Agencias Pujol vs Agencias garnacheras ¿Cuál es la buena?

8 am, CDMX, se escuchan platos rotos y sartenes golpeando las paredes, acompañados de un alarido de enchilamiento más fuerte que el de un cruzazulino en plena final de la Liguilla. Mientras, una parvada de pájaros sale volando de un árbol y dentro de una chulísima cocina, vemos a un chef de alto pedorraje -como Enrique Olvera para ser precisos- mentando madres mientras su staff se esconde detrás de las mesas.

Un hombre con gorro de chef muestra su experiencia culinaria.

¿Por qué la ira? Por los puestos de garnacha de la esquina y miles más en la ciudad que atienden a millones de comensales con sendas dotaciones de frituras de maíz bañadas en salsa y crema.

“¿CÓMO SE ATREVEN ESOS GARNACHEROS A VENDERLE A ESA POBRE GENTE ESAS COCHINADAS CUANDO DEBERÍAN DE ESTAR SABOREANDO MIS MANJARES DE MIL PESOS (bajita la mano)?”, reclamaría el pobre Olvera.

Fin de la escena.

No sé cómo la hayan visto, mis suculentos lectores, pero a mí me parece una escena poco creíble; es decir, sería una verdadera jalada que los garnacheros sean un dolor de cabeza para el chef en cuestión “porque le quitan chamba”.

Bueno, así como lo leen, se ven algunos especialistas en creatividad y comunicación cuando se quejan de aquellas mini agencias rinconeras que optan por vender sus PAKETAXOS de logos, campañas, o cualquier servicio similar a precios estúpidamente “competitivos”.

Una imagen de una mujer con un perro y un arcoíris, perfecta para agencias.

“¿Cómo se atreven a vender esas cochinadas a esos pobres clientes? ¡LE DA EN LA MADRE A LA INDUSTRIA!”, dirían muchos.

Una imagen de Stitch, un querido personaje de dibujos animados.

Para empezar, el cliente no siempre es taaaaan inocente como para irse por este tipo de proveedores “por que no sabía” y esa le pareció buena. Sí, hay un tema de lana de por medio, pero también, si le preguntaran a este, su servidor y amigo columnista, les diría que hay otros igualmente importantes:

El Desafío en la Ejecución del Piso de Ventas | Ernesto Luebbert & Hans Hatch
  • No todos los clientes necesitan una campaña 360 grados con influencers y un reporteo en tiempo real.
  • No podemos cobrar lo que queramos, porque somos los verdaderos chingones y ya.
  • No porque cobremos barato, estamos haciendo una buena chamba.

Pausa: hay que decidir a qué tipo de clientela le tiramos.

Por un lado, trabajar para clientes grandes y prestigiados es codiciado; principalmente por lo económico y el renombre, a pesar de lo poco constante que sea. Pero, eso aleja a los clientes que tienen poca lana y un problema de negocio muy puntual. 

Un trofeo de oro con una pequeña hendidura en el medio.

Por otro lado, ser chiquito, pero rinconero es una solución inmediata, económica y efectiva (y tal vez, también eficiente) para los clientes, tiene un flujo de trabajo constante, pero NO TIENE LA CAPACIDAD DE SOLUCIONAR aquellos problemas de negocio profundos y complejos.

Pero, tío Presno, ambas son rebuenas y nos iría “requetebién” (como dijera la Gober del Edomex). Puede ser, pero en realidad sí hay que escoger si se van “con melón o con sandía”, porque tratar de atender ambos tipos de clientelas tiene implicaciones tanto en lo operativo, como en lo financiero y eventualmente impacta en lo reputacional, porque todos exigen parejo. Se los paso al costo, lectores hermosos.

Asimismo, no hay que dejar de escuchar a todos los clientes que les caigan pidiendo una cotización. Entiendan su verdadero problema de negocio y a partir de eso, sean sensatos con lo que pueden o no ofrecer y, principalmente sean francos y transparentes con ellos. Solo no se lo tomen personal si les piden solo un logo o una encuestita de Survey Monkey. Ayúdenlos también a entender qué hacen ustedes educadamente y suelten. Aunque no lo crean, les darán confianza y muy probablemente regresen con ustedes para un siguiente proyecto.

Y, por no dejar, lleven a sus becarios a estas juntas de brief. Es un gran ejercicio para que se fogueen con los prospectos y para que vean cómo ustedes ponen el ejemplo.

Nos leemos pronto.

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