Y casi nadie en marketing está hablando de eso.
Hace diez años, si querías hacer networking, ibas a un desayuno de negocios.
Hoy… vas a correr.
Lo que está pasando con el running no tiene que ver solamente con performance, VO2 max o super shoes. Tiene que ver con algo mucho más profundo: Pertenencia.
Correr se convirtió en el nuevo punto de encuentro.
Antes la oficina era el lugar donde conectabas. Después fueron los coworkings. Hoy son los Run clubs.
No importa si eres CEO, creativo, emprendedor o estás buscando trabajo. En el kilómetro 7 todos respiran igual. Y eso iguala.

El running dejó de ser ejercicio y se volvió lenguaje social
y las marcas lo entendieron antes que muchos.
- Nike no vende calzado: construye comunidad.
- ON no vende CloudTec: vende identidad.
- HOKA no vende espuma: vende sensación de pertenencia.
Y lo más interesante es que el fenómeno ya trascendió el deporte.
Hasta Bumble entendió el momento. La app de citas activó carreras y running clubs porque detectó algo obvio: hoy la gente conecta más fácil compartiendo kilómetros que compartiendo un drink. El sudor reemplazó al bar como primer filtro social.
Y eso cambia todo.
Porque cuando el deporte se convierte en espacio cultural, se convierte también en plataforma de negocio.
Los Run Clubs hoy son:
• Puntos de construcción de marca
• Embudos orgánicos de adquisición
• Espacios de influencia real
• Microcomunidades con alto valor aspiracional
Y aquí está lo verdaderamente relevante: las nuevas relaciones —personales y profesionales— ya no se están construyendo en salas de juntas, se están construyendo en movimiento.
El running no es una moda. Es infraestructura social.
Food for thought:
Si tu marca todavía piensa que el running es solo un deporte… probablemente ya llegó tarde al networking más poderoso del momento.








