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La publicidad inmersa en un perfecto círculo perverso

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Toda industria tiene estrategas y ejecutores… es lo que mantiene el equilibrio en el mundo de los negocios, en la economía y en la sociedad como la conocemos.

Cuando hay muchos generales, las cosas no salen bien. Seguramente se encimarían los unos a los otros y nada se haría. Para que algo se concrete, se requiere de la intervención del soldado. Y aunque muchos de ellos aprenden y crecen, la mayoría se queda en el camino.

Así es la historia del mundo. Sólo basta observar a las abejas o a las hormigas. Sin ellas, el planeta se destruiría, y quienes hacen el trabajo son los ejércitos trabajadores.

Así las diferentes profesiones del ser humano. Hay arquitectos y hay albañiles… investigadores y encuestadores… chefs y pinches…

La industria de la publicidad como la conocíamos y como fue gestada, está en crisis por lo mismo. Desde que la actividad se trasladó al mundo digital, todo se volvió un caos ¿por qué? Porque los generales no entendían de redes y los soldados tomaron el control: sin guía y sin estratega que dirigiera… y con un monumental ego que se retroalimentan entre ellos mismos, lo que los hace crecer incontrolablemente deformes.

Así, tomaron por sorpresa a los clientes, también llenos de generales, y los deslumbraron. En consecuencia, la industria se prostituyó. Los soldados con tal de ganar una chamba la malbaratan y los anunciantes dejan de creer en la publicidad al no ver los resultados esperados. Pero como ya se acostumbraron a precios ridículos, no están dispuestos a pagar por un equipo equilibrado que incluya arquitectos y albañiles.

Lo peor es que los ejecutores no entienden que lo que ofrecen son sólo eso, ejecuciones. Muchos son improvisados que disparan sin ton ni son táctica tras táctica, sin una estructura y sin respeto a su producto. No entienden que su plataforma (que indudablemente dominan) es sólo un “delivery” y que la estrategia proviene de mucho más arriba. Desde la marca y desde el target. Carecen de una visión holística que los rebasa y por eso muchos de sus esfuerzos son ciegos… o miopes, si bien les va.

No digo que no haya expertos, claro que sí, pero son los menos. Y por los más es que ya ningún cliente quiere pagar por los menos. La experiencia y el conocimiento son desdeñados. El círculo perverso que se ha provocado difícilmente tiene marcha atrás. Lo peor es que no hay forma de “educar” a los clientes, porque son generales que siguen sorprendidos por las tecnologías que no entienden. Y los que medio entienden, se están conformando con calidad de medio pelo.

La verdad es que no sé a dónde va a ir a parar esto y dónde está la solución. La publicidad ya cambió y ya se desvirtuó.

Los anunciantes merecen comer bien, no mal comer. El consumidor igual. Pero un mundo sin chefs y atiborrado de pinches no nos va a llevar a ninguna parte. #PutAttention

Liliana Bretón
Publicista e investigadora; maestra y estudiante; UPAEP y AsMedia; amante del cine, los libros y el buen sentido del humor; no cambio por nada una tarde de vino con una buena plática. Beatlefan y chocohólica.