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El éxito es el peor consejero.

Una de las líneas aéreas más exitosas de la historia moderna es PanAm. Después de cuarenta años de construcción de la empresa, de su mercado y de la marca, en la década de 1970 era simplemente imparable. En primera clase, por ejemplo, podías disfrutar de un exquisito menú de 7 tiempos, mientras que en clase turista era ‘sólo de 5; tuvieron el pleno Manhattan una emblemática locación -donde hoy está MetLife- que por muchos años fue el edificio de oficinas más grande de Estados Unidos (y seguramente del mundo), muestra de su contundente poderío; para pilotos y sobrecargos era la cima del Everest de su carrera, como la cereza del pastel que todos querían alcanzar (si viste la película “Catch Me If You Can” lo viste con tus propios ojos); era dueña de la gran cadena de hoteles Intercontinental; y su flota tenía los mejores aviones y las mejores rutas del mundo… en 1981 se declaró en quiebra y remató sus hoteles, entre otras muchas cosas, y en 1991, veinte años después de estar en la cúspide del mundo, dejó de operar.

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Otras dos marcas muy pero muy exitosas tuvieron un desenlace similar después de la llegada de la era digital. La primera, que desapareció en su totalidad, fue Blockbuster. La segunda, que sigue subsistiendo pero no termina de levantarse, es Kodak.

Estos tres casos tienen algo en común: al estar en una posición privilegiada e inalcanzable, simple y sencillamente perdieron piso. Sintieron que nadie podría decirles cómo hacer las cosas (¿cómo?, si nadie les dijo cómo llegar a donde estaban) y desoyeron las claras señales del declive. PanAm fue incapaz de ver la crisis de combustible de la década de 1980, mientras que Blockbuster y Kodak desestimaron el poder de la tecnología y la fuerza con la que la era digital las desbancaría.

Lo mismo pasa con las personas. Hace poco escuché que el Loco Valdés está muy enfermo y su familia ha estado recabando recursos para fondear su estado de salud. Tiene en su haber infinidad de películas que hizo con su hermano Tin-Tan (quien incluía a toda su banda en sus proyectos, haciendo famosos a sus dos hermanos, el Loco y Don Ramón), durante varios años tuvo programa de televisión diario, así como largas temporadas de show nocturno en vivo. Seguramente pensó que el encumbramiento era infinito, por lo que no previó el final de su carrera ni el de su ingreso económico.

Todos corremos ese riesgo. El éxito es un pésimo consejero, pues nos enceguece y nos impide ver que con un pasito mal dado podemos caer al precipicio y no volvernos a levantar. Hay que ser prudentes y precavidos. Los años transcurren en un abrir y cerrar de ojos. Con puestos tan efímeros como resultado de tecnologías, modas y tendencias pasajeras, es importante saber ser resiliente y tener un plan B siempre en el cajón. El éxito es temporal cuando la soberbia lo acompaña.

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