Whatsappocalipsis Now

Los dientes entrechocan, las mandíbulas crujen, no hay donde poner las manos húmedas por el sudor, por los enormes nervios, por la ansiedad que inunda nuestro cuerpo.

Son momentos terribles, momentos que se transforman en horas, momentos en los que se han liberado los demonios. Las puertas del infierno están abiertas, Mictlán está ahora sobre la tierra y los jinetes del apocalipsis la recorren mientras los cascos de sus cabalgaduras hollan la tierra de manera inmisericorde sembrando enfermedades, hambre, peste y destrucción.

Es una señal del apocalipsis, el final de los tiempos, el juicio final, Armagedón ha llegado a la tierra, el momento en que la divinidad acarreando una flamígera espada se dispone a juzgar a los que han obrado mal, a los pecadores que han hecho mal uso de los dones dados.

¿Qué está pasando?

Whatsapp lleva tres horas sin funcionar…

Los indicios del final de los tiempos son claros, primero fue la plataforma de mensajería, le siguieron Facebook e Instagram…

¡¡Cuántos más dios mío, cuantos más!!

Es el grito desesperado que recorre los hogares y las oficinas virtuales de todo el planeta.

Las razones no se saben, todo mundo especula. En un sitio “muy serio” se asevera que es parte de un épico acontecimiento que está por producirse. Del espacio han comenzado a llegar señales extrañas, provocadas por entidades alienígenas desconocidas que buscan eliminar las comunicaciones del planeta. Dejarnos mudos y sordos.

Primero han sido las ominosas redes sociales, seguirán el resto de las plataformas y terminarán con los más vetustos: la radio y la televisión. Uno a uno, caerán para eliminar así la posibilidad de comunicarnos entre nosotros. Esta es la primera parte de un plan malévolo para conquistar esta indómita Tierra.

La teoría del ataque extraterrestre no se sostiene ya que no ocurre esa caída de dominós que auguraba, por lo que la explicación tiende a hacerse más sencilla, más terrenal: las fuerzas económicas se encuentran ya sumidas en una terrible guerra y los objetivos de destrucción han dejado de ser las fábricas, las estaciones de tren o los aeropuertos.

Ahora los misiles virtuales son dirigidos a ocasionar el máximo terror y desasosiego entre la población civil que, desconectada de esta dura realidad, lo único que espera es recibir esa hermosa foto de los gatitos o las nuevas instrucciones por parte de sus superiores.

En las profundidades de los sótanos de Moscú y Pekín cientos, que digo cientos, miles de hackers con expresión de malvada satisfacción miran sus pantallas mientras se introducen en lo más profundo de los recovecos electrónicos de las inocentes redes sociales para trabarlas, detenerlas, callarlas y con ello, eliminar nuestra atesorada libertad de enviar memes.

Miles sufrirán los estragos de la guerra.

Dicen los rumores, en los virtuales pasillos de las redes que aún sobreviven, que el siguiente día será un día histórico cuando miles de millones de conversaciones “privadas” sean exhibidas ante todo el mundo. Se terminará la secrecía y todos se enterarán del contenido de los más infectos cajones de la más oculta intimidad.

Son los tiempos de Pandora y las propias divinidades han dispuesto que la privacidad es cosa del pasado.

Un día negro, un día que todos recordarán. Un día del que, en un futuro no muy lejano, la gente se preguntará cosas como ¿dónde estabas cuando ocurrió la gran caída de Whatsapp? Y todos conmemorarán esos momentos aciagos en los que la noble población de otras redes sociales tuvo que abrir su corazón, y sus virtuales fronteras, para recibir con los brazos abiertos a los refugiados que huían en masa del acabose de Whatsapp.

Tiempos heroicos, sin lugar a dudas.

Sin embargo, y a pesar de los terribles augurios, a las pocas horas fue posible ver una luz a final del túnel. Los memes regresaron y la histeria fue disminuyendo mientras se empezaban a escuchar cada vez más voces que traían la buena nueva, la voz de la alegría y la esperanza:

¡Ya pude entrar!

Por la tarde, entre los escombros electrónicos de la peor tragedia jamás ocurrida en la red, los sobrevivientes se juntaban en los claros para compartir las terribles experiencias vividas luego de permanecer incomunicados por algunas horas.

Entre lágrimas de alegría se dieron virtuales abrazos felicitándose entre ellos el haber podido sobrevivir a semejante catástrofe mientras los más viejos miraban a lontananza con ojos esperanzados, pero también con la terrible certeza de que ese evento… se repetirá, tarde o temprano. Que los dioses tengan piedad.

Armando Reygadas Anfossi
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s. Hasta la fecha participo en programas de radio así como podcast, además de editar reseñando.com.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días jueves de cada dos semanas.
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