¿Estamos hechos pedazos o estamos hechos de pedazos?

Decía el filósofo francés Jaques Maritain que “cada hombre, es una unidad en sí mismo y por ello siendo individuo, posee esa capacidad de diferenciarse y separarse de los demás existentes e incluso de los iguales a él”, por lo tanto cada ser humano es una unidad, es decir, ya es una pieza completa en sí misma que tiene todos los ingredientes necesarios para Ser por la propia existencia en sí, pero surge una confusión que nos arrastra sin darnos cuenta porque hay una línea casi invisible entre el ser y el estar que al conjugarse nos lleva a significados diferentes que parecieran lo mismo, por ejemplo: “Ana es mujer”, y así cambiara de sexo su esencia biológica sigue siendo de mujer y si decimos “Ana está siendo mujer”, no necesariamente es lo que Es porque también Pedro puede estar siendo mujer, ¿no? y se preguntarán ¿y hacia dónde va esto que parece un confuso trabalenguas sin fin?, ahí les va, tengan paciencia…

Empecemos con las definiciones que ofrece *Significados para darle soporte al desarrollo de este pequeño ensayo; SER: se utiliza para expresar cualidades esenciales o características permanentes del sujeto, y ESTAR: se utiliza para expresar características o estados transitorios que dependen de circunstancias.

No es lo mismo ser que estar, y en definición queda muy claro pero en la práctica es distinto porque muchos creen ser el lugar o posición que están siendo, es decir, eso que “estamos siendo” se moldea con diferentes factores externos como circunstancias, personas, contextos, actividades, incluso la historia familiar juega un papel importante en nuestro suceder, y bueno, siguiendo con el ejemplo de Ana, cuando ella nace siendo mujer no tiene que hacer nada para que “administrativamente” sea reconocida como tal, pero en un contexto social ella decide como quiere ser vista, y todos decidimos como ser vistos, ya que de una u otra forma vamos complementando el “Ser” con pedazos de experiencias que nos encontramos en el camino. 

Haciendo una analogía (que me encantan) es como si ese Ser fuera un teléfono que ya en sí funciona, y esos pedazos que menciono fueran actualizaciones, así que cada pedacito que agregamos nos permite la adaptabilidad necesaria para la función que desempeñamos hoy y cada quien según su contexto decide que actualización descarga y la hace suya y se vuelve más competitivo en un programa de su vida, o le da un toque cool, o mejora su conectividad, o crea más espacio o le da mayor capacidad de almacenamiento, de conocimientos, lo que le sea útil pues. El punto es darnos cuenta que independientemente de las actualizaciones no somos la actualización, somos el teléfono. 

Olvidar nuestro origen ya funcional, nos crea muchas veces una neurosis incluso colectiva de búsqueda de perfección y competencia, tenemos la absoluta la libertad de crearnos y creer que somos lo que somos, pero es una ficción que desaparece cuando llega la nueva actualización que nos llevará a otro lado, con otros grupos, en otro lugar y siendo otra cosa.

Esto me invita a pensar que cuando dejas de instalar las actualizaciones es cuando surge la creencia  de que el trabajo está terminado, ya sea porque nos gusta lo que vemos en nosotros o nos da una flojera enorme el cambio, y a menudo se nos olvida que pasaron muchas personas y situaciones en nuestra vida para ser lo que estamos siendo, hay pedazos de otros en nuestra vida y nuestros en la vida de otros, así que valdría la pena revisar la utilidad comunitaria de esas actualizaciones, las mismas que nos vuelven eficientes socialmente hablando o destructivos y egoístas por la necesidad de mostrar un valor agregado que no nos pertenece del todo y no quito el mérito a los pasos que cada uno da para sentirse mejor, pero no es algo que se construye de forma solitaria, existe la generosidad de otros que nos aportan actualizaciones dolorosas, o maravillosas y cada uno decide que sigue cargando, la vida no solo se trata de ti y de tu circunstancias, es decir, ¿de todas las actualizaciones que podemos descargar cuál es más útil para todos?, ¿agradecemos a otros la información que nos regalan?, ¿cuándo vamos a desinstalar esa actualización obsoleta y decadente para dejar de quejarnos como niños de todo lo que sucede a nuestro al rededor?.

Bien vale la pena procurar poner atención a los detalles, a esos que surgen en forma de palabras, de publicaciones o acciones, no sabemos lo que somos capaces de sembrar en otros hasta que cosechamos nosotros.

Dice Eduardo Galeano: “Al fin y acabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos

Ana I. Garduño Organista
Comunicóloga, entrevistadora, responsable de lo que digo, opinóloga desde los 3 años, antifeminista a favor de mujeres y hombres por igual, creadora de Lo vi con Ana, cuestiono casi todo y vivo desaprendiendo.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días viernes de cada dos semanas.
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