Un día de julio apareció en pantallas gigantes: “Sydney Sweeney has great jeans”. El juego de palabras (“jeans/genes”) era obvio, casi travieso. American Eagle apostó a que medio mundo voltearía a ver… y el otro medio voltearía la mesa. Acertó en ambos. La actriz sonríe, el denim luce impecable y la frase remata con otro copy: “my body’s composition is determined by my genes”. La mecha quedó encendida.
El incendio en redes… y la fila en caja (o no)
La discusión estalló por supuestas insinuaciones eugenésicas. Hubo llamados al boicot, críticas, memes, debates políticos. La polémica rebasó marketing y se volvió tema cultural. Resultado inmediato en tiendas físicas: la semana del 3 de agosto las visitas cayeron 9% interanual, segunda semana al hilo de descenso tras el lanzamiento del 23 de julio. Golpe directo al piso de ventas.
¿Y el canal digital? El tráfico al sitio en EE. UU. subió más de 60% el 28 de julio vs. el mismo día del año anterior. Ojo: tráfico no es lo mismo que conversión. Los primeros cortes de datos de Consumer Edge señalaban ruido masivo, ventas estables: mucha curiosidad, poco carrito cerrado al inicio.
Del ruido al negocio: lo que sí movió la aguja
Mientras Twitter se incendiaba, en la cocina del negocio pasaban dos cosas:
- El propio American Eagle declaró la campaña un éxito de marca y, ya con números del trimestre cerrado al 2 de agosto, sorprendió al mercado: ingresos mejores a lo esperado y guía al alza para el otoño, atribuyendo el impulso —en parte— a Sweeney (y a Travis Kelce, lanzado en agosto). La acción brincó ~25% en after-hours. No es poesía: es flujo descontado al presente.
- Adquisición de clientes: el CMO reportó 700,000 nuevos clientes combinando las campañas de Sweeney y Kelce, con 40 mil millones de impresiones. Es decir, el awareness se tradujo en “primeras compras” medibles —la gasolina del LTV.
Bonus para el relato: el FT apuntó que la línea de jeans de Sweeney se agotó en una semana. Efecto vitrina + notoriedad + producto correcto: la fórmula clásica cuando el escándalo te da alcance “gratis”.
Entonces… ¿la campaña fue exitosa o no?
Respuesta honesta y sin anestesia: en el corto plazo, fue mixta; en el tablero completo, se inclinó a “sí”.
- Negativo táctico: caída puntual de tráfico en tiendas físicas tras el estallido de la polémica.
- Positivo estratégico: pico de atención online, fuerte adquisición de clientes y mejora de expectativas (la empresa elevó guía y el mercado la premió). Además, evidencia de sellouts y reafirmación de posicionamiento (“somos lamarca de jeans americana”).
¿Fue redituable? Los estados financieros del trimestre incluyen apenas días de la campaña y AE Brand aún marcó -3% en comparables, pero la empresa dijo ver tráfico positivo en agosto y proyectó comps en alza para el siguiente trimestre. Con 700k nuevos clientes en la puerta, el retorno real depende del LTV más que del “día 1” de conversión. Si esos nuevos entran a ciclo de recurrencia, sí, es redituable; el mercado —que vota con dinero— ya se adelantó a decir “sí”.
Doble moral, doble estándar
Aquí está el espejo incómodo: la gente dice una cosa y compra otra. El teclado se indigna; la billetera evalúa. El timeline castiga el copy; el mercado recompensa la notoriedad cuando conecta con un target dispuesto a convertir. En términos de psicología del consumo, no hay contradicción: hay disonancia pública y preferencia privada. Las marcas que entienden esa brecha navegan mejor la tormenta.
Lo que nos deja esta campaña (dos lecciones, en grande y en neón)
- Conoce brutalmente bien a tu target. Si a “todo el mundo” le parece mal menos a ellos, la campaña puede funcionar igual. El “mundo” no paga tu P&L; tu segmento sí. American Eagle no intentó caerle bien a todos: reforzó su rol en denim y captó nuevos compradores afines.
- La gente se expresa, pero no siempre es congruente con sus actos. El down de visitas en tienda convivió con picos digitales y sellouts, y con mejores expectativas de negocio. En marketing real, las métricas conviven en tensión: sentimiento vs. comportamiento, ruido vs. revenue. Lee ambas, pero decide con la segunda.
Cierre:
Si buscas campañas que jamás ofendan a nadie, busca también resultados tibios. La línea fina no es evitar controversias, es evitar incongruencias con tu marca y tu audiencia. American Eagle tiró a gol, aguantó el vendaval y, datos en mano, terminó sumando. En el marketing —como en la vida— la moral es muchas veces un discurso; el negocio, en cambio, siempre es un comportamiento.








