¿Por qué fallan de forma tan miserable nuestros propósitos de año nuevo?

Llega fin de año y, como de costumbre, todo mundo quiere ser más buenito enviando memes de paz, amor y fraternidad navideña así como de año nuevo. Como si todas las trapacerías a lo largo del año quedaran, de manera repentina y automática, anuladas con los buenos deseos.

Del pleito alimenticio ni hablamos, las huestes anti-romeritos salen a anunciar que ellos no comen semejantes porquerías mientras que los pro-romeritos no dudan en descargar su rencor clasista para aseverar que sólo a los fifís no les gustan.

Platos navideños como detonadores de la lucha de clases.

Como si el hecho de comer hierbas fuese un estamento de nacionalismo y comunión con el pueblo bueno. Sólo los que no tienen conciencia de la lucha de los oprimidos presumen su pavo relleno o la pierna de cerdo que prepararon para esta navidad. No hay nada más alejado de la miseria… perdón, de la austeridad cuatrotera.

Sin embargo, luego de desear lo mejor a nuestros seres queridos, a amigos y compañeros laborales, a la nación y la humanidad, llega por supuesto, la preocupación por la persona más importante de todas: uno mismo.

Llega año nuevo y el dicho dice que llega una vida nueva (¿quién inventa esas cosas?).

Tenemos que mejorar, ser personas renovadas que se alejen cada vez más de la imperfección para acercarse a la santidad, a la comunión de cuerpo y mente con costumbres y características correctas que no sean perjudiciales, ni para uno, ni para los demás, ni para nuestro planeta.

Los que fuman, miran la cajetilla con cierto sentimiento de odio-amor y comienzan a sopesar la idea de dejarlo definitivamente este año. Aprovechar la nueva era luminosa postcovid que se nos tiene preparada para dejar ese feo vicio que, además de afectar seriamente nuestra salud, nos está saliendo en un ojo de la cara. ¿Cuánto va a costar la cajetilla luego de los nuevos impuestos que el gobierno nos va a regalar en enero?

De manera solemne la voz interior hace la promesa de dejar definitivamente el tabaco para buscar una mejor vida alejada de vicios estúpidos (y caros). Seguro se imaginan corriendo libremente por un bosque de fantasía.

Los que comieron mucho y los que no necesitaron hacerlo porque ya estaban “robustitos” desde antes, también comienzan a cuestionarse seriamente sus decisiones de vida.

Basta de alimentos chatarra, basta de refrescos y de productos que no solo engordan sino también hacen daño; basta de sellos negros. Es una verdadera vergüenza que los cuatro turnos del Oxxo de la esquina lo conozcan a uno por el nombre de pila. Ha llegado el momento de hacer un esfuerzo el año entrante para así regresar al peso ideal.

Gracias a sitios web y apps del teléfono es posible organizar una dieta y una rutina de ejercicio para así lograr una vida más sana. Basta con seguirlas al pie de la letra y, ahora sí, concientizarnos de la necesidad de bajar esos kilitos que sobran.

Por supuesto que la forma ideal de organizar esto es acudiendo a un gimnasio. Todos y cada uno de ellos ya tienen preparadas una serie de promociones y descuentos para esas resoluciones de año nuevo. Gloriosos meses gratis para así apoyar de forma solidaria a aquellos que han optado una nueva y mejor vida.

Como es seguro que serán muchos los que acudirán al local de ejercicio hay hasta posibilidades de nuevas amistades y romance. ¿Quién le va a hacer el feo a un agradable exgordito que ahora es un verdadero Atlas? Nada más esperanzador que el osado nuevo mundo.

Hay quienes prometen que ya le van a bajar al alcohol, a la histeria, al mal humor, al exceso de horas de Netflix, a los gritos a la pareja o a los hijos. Es claro que no hay momento mejor para hacerlo que ese punto lejano e indeterminado para intentar cambiar.

Y mientras las personas en proceso de renovación ven con esperanza al horizonte, el reloj sigue su marcha y, como dice el dicho, no hay plazo que no se venza.

El último día del año, a manera de despedida se fuma el triple, se emborrachan como nunca y se atracan como si no hubiera un mañana. Ha llegado el momento de la verdad y lo mejor es despedirse como los grandes ante la llegada inexorable del momento para ser mejores personas.

Corte al primer día del año.

Los excesos de la víspera hacen que muchos se sientan confiados en alcanzar las metas propuestas; la cruda del alcohol y el tabaco, las agruras de fuego y demás indicadores de los excesos, los hacen confirmar esa determinación, sin embargo, la duda no tarda en llegar.

Claro que prometí bajarle a la tragada y ponerme a dieta pero, ¡todavía falta la Rosca de Reyes! Juro que el día ocho, comienzo ahora si el régimen”, dicen mientras imaginan un trozo de rosca con la capacidad de transportar diez muñequitos como pasajeros, siendo sumergido en humeante chocolate.

Normalmente los tragones son los primeros en caer; los pretextos de recalentados y otros placeres siempre surgen y, normalmente, todos terminan vencidos. Siempre tendrán la semana entrante para comenzar la dieta o, ¿por qué no? Desplazarla hasta febrero, luego de los tamales, por supuesto.

Los fumadores tienen un rango más amplio; luego de un par de semanas se sienten seguros y tienden a bajar la guardia para fumarse “uno nada más”, sin comprar y sin “que se haga una necesidad”. “Total, ya dejé de fumar varios días, no me puede caer mal uno, solo para tranquilizar las ansias”.

Cuando se dan cuenta, ya estarán aplicándose la misma cajetilla diaria, pero eso sí, con una cruda moral del tamaño de su tos de fumador. La conciencia, esa eterna enemiga, no tardará en convencerlos que para el 2023 si será posible dejarlo: ¡Todo un año para despedirse del espantoso vicio!

Por su parte, el gremio de los “que se van a ejercitar” son un tema por completo distinto.

Ellos ya pagaron de antemano la suscripción semestral al dos por uno del gimnasio y no piensan perderla. El primer día hábil del año se levantan muy temprano en medio de la opresiva oscuridad, pero con todo el ánimo del mundo, para acudir al local que ya está repleto de resolucionistas anuales.

Como buenos deportistas que son, se enojan porque no hay lugar cerca del gimnasio para estacionar el coche y se ven forzados a caminar toda una cuadra para llegar a hacer sus ejercicios.

(Es increíble la cantidad de gente que hace esto y no se da cuenta del enorme grado de estupidez que implica. Se los dice alguien que vive frente a uno de estos locales)

Como el gimnasio está saturado de resolucionistas, los entrenadores prácticamente carecen de tiempo para atender a los novatos; los aparatos están saturados y hay cola para usarlos mientras que los clientes asiduos (son reconocibles porque ellos no tienen la misma panza navideña) miran con desprecio. “Estos no aguantan mucho” parecen burlarse, los muy bellacos.

Normalmente el hecho de haber pagado el semestre completo los lleva a completar una semana de ejercicio pero, poco a poco, la flojera termina venciéndolos. El “mañana le echo más ganitas” comienza a triunfar en las frías madrugadas de enero y, además, el “ya estoy harto de que me mire feo el tipo ese que parece personaje de He-Man” se transforma en todo un impedimento.

Está más que claro que esta es la mejor época para los gimnasios, ya que venden planes de largo plazo a personas que tienen la voluntad muy corta.

Aquí les va la idea millonaria que inspiró todo este texto.

Dicen por ahí que el tercer lunes de enero es el lunes azul, el día más depresivo del año.

Creo que su existencia se debe a varios factores, como el de haber gastado hasta lo que no se tenía en la época de fiestas, sin embargo, uno de los elementos que más ayudan a oscurecer ese lunes inocuo, son quienes se sienten mal consigo mismos debido a que no pudieron mantener una maldita resolución más allá de algunos días. Tal vez un par de semanas para los más tercos.

No pudieron dejar de fumar, siguen tragando igual o peor y ni hablar del sedentarismo. Al gimnasio solo fueron tres horas en total.

Afortunadamente la mente humana es muy buena para racionalizar este tipo de cosas y poco a poco van apechugando: “Soy joven, aún me quedan muchos años-nuevos para hacer resoluciones”, se convencen algunos para hacerse la promesa solemne que, ahora si para el año que entra, buscarán tener mejores decisiones de vida.

Todo mientras celebran con un par de tamalitos y un buen champurrado el día de la Candelaria.

Armando Reygadas Anfossi
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s. Hasta la fecha participo en programas de radio así como podcast, además de editar reseñando.com.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días jueves de cada dos semanas.
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