Soy de las personas que creen que es una absoluta estupidez pelearse con alguien cuando se va en el tráfico y peor, bajarse a enfrentar a cualquier persona. La violencia en la metrópoli es brutal y nunca sabremos cuando nos enfrentaremos a alguien que no tenga reticencias para usar un arma o de plano, que si sepa meter las manos ‒no como uno‒ y nos deje sangrando en la acera.

También soy de la idea que en estas épocas aquello de que “el que se enoja pierde” debe de ser una firme política de comportamiento. En la actualidad, cualquiera que ya sepa ir al baño sin auxilio de nadie, tiene una cámara disponible en la mano y está deseando transformarse en el próximo éxito de redes sociales, por lo que es casi imposible que el más mínimo incidente callejero se quede sin registro de video.

No importa que uno sea un perfecto desconocido, cualquiera corre el peligro de que lo le cuelguen el letrerito de “Lady” o “Lord” de algo; ¿Cuántas veces hemos visto a gente que, por perder los estribos y dejar al descubierto al pequeño escuincle inmaduro que lleva dentro, pasan a formar parte del folklore de las redes sociales?

Se pierden reputaciones y hasta trabajos por el simple hecho de gritonearle de forma grosera a una persona que presta un servicio o que tuvo la desgracia de atravesarse en el camino.

Tengo la seguridad de que cualquier representante de famosos que tenga cinco gramos de sentido común recomienda a sus clientes siempre mantener la cordura sin importar que ocurra. Este pedazo de sabiduría debería de incrementarse si el personaje en cuestión ya es famoso por sus desplantes.

Escribo todo esto luego del ridículo que hizo el actor y presentador Alfredo Adame al pelearse en plena calle con una familia. El señor es famoso por perder la cabeza a la mínima provocación; como olvidar las grotescas actitudes que tomaba cuando era candidato ‒momento en que más debía de mantener la cordura‒ y se liaba a palabras y mentadas con cualquier transeúnte o automovilista que se atreviera a cuestionarlo.

Es de mecha corta pues.

Por supuesto que cualquier persona con cierto renombre tiene detractores y en estos casos no pierden la oportunidad de hacer leña de árbol caído. A Adame no solo lo humilló una familia de tres, lo humillaron infinidad de usuarios de redes sociales y, aunque el actor salga a decir que la razón lo asistía, sigue siendo una reverenda estupidez dejar que lo graben a uno peleándose como cualquier gandul en la calle. Pero, además, Adame se humilló a si mismo: la imagen de la camisa rota y la espalda en el piso va a ser muy difícil de borrar del imaginario colectivo.

Decía arriba que una persona que se mete en tantos problemas no deja de tener enemigos; uno de los que no tardaron en meter su cuchara fue la némesis del presentador, el charlatán y “experto” en fantasmas, Carlos Trejo quien no tardó en publicar un tuit en franco tono de burla.

Es sabido que existe una enferma rivalidad entre ambos personajes que llega al odio; que se han retado para pelear a golpes y que no pierden oportunidad de burlarse del otro, sin embargo todo el asunto no ha pasado de declaraciones hechas a programas especializados en la farándula. Mucho ruido, pero pocas trompadas.

Un caso que me recuerda el del comediante estadounidense Andy Kaufman:

Siendo un auténtico provocador, decidió aprovechar la teatralidad de la lucha libre para lanzar un reto de pagar un premio en efectivo a cualquier mujer que le pudiera ganar. El asunto era todo un show y Kaufman luchó contra varias mujeres en algo que era un espectáculo montado para proclamarse Campeón Mundial de la Lucha Intergénero, cosa que él mismo inventó.

Esto de tener sólo mujeres como contrincantes le causó críticas por parte del luchador profesional Jerry “The King” Lawler quien lo retó a un verdadero enfrentamiento contra un hombre. Contrario a lo que muchos pensaban, el comediante aceptó.

El enfrentamiento se dio en la ciudad de Menfis, Tennessee, donde Kaufman llegó con una actitud muy arrogante y lo primero que hizo fue intentar explicar al público enardecido, de manera muy condescendiente, cómo utilizar el jabón y el papel higiénico. Esto después de calificar a la ciudad como la “capital redneck” del país.

Por supuesto que a Kaufman le dieron una golpiza con la que terminó usando collarín, pero esto no significó de ninguna manera, dejar el pleito contra Lawler. Durante una entrevista con David Letterman terminaron de nuevo a golpes y el luchador volvió a lesionar al comediante.

Aquí las imágenes de la entrevista, con repetición de la lucha original.

Más tarde se supo, gracias a la película biográfica de Kaufman “Man on the Moon” (protagonizada por Jim Carrey), que todo el asunto entre Kaufman y Lawler fue un montaje. Ambos se habían puesto de acuerdo previamente y era una estrategia para provocar y atraer la atención del público.

Sin duda alguna, cumplieron cabalmente con su objetivo.

Justo creo que eso es lo que ocurre con esa enferma relación entre Adame y Trejo: mucho ruido, pero jamás ocurre nada. Podría asegurar que tienen algún tipo de acuerdo en el que, ante los ojos del público, se van a tratar como enemigos y así atraer las miradas a sus tristes y menguantes carreras.

¿Lo están logrando?

Por lo contrario, si Adame está intentando llamar la atención utilizando una conducta errática y agresiva, lo está consiguiendo de la peor manera.

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