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¿Qué tan bueno eres para decir adiós?

Hay que poseer…dicen

Abrimos revistas, páginas y sitios completos en internet, donde nos incitan a hacer absolutamente todo lo posible para mantener relaciones, adquirir propiedades, muebles e inmuebles y no dejar ir absolutamente nada de lo que logramos adquirir. Comenzamos a ser educados en este pensamiento desde niños. Y crecemos, buscando primero tener, y después mantener lo que tenemos.

Algunos más que otros, guardamos y guardamos posesiones (o lo que pensamos que poseemos) aún sin saber si tendrá alguna utilidad. En algunas personas, la acumulación es una enfermedad y llega a ser grave. Para la gran mayoría es solo un gran apego a cosas que queremos, nos gustan, nos fue difícil obtenerlas o tienen algún valor sentimental.

Hoy, después de 7 años, decidí decir adiós a un gran equipo de sonido. Enorme, con suficientes entradas para conectar cualquier aparato y suficientes salidas como para conectar bocinas para toda tu casa. Lo traje cargando desde CDMX y sabía que no lo iba a volver a instalar, pues la tecnología inalámbrica, para mí, es infinitamente superior. Pero me costó un trabajo enorme venderlo, no por falta de compradores, sino porque inconscientemente siempre encontraba alguna excusa para no concretar la venta. Hasta hoy. Finalmente le dije adiós, me dieron mis pesitos y tengo una caja menos de que preocuparme. Y quien lo compró es el más feliz, porque era exactamente lo que necesitaba. 

¡Pero tuvieron que pasar 7 años! Qué horror!

¡Y es que como que nos enamoramos de cosas! Algunas veces, hay quienes se enamoran de cosas más que de personas. Y dejan ir personas, por conservar sus cosas.

Terrible, ¿no crees?

Si es difícil decir adiós a cosas, imagínate decir adiós a personas.

Es quizá, lo más difícil a lo cual nos tenemos que enfrentar. Despedirnos de alguien que fue importante – o que aún lo es – pero cuya cercanía nos hace daño.

En el camino, tanto profesional como personal, he encontrado a muchas personas y yo mismo he tenido que enfrentarlo, a quienes he tenido que decir adiós. 

Hay “adiós” que son incontrolables. La muerte de un ser querido es un adiós que no puedes controlar. La vida te obliga a que lo hagas. Pero existen muchas otras situaciones que nos exigirían decir adiós, y que decidimos dejar pasar.

decir adiós

¿Porqué no decimos “adiós” a tiempo?

Adiós, es una palabra corta. Parecería que es una alabanza a-Dios, que se utiliza para finalizar un evento, una acción. Y normalmente nos lleva a utilizarla pensando de una forma muy positiva. 

Te digo adiós, porque sé y tengo confianza en que habrá un nuevo “hola”.

Nuestra mentalidad positiva, inculcada desde la infancia, generalmente está llena de esperanza y nos dice: no digas adiós para siempre. Siempre habrá un mañana. Sé positiva, piensa en todo lo que puedes hacer para que las cosas mejoren… aunque quien deba mejorar no seas tú, ni esté bajo tu control. Ten fe, nos dicen siempre. Todo va a mejorar. El mundo será brillante y bello si pones de tu parte. Y esperamos un día más, y otro, y otro.

Y seguimos así en la vida, soportando cosas, situaciones que no debemos de soportar. Generando úlceras y gastritis y arrugas prematuras, simplemente porque no sabemos despedirnos a tiempo.

Podemos decir adiós a cosas, propiedades, relaciones, situaciones de trabajo, metodologías, recuerdos, tratos, contratos, estilos de vida y mucho más. Pero nos da miedo. Parecería que preferimos el sufrimiento que algunas situaciones nos ocasiona, porque siempre tenemos la esperanza de que “puede mejorar”.

Efectivamente, muchas cosas pueden mejorar, pero no es algo que depende solamente de nosotros. Cualquier situación, si deseamos cambiarla, involucra a una o varias otras personas o variables para lograrlo. Pero el esfuerzo de motivar el cambio en otros llega a ser tan tremendo y complicado, que la mayoría de nosotros después de dos intentos, decidimos abandonarlo.

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La importancia de decir adiós, sin remordimientos.

¿Cuántas parejas infelices conoces? Te aseguro que varias. No es lo mismo siempre sonreír, aun cuando nos esté llevando la fregada por dentro, que ser feliz.

Las situaciones en las cuales podemos o quizá debemos despedirnos son innumerables.

  • Una situación de trabajo en la cual te encuentras exclusivamente por dinero, por mantener tu ingreso, a pesar de que ni la actividad, ni el ambiente, ni tus jefes y compañeros o incluso el producto te satisface y por el contrario, te hace infeliz.
  • Un contrato que te obliga a pagar por algo que hoy, puedes comprar por menos.
  • Una relación de amistad, sin importar los años que hayas invertido en ella, que descubres que es perjudicial para ti o para alguien más.
  • La relación con tu pareja, de meses o muchos años, que se ha ido deteriorando con el tiempo y hoy, te hace infeliz. Puede tratarse de maltrato de cualquier tipo, económico, sicológico o físico, y te causa angustia las 24 horas, pues nunca sabes qué es lo que sucederá.
  • Tu relación con la familia, en cualquier grado, que por cualquier circunstancia, se ha roto y hoy, te hace sentir como un mendigo de cariño, rogando atención de parientes queridos, a quienes por infinidad de circunstancias, ya no les importas.
  • La relación con tus vecinos, que insisten en entrar en sitios de tu vida a los cuales no quieres que accedan.

Y muchas más.

¿Porqué es importante decir adiós en algunas situaciones?

Yo creo que es evidente, pero obviamente no lo es para muchas personas.

Soy de la opinión de que estamos en este mundo para ser felices. Y si no lo somos, debemos buscar desesperadamente la felicidad. A mí, eso de que el sufrimiento es algo bueno, que nos va a ayudar a “forjar nuestro carácter” y debemos soportarlo porque finalmente nos traerá cosas buenas, me parece una verdadera burrada.

Estamos aquí, para ser felices. Y podemos ser felices de mil formas, siempre y cuando no hagamos infelices a otros. Por lo tanto, debemos de buscar la forma de ser felices, siempre. Siempre!

Y si no podemos ser felices en determinada situación, debemos tratar primero de cambiarla para que mejore. Pero si no logramos que mejore en un corto plazo, debemos de salir de ella, cuanto antes. Cada día de infelicidad que aceptas y vives, es un día menos de felicidad que tienes.

¿Por qué estarías un día más en ese puesto de trabajo que te hace tan infeliz? 

¿Qué te obligaría a seguir en una relación que te oprime? Sea una relación de pareja o de amistad, serías bastante tonta/ tonto, si no dices adiós a quien te altera la vida, a quien te ofende, a quien cambió para mal y hoy, no te permite ser feliz. No tienes ninguna necesidad de aguantar y ser infeliz. ¡Ninguna! Salte de ahí, denuncia, rompe, aléjate y no permitas que se acerque más a ti. Seas mujer u hombre, tu felicidad es primero.

Recuerda que estamos en este mundo para ser felices.

Eso de que la felicidad la vas a obtener en otro mundo (que no conoces) y que entre más infeliz seas aquí, mayor felicidad tendrás en ese otro mundo, no es cierto. Te lo prometo.

Vive el momento, se una buena persona, contribuye lo más que puedas, apoya a tus semejantes, pero ante todo, cuídate tú. Se feliz. Se feliz, diciendo adiós a aquello que te lo impide.

Muchas gracias por leerme, como siempre.

Agradeceré mucho tus comentarios aquí abajo. Siempre los respondo con mucho gusto. 

Y si puedes, comparte esta columna. Quizá sea interesante para alguien que conoces.

JL

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