Que en paz descanse. El duelo por la pérdida de empleo.

Nuestra realidad

Según cifras del INEGI, solo en el año de 2020 y 2021, 1.6 millones de personas perdieron su empleo como consecuencia de la pandemia.

De ese total, el 83.6% (1’363,287) fueron mujeres y el resto fueron hombres.

Cifras dramáticas que impactaron, en el mismo número de hogares en México. E impactaron con fuerza, porque en nuestro país, el hábito del ahorro no está establecido en la mente de la población, que piensa que es mejor satisfacer cualquier necesidad o simple gusto hoy, que pensar en el mañana, que es incierto… cada día más.

Los efectos de la pérdida de empleo son inmediatos y afectan a todos por igual, sin importar el nivel socioeconómico, ni el de ingresos, ni el puesto. El “quedarte sin chamba” es una tragedia que muy pocos reconocen como tal.

“Seguramente vendrá algo mejor”, “tengo grandes planes y ahora voy a realizarlos”, “cuento con el apoyo de mi familia”, “me servirá para descansar un poco”, y muchas otras respuestas parecidas, pretenden presentar una cara de tranquilidad y hasta de “alivio” ante un evento que tiene consecuencias graves, personales, familiares y sociales.

Solo que nos es difícil reconocerlo.

“…la única vez que me han corrido, me daba hasta como pena salir a la calle, inclusive llegar a mi casa y que me vieran mi esposa y mi hijo… me di cuenta hasta un par de meses después… y sí, es gacho porque como que sientes que no debes hablar de eso con nadie…”

“¡claro! Sientes que eres un fracaso (y no lo eres).”

Recientemente encontré respuestas francas de personas afectadas por un despido, y nos hablan del impacto real que esto tiene en la vida de la gente. Las incluyo en el texto.

“Justo hace 1 año me tocó. Me pegó a los meses, cuando me di cuenta que el mundo laboral giraba sin importar que yo estuve ahí seis años.”

“En lugar de derivadas e integrales debería haber una materia sobre emociones y cuestiones legales del despido.”

“Debería hablarse más. Cuando nos corrieron sin más, me pasé 2 semanas deprimida sin salir de mi cama.”

“Yo ya llegue a terapia despues de 4 meses que me despidieron y me está costando salir del hoyo.”

El dolor que se siente al dejar una relación personal, amorosa o de amistad, es comparable con el dolor al dejar un empleo. No importa si renunciaste o te despidieron, hay hechos que no cambian.

“Y es un duelo durísimo. Sobre todo cuando uno proyectó un futuro, trabajó duro por él, pero las circunstancias nos obligaron a cambiar de rumbo”

En una situación pre-pandemia, pasamos más tiempo despiertos en nuestros sitios de trabajo, que con nuestras familias. Tenemos rutinas, afectos, amistades, relaciones y apego a nuestro entorno, que se desarrollan con el tiempo.

Y, además de estos apegos emocionales, está la recompensa por nuestro esfuerzo, que es el pago regular. Hay muchos que de la escuela o la universidad, pasaron a las filas de alguna empresa y están acostumbrados a simplemente revisar su saldo para verificar que, sin demora, cada 15 días, tienen un ingreso que cubre sus necesidades y, en algunos casos, mucho más.

“Y no nada más es lidiar con el duelo, es también la preocupación de buscar otra fuente de ingresos porque los ahorros se van muy rápido, pega fuerte.”

La pérdida de estos apegos y el ingreso quincenal, que nos permite mantener un estilo de vida personal y para nuestras familias, es un verdadero drama, que no todos quieren reconocer. Es más aceptado socialmente, pretender que las cosas están bien que reconocer la tragedia por la que estamos pasando.

“Nunca me habían roto el corazón, hasta que me corrieron del trabajo soñado. Era de los que “se ponían la camiseta”, y obviamente terminé en terapia”

“Duele también cuando renuncias. Lloré 2 semanas seguidas. Di un gran paso y mejoré como profesionista, pero tuve mi duelo. Aunque yo haya renunciado.”

La pandemia

Y, además de la pérdida del empleo y el ingreso, tuvimos un cambio forzado en nuestro estilo de vida. De pronto estábamos conviviendo 24 horas, 7 días a la semana, con nuestros seres queridos, encerrados en un espacio, en la mayoría de los casos, nada adecuado para el número de personas en confinamiento.

Y las consecuencias no se hicieron esperar.

Quienes han vivido o están viviendo una depresión por desempleo, tienen emociones claramente reconocibles, entre otras:

  • Frustración
  • Sentimientos negativos sobre la propia persona. “soy un inútil”
  • Coraje
  • Miedo a la incertidumbre
  • Angustia por un futuro incierto
  • Temor por pérdida de ingresos

Y estas emociones, vienen con acciones que muchas veces no reconocemos, entre ellas, el no querer salir de la cama… “solo hoy”. El no cuidar nuestra apariencia e incluso nuestro aseo personal, porque “nadie me va a ver”. Hay quienes deciden comenzar a gastar de más, “porque me lo merezco y me va a ayudar emocionalmente”. Además de la frustración por haber perdido el empleo, está la convivencia forzada y la competencia por los espacios y, en la gran mayoría de los casos, hay un desgaste en las relaciones familiares.

“Y el duelo y sus consecuencias, es compartido por la familia incluyendo los niños.”

Bueno… y ¿Qué hago?

Como siempre sugiero, si te encuentras en una situación así, con la necesidad de renovar tu vida laboral, y no has tenido éxito y detectas que te encuentras deprimido, consulta a un especialista.

Pero si solo estás pasando por una etapa de desconcierto, en la que sientes que has perdido un poco el control, te sugiero lo siguiente:

  1. Acepta la realidad. No estás de vacaciones. Estás despedido, sin empleo, y tienes que hacer todo lo posible por continuar con tu vida. Ya sea que quieras integrarte a alguna empresa, o quieras iniciar un emprendimiento propio, tienes mucho por hacer.
  2. Revisa tu historial de éxitos y siéntete orgulloso de ellos. No eres un inútil. Eres una persona inteligente, trabajadora, con mucho potencial, que simplemente está pasando por una etapa por la que la mayoría pasará en algún momento de su vida. Perdiste el empleo por circunstancias que estaban fuera de tus manos, y esto no es una indicación de tu potencial… ¡a menos que hayas hecho alguna burrada en el trabajo, en cuyo caso seguramente ya esperabas la reacción de tu jefe o la empresa!
  3. Revisa tu Currículum. Actualízalo, simplifícalo sin que pierda contenido, edítalo para que se vea atractivo. El de hace algunos años, ya no es atractivo hoy. La gente tiene muchas opciones para leer y tu CV debe ser atractivo, tanto en diseño como en contenido.
  4. Escribe una carta presentación que en media cuartilla, describa quién eres, tus habilidades, conocimientos y experiencia. Si no la tienes, hay que escribirla…es clave
  5. Habla de tu situación, no solamente con tu familia. Habla con tus amigos. Que no te de vergüenza. Diles que perdiste tu empleo y necesitas ayuda. Pide sugerencias. Ofrece enviarles tu CV si tienen a alguien con quien pudiesen compartirlo. Te sorprenderás de los muchos contactos que tu familia y amistades pueden generar para ti. Si vas por la vida diciendo que todo está bajo control y todo está bien, la gente ni siquiera pensará en apoyarte.
  6. Continúa tu preparación. No dejes de aprender. Asiste a seminarios, conferencias, lee. La vida sigue y siempre hay algo que aprender
  7. Buscar empleo, es un empleo de tiempo completo, y así debes de tratarlo. Levántate diario como si fueras a trabajar. Arréglate, prepárate, revisa tu agenda de actividades y ponte en acción, diario, sin excusas ni pretextos.
  8. Incluye en tu agenda diaria:
    1. Revisar mi lista de contactos (30 min.)
    1. Llamar a 5 familiares y 5 amistades para solicitarles apoyo en la búsqueda. (2 horas)
    1. Enviar Carta presentación junto con CV a quienes llamaste. (45 min.)
    1. Escribir e-mail o mensaje agradeciendo la llamada y reiterando tu solicitud de apoyo. Incluye un mensaje personalizado sobre tu conversación.
  9. No descuides a tu familia y amigos cercanos. Ellos, si conocen tu situación, también están sufriendo. Comparte con ellos tus avances y tus frustraciones. Y cuida tus reacciones. Ellos no tienen la culpa de esta situación.
  10. Por último, DIVIERTETE. No debes de eliminar actividades que te llenan el alma y te hacen reír y disfrutar.

Con esto, tendrás muchas más posibilidades de reintegrarte con éxito al mercado laboral – si eso es lo que buscas – evitando la terrible depresión por pérdida de trabajo.

Como siempre, agradeceré tus comentarios aquí abajo. Y si te parece, por favor compártelo con tus contactos.

Saludos

JL

José-Luis González S.
José-Luis González S.
Me motiva y emociona apoyar el crecimiento de la gente. Con más de 40 años en organizaciones mundiales, más mi práctica independiente, exploro los talentos y áreas de oportunidad de las personas, para después apoyar su crecimiento como coach/asesor e instructor. Y cuando llega el momento de invertir en un bien-raíz, te llevo de la mano para que descubras playas sin fin y propiedades de ensueño.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días lunes de cada dos semanas.

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