Los antivacunas y su inmensurable estulticia

Las películas de desastre siempre comienzan con in científico siendo ignorado.

Esta es una de las grandes premisas de Hollywood y, aparentemente, una receta muy efectiva para crear un blockbuster veraniego. Todo eso que los científicos pesimistas habían augurado, termina cumpliéndose: las ciudades explotan y sólo un recurso de último momento, aplicado por alguien que sí hizo caso, salvará al mundo al final del día.

Lo que representa la ciencia para la persona común y corriente hoy en día es una auténtica paradoja; por un lado, confía ciegamente en ésta para situaciones que han pasado a ser lo más normal en nuestra vida como subirse a un auto o hacer una llamada telefónica, pero por el otro, recelan de malos manejos imaginarios y de conspiraciones.

Por supuesto que hay niveles; mientras hay quien “duda” de los beneficios de la investigación científica, hay quienes se transforman en verdaderos paranoicos capaces de embarcarse en las cruzadas más idiotas y delirantes.

Una fauna que se deleita presentando su propia estupidez a los demás, como si ésta fuera motivo de orgullo, una digna pieza de arte que se debe de enseñar y presumir como un gran logro.

La lógica de ese pensamiento transcurre así: Los malos (aquí entra prácticamente cualquier cosa con tufo a ciencia) quieren que pienses de cierta manera pero yo, con una larga trayectoria de estudios (horas desperdiciadas en los rincones más estrambóticos de YouTube), te puedo explicar cómo y por qué te están engañando.

Se ufanan de usar términos cuasi científicos y de tener un conocimiento superior sobre determinados temas; se sienten muy superiores a quienes han dedicado décadas de su vida a ello. Se precian de ser más inteligentes y no dudan en llamar al resto de la humanidad, a los que no se suman a sus teorías, borregos o aseverar que a estos “les lavaron el cerebro”.

Sólo unos cuantos iluminados consiguen llegar a sus niveles de consciencia.

Tenemos casos en verdad delirantes: pongamos a los “terraplanistas”, individuos que creen que la tierra es como una pizza. Basta comprender un poco las leyes de la física y otro tanto los movimientos aparentes y reales del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, para darse cuenta que esta doctrina sólo puede ser avalada por gente carente del más mínimo barniz educativo.

Creo de manera sincera que la mayoría de los que producen y divulgan videos en Internet sobre este tema, son meros mercachifles haciendo su agosto a costa de unos pocos crédulos e inadaptados.

Otra estupidez que ha tenido bastante difusión es la teoría de que el viaje a la Luna en los sesenta fue tan sólo una puesta en escena que pudo haber involucrado al propio Stanley Kubrik.

Esta teoría es muy interesante debido a que implica al malvado más malo de toda maldad: el gobierno de los Estados Unidos de América.

Una de las cosas que estos conspiracionistas nunca toman en cuenta es que, a niveles de gobierno, es prácticamente imposible mantener un secreto por mucho tiempo; entre más gente esté involucrada en la conspiración, es mucho más fácil que esta sea descubierta.

Por ejemplo, una de las cosas que forzaron a realizar el desembarco en Normandía el 6 de julio de 1944, a pesar de que el clima no era el óptimo para la operación, es que dudaban en poder mantener el secreto por más tiempo. Miles de personas estaban involucradas y era prácticamente imposible que los alemanes no se enteraran.

Los casos en la historia contemporánea abundan: la “formula” para desarrollar un arma nuclear tardó apenas unos meses en ser conocida por los soviéticos; años después, el presidente Richard Nixon, el hombre más poderoso de la tierra, fue incapaz de mantener en secreto el escándalo de Watergate.

Se necesita enorme estulticia para concebir que estos mismos gobiernos tengan la capacidad de mantener en secreto temas tan delicados como un intento de dominación mundial o el de la verdadera forma de nuestro planeta.

Las burocracias son terriblemente ineficaces para guardar el más mínimo secreto.

Es por eso que me da mucha risa quienes se ponen en plan de virólogos especializados para explicarnos una serie de tonterías como “la inexistencia del virus del Covid-19”, “la ineficacia de las vacunas desarrolladas” o “la generación de dichas vacunas para engañarnos e inyectarnos sustancias que nos van a matar o de plano controlar y transformar en esclavos sumisos”.

Si realmente eso quisieran, lo pondrían en la vacuna de la viruela y santo remedio, no hay necesidad de crear una pandemia.

Estos “expertos” utilizan palabras como “rebaño” para referirse a quienes se vacunan y se ufanan diciendo que ellos jamás lo harían, que controlan lo que ponen en su cuerpo y que jamás caerían en un malévolo plan para controlar al mundo.

Por ahí han querido demostrar sus ideas mediante testimonios de supuestos infiltrados en la conspiración, pero estos jamás pasan de ser emitidos por gente que carece de todo conocimiento científico, de personas que sólo se han relacionado con la industria de manera tangencial o de cualquier delirante que presuma de conocer los entresijos.

Son personas que creen ser muy críticas y escépticas, pero que no dudan en rendir toda su racionalidad ante el primer individuo que exhibe credenciales de dudosa calidad. Estoy de acuerdo en que dudar del gobierno es parte de nuestra obligación como ciudadanos, pero si esta duda la ampliamos a científicos y expertos que han estudiado el fenómeno por décadas, pues es una forma muy estúpida de regalar nuestra voluntad.

Se guardan cualquier duda ante los astrólogos, la que organiza la tanda de la oficina, los creadores de dietas mágicas, los lectores de auras y hasta los enderezadores de chakras que realizaron sus estudios por email, pero a un científico que acudió a las mejores universidades del mundo, por décadas, lo tachan de mentiroso.

Y no nos pongamos a hablar de todas esas sustancias prohibidas y semi legales que van desde la nicotina hasta las tachas y que algunos consumen sin siquiera pensar en las motivaciones éticas de productores y dealers

Investigar en Internet no es malo, el problema radica en dejar que cualquier charlatán nos coma la cabeza con videos mal producidos en los que utilizan imágenes fuera de contexto así como discursos dichos por personajes de dudosa calidad científica, moral y hasta monetaria.

Lo curioso es que estas personas tienden a confiar en la ciencia cuando se trata de otros temas; desde subirse a un avión, usar un teléfono celular para escribir sus alucines, hasta una cirugía de apendicectomía. Ahí no dudan a recurrir a los expertos y científicos.

A manera de conclusión: reportan autoridades de la Ciudad de México que en el módulo de vacunación del Centro Médico Siglo XXI, durante la vacunación de jóvenes de entre 18 y 29 años llegó un 50 por ciento más de personas de las que se esperaba. Al parecer gente de otras delegaciones y del Estados de México se “colaron” para recibir su dosis de vacuna.

Lo que yo veo es que los centennials están demostrando preocupación ante la pandemia y se dejaron caer para recibir, a como diera lugar, una vacuna. Esto debería de ser un ejemplo para todos los demás, de cierta edad, que andan comprando teorías de la conspiración a lo idiota.

Estos jóvenes saben que hay una solución al problema, que éste fue desarrollado gracias al genio humano así como la ciencia, y no dudan en ponérsela.

¿Se imaginan como se van a reír las futuras generaciones de los que argumentaron cualquier estupidez para no ponerse la vacuna?

Armando Reygadas Anfossi
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s. Hasta la fecha participo en programas de radio así como podcast, además de editar reseñando.com.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días jueves de cada dos semanas.

4 COMMENTS

Subscribe
Notify of
guest
4 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments
Rafael Garza

Excelente artículo.
Sin embargo opino que, así como dudar del gobierno es sano, el extender las dudas hacia los expertos también lo es, para mi, el problema esta en que los “terraplanistas” y “conspiracionistas” no tienen dudas sino certezas, lo peor, sin la más mínima evidencia.

Capitán Obvio

da! ¿y como sabemos que los gringos no llegaron a la luna? pues porque los burócratas filtraron la falsedad. Además, no se puede demostrar que estuvieron en la luna, te recomiendo que veas el programa del history channel y te documentes.

Artículos relacionados

Lo más reciente