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Barbie: creada para soñar con algo más que ser mamá


El pensamiento estratégico detrás de la creación de Barbie consistió en llenar un vacío en el mercado al ofrecer una muñeca con cuerpo y rol de mujer adulta que permitiera a las niñas proyectar sus aspiraciones profesionales y personales a futuro, rompiendo con la norma de las muñecas bebé que solo fomentaban el rol de crianza y maternidad: Ruth Handler, madre y empresaria, creadora de Barbie.

Para mi fortuna infantil, tuve una madrina muy internacional y bastante fifí. Viajaba mucho y, en uno de esos viajes, me trajo algo que para las niñas mexicanas de mi generación era casi exótico: una Barbie. No era bebé, no había que arrullarla, darle de comer ni cambiarle el pañal. Era una mujer. Y además, una mujer a la que se le podían comprar vestidos, zapatos, accesorios, casa, coche…

Para entenderlo, regresemos a 1959.

Invitación columnista universitario

Hasta entonces, buena parte de las muñecas con las que jugaban las niñas representaban bebés o niñas. El juego consistía, en buena medida, en cuidar: alimentar, bañar, vestir, arrullar. Pero Ruth Handler, cofundadora de Mattel, observó algo distinto cuando veía jugar a su hija Barbara con muñecas de papel. Barbara prefería representar mujeres adultas y cambiarles la ropa para imaginar distintas historias.

Handler vio una oportunidad que otros no estaban viendo: quizá las niñas no solamente querían jugar a cuidar a alguien. También querían imaginarse tomando control de sí mismas en el futuro.

La idea era tan sencilla como innovadora: en lugar de jugar a ser mamá, podían jugar a ser lo que su imaginación, sus sueños y su personalidad les dictaran

Pero Barbie tampoco nació exactamente de la nada. Durante un viaje a Alemania, Ruth Handler conoció a Lilli (mi tocaya), una muñeca de moda producida desde 1955 y basada en un personaje de caricatura del periódico alemán Bild. Lilli era una mujer adulta, estilizada y muy diferente de las muñecas infantiles tradicionales. Handler adquirió una y la llevó a Estados Unidos, donde impulsó la compra de los derechos Lilli por parte de Mattel.

El 9 de marzo de 1959, la marca presentó a Barbie en la Feria Internacional del Juguete de Nueva York. La primera llevaba el famoso traje de baño de rayas blancas y negras, zapatos de tacón y una coleta rubia. Costaba tres dólares. Y en su primer año se vendieron unas 300,000.

Y aquí aparece otra genialidad mercadológica: Mattel ya había entendido algo que hoy parece obvio, pero entonces definitivamente no lo era: había que hablarle directamente a las usuarias, es decir, a las niñas. Entonces, Barbie despertó el deseo incontenible de tenerla en sus manos por medio del programa del Club De Mickey Mouse, mismo que la empresa ya venía utilizando desde unos años antes.

El concepto era muy real pero revolucionario: la muñeca se vendía por sí misma en su cajita de cartón con ventanita de celofán transparente, y por separado se vendían infinidad de kits de vestuarios diversos, accesorios y zapatos incluidos, representando infinidad de profesiones y labores de mujeres empoderadas y activas.

Paulatinamente se fueron integrando modelos de actividades tan modernas y actuales (en ese momento) como periodistas, arquitectas, diseñadoras y hasta astronauta, con base en la llegada del ser humano a la luna.

La muñeca era el punto de partida de un universo.

Lo interesante de la inspiración de Ruth Handler es que no empezó con un producto para después buscarle un consumidor. Empezó observando el comportamiento de su hija e inteligentemente lo transpuso al resto de las niñas que empezaban a tener inquietudes de romper barreras y poder imaginar y determinar su propio futuro.

La evolución de Barbie a través del tiempo ha sido dinámica y agresiva. Por ejemplo, durante décadas representó un físico muy específico de proporciones irreales. Se le fueron ajustando sus medidas, se le agregaron articulaciones en manos y piernas, además de incorporar nuevos elementos a su entorno: una pareja, una hermanita, vehículos, casas y oficinas especializadas. También se empezaron abrir posibilidades de diferentes etnias y de ediciones especiales representando personalidades reales, como recientemente se hizo con Marilyn Monroe o por allá por la década de 1990 se presentó un estuche espectacular de Dorothy y sus compañeros de aventuras en la película de El Mago de Oz.

Las opciones resultaron inimaginables: los estuches de profesiones llegaron a todos los rincones y hasta patrones para hacerle su ropa fueron incorporados para poderla vestir como tú quisieras.

Barbie, una de las más longevas y vibrantes, que ha enamorado a muchas generaciones que se han inspirado para desarrollar un rol propio en su vida. Mi madrina fifí me facilitó la concreción de mi sueño infantil.

Liliana Bretón

Publicista-mercadóloga enfocada en conducta y experiencia de consumidor

Publicista y mercadóloga; curiosa investigadora de todo; coleccionista de datos; amante de cine, música, libros y el buen sentido del humor; chef aficionada: platicadora consumada; Beatlefan y chocohólica. Socialmente analfabeta. Chilanga sin remedio.

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