El consumidor 2021: resiliente y adaptable

La pandemia trajo consigo un cambio de reglas en muchos sentidos. La forma en que consumimos es uno de ellos, el que está íntimamente ligado a las prioridades que tenemos, y que también se transformaron en los momentos aciagos en que vivimos. 

En ese contexto, la firma de investigación estratégica de mercado Euromonitor International determinó que la principal necesidad de las personas es proteger su salud y los intereses de la sociedad y del planeta. Por eso, suelen ser empáticos con las empresas que muestran un compromiso social que también se refleja en la protección de su fuerza laboral. 

Los temas ambientales no dejan de estar en el radar. La reducción del uso de plástico, el reciclaje, el uso de materiales sostenibles en empaques y envases, entre otros tantos, siguen siendo importantes a los ojos de quien compra. De modo que se puede compensar o castigar a las marcas a partir de esos parámetros.

Después del encierro al que ha condenado la pandemia, el anhelo de convivir está más latente que nunca. La respuesta que las empresas pueden dar a este sentir es el desarrollo de experiencias de consumo resiliente (que de alguna forma mantengan la convivencia).

Una de las fórmulas que sugiere Euromonitor es que las empresas preserven experiencias de compra ágiles y fluidas en todos sus canales. No sólo los digitales; aunque el e-commerce ganó terreno y es preferido por los jóvenes, las personas adultas prefieren el trato con otras personas.

Migrar desde ciudades densamente pobladas a zonas rurales es otra de las perspectivas en la mente de los consumidores, luego de las restricciones de movilidad de la pandemia.  La idea para atender este anhelo es poder ofrecer la conexión con entornos naturales o exteriores.

Otra de las tendencias del consumo es la dualidad entre la realidad y el entorno digital, a la que Euromonitor le llama Phygital. El reto de los negocios es integrar procesos virtuales a sus espacios físicos y ofrecer experiencial digitales en el hogar que impulsen el comercio electrónico y ayuden a recopilar datos.

Aprovechar el tiempo al máximo es otra inquietud. Los negocios responden a ésta ofreciendo productos y/o servicios a los que se puede acceder desde casa o cerca de ésta. Opciones como el servicio durante 24 horas para atender los distintos horarios de los compradores puede funcionar.

El hartazgo y la desconfianza de los consumidores se ha traducido en una tendencia al autocuidado, la rebeldía y la búsqueda de satisfacción de necesidades por sí mismos. Para atender esta inquietud se aconseja un marketing más preciso en redes y plataformas sociales que logren ser voz de las personas.

La firma de investigación alerta del riesgo que también corren empresas y redes sociales de perder la confianza y credibilidad si no comparten información precisa y relevante.

Esa advertencia recuerda el caso de WhatsApp que quería cambiar las clausulas de su contrato sin dar información ni aviso previo. En respuesta, se dio una desbandada hacia otros servicios de mensajería. 

La nueva obsesión de las personas está en la seguridad y la higiene, un tema comprensible ante le temor de infección de un virus que ha causado ya miles de muertes en el mundo. Lanzar innovaciones y medidas que respondan a esta preocupación, sobre todo, en temas de menos contacto y más higiene, debe estar en las prioridades de las marcas.

Ir en busca de una vida más plena que signifique automejoría es otra de las metas que se tienen. Por ello, se recomienda pensar en productos que apoyen el bienestar mental y la resiliencia de las personas.

Ser ahorradores y reflexivos es otro de los nuevos hábitos entre los consumidores, quienes con una mentalidad “de recesión” buscan gastar en productos que les ofrezcan un valor agregado, sobre todo, orientado hacia su salud.

Al comportamiento anterior se sugiere responder con una buena relación precio-calidad, opciones accesibles sin sacrificar calidad y una fuerte relación con la salud, bienestar y autocuidado. Hay que tener presente que la incertidumbre económica se traduce en la moderación de gasto.

El cambio de los espacios de trabajo también ha significado un cambio de hábitos: cómo se viste, qué se come y dónde se come. Por ejemplo, en lo que toca al cuidado personal, vestuario y rutinas de belleza, éstas se han simplificado, y obligan a los negocios a repensar sus productos a medida que las personas buscan un vestuario más casual y verse más naturales.

La transformación de los espacios de trabajo también ha significado un desbalance de vida-trabajo, por lo que se espera que los negocios ayuden a revertirlo y respondan a las necesidades de productividad y de comunicación, que ahora existen. 

Editorial S.M
Equipo editorial de la Revista Soy.Marketing
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