mismo poder de compra que cualquier otro, pero mucha más memoria sobre quién lo dejó entrar a la fiesta.
1.- 10 datos sobre la discapacidad. https://www.who.int/es/news-room/facts-in-pictures/detail/disabilities








