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Su empresa no necesita otro piloto de IA, necesita ¿Escalar?

Su empresa no necesita otro piloto de IA

La demostración fue impecable.

En unos minutos, una herramienta de inteligencia artificial resumió cientos de documentos, identificó patrones, redactó un reporte y presentó recomendaciones que antes requerían varias horas de trabajo.

Effie College octubre

La dirección quedó impresionada. El equipo habló de productividad, automatización y ventaja competitiva. Se autorizó un piloto y, durante algunas semanas, el proyecto apareció en presentaciones, reuniones y comunicaciones internas.

Tres meses después, casi nadie lo utilizaba.

El proceso original seguía funcionando de la misma manera. Los datos continuaban dispersos. Nadie había definido quién debía verificar los resultados, qué indicador demostraría el valor generado ni qué ocurriría cuando la herramienta cometiera un error. El piloto no había fracasado técnicamente: simplemente nunca se convirtió en una nueva forma de trabajar.

Esta escena se repite en organizaciones de distintos tamaños. La facilidad para probar herramientas de inteligencia artificial ha provocado que experimentar sea más sencillo que implementar. Crear un asistente, conectar una plataforma o automatizar una tarea puede tomar días. Integrar esa solución en un proceso real, medir su desempeño, gestionar sus riesgos y lograr que las personas la adopten puede tomar meses.

En la columna anterior analizamos por qué utilizar ChatGPT no convierte automáticamente a una empresa en una organización madura. La siguiente pregunta es inevitable:

¿Qué debe ocurrir para que un experimento deje de ser una demostración y se convierta en una capacidad empresarial?

La respuesta no consiste en realizar más pilotos.

Consiste en aprender a decidir cuáles deben escalar, cuáles necesitan ajustes y cuáles deben terminar.

El problema no es experimentar, sino no saber terminar

Los pilotos cumplen una función importante. Permiten aprender con una inversión limitada, comprobar si una tecnología puede resolver un problema y detectar riesgos antes de afectar una operación completa.

El problema aparece cuando se convierten en un fin.

Una organización puede acumular asistentes, pruebas de concepto, automatizaciones y modelos sin modificar sustancialmente su desempeño. Cada iniciativa produce actividad: reuniones, licencias, demostraciones, capacitaciones y reportes. Sin embargo, esa actividad no necesariamente representa valor.

El AI Index Report 2026 de Stanford reporta que la adopción organizacional de inteligencia artificial alcanzó 88%. La cifra confirma que la IA ya entró en las empresas. No demuestra, por sí sola, que esas organizaciones hayan rediseñado sus procesos, recuperado sus inversiones o desarrollado capacidades para utilizarla de manera sostenible.

Ahí se encuentra la diferencia entre adopción y transformación.

Adoptar significa incorporar una herramienta.

Transformar significa cambiar la forma en que se ejecuta una tarea, se distribuyen responsabilidades, se utiliza la información o se toma una decisión.

Una empresa puede adoptar un generador de textos y continuar tardando lo mismo en aprobar una campaña. Puede implementar un modelo predictivo y mantener intacto el proceso mediante el cual se decide qué hacer con la predicción. Puede automatizar un reporte y conservar cinco revisiones manuales que eliminan cualquier ahorro.

En estos casos, la IA funciona, pero el proceso no cambia.

La demostración responde “¿puede hacerlo?”

Un piloto suele comenzar con una pregunta técnica: ¿la inteligencia artificial puede realizar esta tarea?

Puede resumir contratos. Puede clasificar solicitudes. Puede responder preguntas sobre un manual. Puede estimar la demanda. Puede generar una propuesta comercial.

Demostrar capacidad técnica es necesario, pero insuficiente.

La decisión empresarial requiere responder otras preguntas:¿Lo hace con la calidad necesaria?¿Reduce realmente tiempo o costos?¿Las personas pueden verificar el resultado?¿Se integra con los sistemas existentes?¿Funciona con los datos reales de la organización?¿Quién responde cuando se equivoca?¿Los usuarios confían lo suficiente para incorporarlo a su trabajo?¿El beneficio justifica el costo de operación, supervisión y mantenimiento?

Mientras estas preguntas permanezcan sin respuesta, la empresa tiene una posibilidad tecnológica, no una solución operativa.

Un piloto solo puede demostrar valor si existe un punto de comparación

Una de las fallas más frecuentes ocurre antes de utilizar la inteligencia artificial: la empresa no mide cómo funciona actualmente el proceso que pretende mejorar.

Si no sabemos cuánto tarda una tarea, cuánto cuesta, cuántos errores produce, cuántas personas intervienen o qué nivel de satisfacción genera, después será difícil demostrar qué cambió gracias a la IA.

Supongamos que una empresa prueba un asistente para responder solicitudes de clientes. Al terminar el piloto, el equipo informa que la herramienta generó 2,000 respuestas.

La cifra parece positiva, pero no demuestra valor.

Para interpretarla necesitamos conocer:

Cuánto tardaba antes cada respuesta.

Cuánto tiempo de revisión humana requiere ahora.

Qué porcentaje de respuestas fue correcto.

Cuántas tuvieron que redactarse nuevamente.

Qué ocurrió con el tiempo de solución.

Cómo reaccionaron los clientes.

Cuánto cuesta operar la herramienta.

Si se redujo trabajo o solamente se trasladó a otra persona.

Sin una línea base, cualquier resultado puede parecer exitoso.

Este principio también se aplica a proyectos de machine learning y deep learning. Un modelo puede mostrar una precisión elevada y, aun así, no mejorar la decisión empresarial. La exactitud estadística debe relacionarse con errores relevantes, costos, impacto sobre clientes, estabilidad y utilidad en el proceso.

Un modelo de fraude, por ejemplo, no debe evaluarse únicamente por cuántas operaciones clasifica correctamente. También importa cuántos fraudes reales detecta, cuántas transacciones legítimas bloquea, cuánto cuesta revisar las alertas y qué pérdida económica ayuda a evitar.

La métrica técnica explica cómo se comporta el modelo. La métrica empresarial explica por qué debería utilizarse.

La prueba que todo piloto de IA debe superar

IA

Para evitar que los experimentos se conviertan en proyectos eternos, propongo evaluar cada iniciativa mediante seis elementos. Podemos recordarlos con la palabra PRUEBA.

P: problema y punto de partida

El piloto debe resolver un problema definido, no justificar la compra de una herramienta.

Antes de comenzar, la organización necesita describir qué tarea desea mejorar, quién la realiza, cuánto tarda, qué errores presenta y qué impacto produce.

“Queremos utilizar inteligencia artificial” no es un problema.

“Queremos reducir el tiempo de revisión de contratos sin aumentar omisiones relevantes” sí lo es.

R: responsable del resultado

Todo proyecto necesita un propietario de negocio.

El área de tecnología puede desarrollar o integrar la solución, pero alguien debe responder por el proceso que será modificado. Esa persona necesita autoridad para tomar decisiones, acceso a los usuarios y responsabilidad sobre los indicadores.

Cuando nadie es dueño del resultado, el piloto depende del entusiasmo de quienes lo crearon. Si esas personas cambian de puesto o atienden otra prioridad, la iniciativa se detiene.

También debe distinguirse quién responde por cada componente: datos, modelo, infraestructura, seguridad, validación, adopción y resultado empresarial.

U: uso dentro del proceso real

Una demostración puede funcionar con información seleccionada y condiciones controladas. Un proceso empresarial recibe casos incompletos, excepciones, cambios de prioridad y usuarios con distintos niveles de experiencia.

Por ello, la prueba debe ubicarse dentro del flujo real.

¿En qué momento interviene la IA?

¿Qué información recibe?

¿Quién revisa el resultado?

¿Qué sistema registra la decisión?

¿Qué ocurre si la herramienta no está disponible?

¿Qué casos deben escalarse a una persona?

¿Dónde queda evidencia de lo sucedido?

La integración es más importante que la espectacularidad. Una solución sencilla que forma parte del trabajo cotidiano puede generar más valor que un modelo avanzado que opera aislado.

E: evidencia de valor y desempeño

Antes del piloto deben establecerse indicadores técnicos, operativos, financieros y humanos.

Los indicadores técnicos pueden incluir precisión, tasa de errores, estabilidad, latencia o calidad de las respuestas.

Los operativos pueden medir tiempo de ciclo, retrabajo, cumplimiento y capacidad.

Los financieros pueden considerar ahorro, costo evitado, ingreso incremental o retorno sobre la inversión.

Los humanos deben observar adopción, confianza, carga cognitiva, satisfacción y capacidad de supervisión.

Ninguna métrica aislada es suficiente. Reducir tiempo puede parecer positivo, pero no si aumentan los errores. Mejorar la precisión puede ser irrelevante si el resultado llega demasiado tarde. Automatizar una tarea puede no generar ahorro si exige una revisión más costosa que el trabajo original.

B: barreras, riesgos y controles

Un piloto no debe evaluar únicamente qué ocurre cuando la herramienta funciona. También debe probar qué ocurre cuando falla.

El Marco de Gestión de Riesgos de IA de NIST propone gobernar, mapear, medir y gestionar los riesgos durante el ciclo de vida. Esto implica revisar datos, privacidad, sesgos, seguridad, explicabilidad, supervisión y consecuencias para las personas.

No todos los casos requieren los mismos controles.

Un asistente que propone títulos para una campaña representa un riesgo distinto a un sistema que recomienda aprobar un crédito, seleccionar candidatos, modificar precios o autorizar pagos.

La supervisión debe ser proporcional a las consecuencias.

A: ampliar, ajustar o abandonar

Todo piloto necesita una fecha y criterios para decidir su futuro.

Al finalizar, solo deberían existir tres caminos:

Ampliar, cuando existe evidencia suficiente de valor, control y adopción.

Ajustar, cuando el problema sigue siendo relevante, pero la solución necesita cambios.

Abandonar, cuando el beneficio no justifica el costo, el riesgo o la complejidad.

Terminar un proyecto que no funciona no es fracasar.

Fracasar es mantenerlo indefinidamente porque nadie quiere reconocer que una demostración atractiva no produjo una mejora verificable.

La empresa necesita un portafolio, no una colección de pilotos

Cuando cada área experimenta por separado, la organización pierde la capacidad de comparar iniciativas.

Marketing puede probar generación de contenido. Finanzas, análisis de documentos. Recursos Humanos, asistentes para candidatos. Operaciones, mantenimiento predictivo. Servicio al cliente, respuestas automatizadas.

Todos pueden reportar resultados favorables, pero los recursos son limitados. La dirección necesita decidir qué proyectos merecen datos, integración, talento, presupuesto y atención.

Para hacerlo, conviene evaluar cada iniciativa con cuatro dimensiones:

Valor potencial

¿Qué ingreso puede generar, qué costo puede reducir, qué riesgo puede disminuir o qué capacidad estratégica puede desarrollar?

Viabilidad

¿Existen datos, infraestructura, talento, tiempo y acceso a los sistemas necesarios?

Riesgo

¿Qué consecuencias tendría una respuesta incorrecta? ¿Afectaría derechos, clientes, dinero, reputación, seguridad o cumplimiento?

Adopción

¿Las personas utilizarán la solución? ¿El proceso puede modificarse? ¿Existen incentivos, capacitación y responsables?

Esta matriz evita dos errores.

El primero consiste en elegir únicamente los proyectos más llamativos. Una demostración impresionante no siempre resuelve un problema importante.

El segundo es priorizar exclusivamente los ahorros inmediatos. Algunos proyectos generan capacidades, datos o aprendizaje que pueden producir valor en otros procesos.

La dirección no necesita aprobar todos los pilotos.

Necesita construir una cartera equilibrada: algunas iniciativas rápidas y de bajo riesgo; otras orientadas a procesos estratégicos; y unas cuantas exploraciones que permitan aprender sin prometer resultados prematuros.

Escalar IA no significa instalarla para más personas

Una organización puede ampliar licencias sin escalar valor.

Escalar implica que la solución forme parte de una manera estable de operar. Para ello, debe cambiar algo más que la tecnología: roles, decisiones, indicadores, controles, capacitación y distribución del trabajo.

Una investigación de MIT CISR sobre los llamados “colegas digitales” distingue entre incorporar IA a procesos existentes y rediseñar los flujos alrededor de nuevas formas de colaboración entre personas y sistemas. Solo una proporción reducida de las organizaciones estudiadas había realizado cambios importantes en sus procesos y todavía menos habían integrado formalmente estas capacidades en su estrategia de talento.

Esto ayuda a explicar por qué muchos proyectos se detienen.

La empresa intenta insertar la IA en un proceso diseñado para otra realidad. Después descubre que las aprobaciones, los datos, los sistemas y las responsabilidades permanecen iguales.

Pensemos en un equipo que utiliza IA para preparar reportes financieros. Si el sistema genera el primer borrador en minutos, pero la información debe copiarse manualmente entre plataformas, validarse sin criterios comunes y aprobarse mediante el mismo circuito anterior, el ahorro será limitado.

Rediseñar el proceso implica decidir:

Qué trabajo realizará la IA.

Qué decisiones conservarán las personas.

Qué resultados necesitan validación.

Qué excepciones requieren escalamiento.

Qué conocimiento debe documentarse.

Qué indicador demostrará la mejora.

Qué control permitirá detener o corregir el sistema.

La intervención humana no debe añadirse como una frase genérica al final del proyecto. Debe diseñarse: quién supervisa, qué revisa, con qué información y bajo qué criterio puede modificar o rechazar el resultado.

La IA no transforma un proceso porque produzca una respuesta.

Lo transforma cuando cambia de manera verificable la forma en que el trabajo genera valor.

La innovación también consiste en saber decir no

Las empresas no tienen un problema de falta de herramientas. Tienen un problema de selección, integración y disciplina.

Experimentar seguirá siendo necesario porque la inteligencia artificial evoluciona rápidamente y no todas sus aplicaciones pueden anticiparse desde una oficina directiva. Sin embargo, experimentar sin criterios produce una acumulación de proyectos que consumen recursos, fragmentan los datos y generan expectativas que después resultan difíciles de sostener.

La madurez en inteligencia artificial no se demuestra por la cantidad de pilotos iniciados.

Se demuestra por la calidad de las decisiones que se toman después de probarlos.

Una organización madura sabe cuándo ampliar una iniciativa porque generó evidencia. Sabe cuándo ajustarla porque encontró una barrera solucionable. Y sabe cuándo terminarla porque el valor no compensa el costo o el riesgo.

En 2026, la conversación empresarial sobre IA está pasando de la fascinación por las capacidades a la evaluación de su utilidad. MIT Sloan resume esta transición con una idea fundamental: las empresas que obtienen resultados no necesariamente poseen mejores algoritmos; han aprendido a operar de otra manera.

Por eso, antes de autorizar el siguiente piloto, la dirección debería hacer una pregunta distinta:

Si esta prueba funciona, ¿qué proceso estamos dispuestos a cambiar?

Si la respuesta es ninguno, probablemente la empresa no necesita otro piloto.

Necesita decidir qué quiere transformar.

Usar ChatGPT no convierte a una empresa en inteligente

AI Index Report 2026

6 questions to guide your AI strategy

Scaling AI for results: Strategies from MIT Sloan Management Review

Artificial Intelligence Risk Management Framework.

Artificial Intelligence Risk Management Framework: Generative Artificial Intelligence Profile

Dra. Elda Cristina Morales

Catedrática/Consultor del Tec de Monterrey

Doctora, académica y especialista en finanzas, negocios e inteligencia artificial aplicada, aporta una mirada estratégica que conecta academia, innovación y transformación digital. Su enfoque traduce la IA en valor real, tendencias clave y oportunidades concretas para empresas y líderes.

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