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El terror de nuestra infancia tenía nombre: Merthiolate

¿Quién no se acuerda del terrorífico momento en que tu mamá sacaba el botecito rosa/naranja intenso? Pero siempre armaste en casa tu primer botiquín de primeros auxilios con el mentado mertiolate. Liliana mamá.

Todos tenemos alguna cicatriz de nuestra infancia que podemos presumir como trofeo de guerra: la rodilla raspada jugando en la calle, el codo que conoció el pavimento, el dedo que se encontró con la puerta. Dolía, pero dudabas de ir corriendo a llorar con mamá, porque con ella iba a ARDER, aunque fuera momentáneamente. Sabías que el remedio era eficaz, pero caro. Porque el ardor, sea cual sea, siempre es caro.

Porque aquel líquido rojo -o rosa, dependiendo de la memoria y de la presentación- tenía una característica extraordinaria: ardía desde antes de verlo. A la mejor hasta tratabas de ocultar la herida y –quizá– hasta te lavabas.  

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Bastaba que se activara el instintivo olfato maternal para descubrirte la falta de piel y el líquido corporal rojo restregado en la zona de desastre para que la autora de tus días gritara “¿Quétepasó? ¡Venparacá!” y uno trataba infructuosamente de negociar con gritos más de anticipación del ardor que de la herida en sí: “Yanomeduele, yasemequitó, yamelavé, nofuenada”.

No había trato:

“Siéntate ahí”.
Enjuagadita.

Aparición del botecito de fosforescencia intensa.

Apertura de tapita con aplicador cuadriculado ensopado en el terrorífico liquidito.
Aplicación.

Grito.
Ardor.

Más ardor.

Soplido de mamá.
Curita (no siempre, dependiendo de la extensión del daño).
Abrazo de mamá.
“Ya pasó”.

Ya no es lo que era

Lo curioso es que el Merthiolate que recordamos ya no es el que encontramos hoy en la farmacia o en el súper. El producto original, desarrollado por Eli Lilly en los años veinte, llevaba tiomersal o timerosal, un compuesto que contiene mercurio y que se utilizó durante décadas como antiséptico. Con el tiempo, ese ingrediente dejó de utilizarse en productos tópicos y la fórmula de Merthiolate cambió.

En México, el Merthiolate que actualmente se comercializa utiliza cloruro de benzalconio como principio activo. La marca sigue existiendo (con la tradicional versión rojita y una blanca como para disfrazar la ardorosa experiencia), aunque ya no necesariamente viene a traumatizarnos la infancia con la misma intensidad. Los niños de ahora no serán tan fuertes como las generaciones anteriores, quizá -y sólo quizá- porque sus heridas de batalla se alivian reseteando el videojuego.

El nuestro, desapareció

Con el Merthiolate original desapareció una pequeña tradición familiar: que una raspada de rodilla podía convertirse en una tragedia griega de tres actos, con mamá de protagonista, aplicador de coprotagonista y un frasquito rojo como villano.

Y uno, la eterna víctima de las aventuras de asfalto.

¿Qué recuerdos te trae esta marca? ¿Dolorosos? ¿Divertidos? ¿Tu infancia? ¿La de tus hijos?

Ven y cuéntame. Escribe aquí tu opinión o platiquemos en Twitter (nadie le dice X): @LaBreton.

Liliana Bretón

Publicista-mercadóloga enfocada en conducta y experiencia de consumidor

Publicista y mercadóloga; curiosa investigadora de todo; coleccionista de datos; amante de cine, música, libros y el buen sentido del humor; chef aficionada: platicadora consumada; Beatlefan y chocohólica. Socialmente analfabeta. Chilanga sin remedio.

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