Durante años, las relaciones públicas (RRPP) han sido percibidas como una función exclusiva del mundo corporativo, del sector gubernamental o de las grandes marcas. Sin embargo, esta visión resulta cada vez más limitada frente a un entorno donde la reputación, la visibilidad y la gestión de vínculos se construyen desde etapas tempranas de la vida profesional. Hoy, las y los jóvenes universitarios no solo deberían conocer las relaciones públicas: necesitan empezar a practicarlas desde la universidad.
Hablar de instaurar RRPP en la etapa universitaria no implica “venderse” prematuramente ni adoptar una lógica mercantil de la formación. Implica, más bien, comprender que toda persona —desde que interactúa en un espacio académico, digital o social— ya está comunicando, representando valores y construyendo una percepción pública.
La universidad como primer ecosistema reputacional
La universidad no es únicamente un espacio de formación técnica o disciplinar; es el primer gran ecosistema reputacional de una persona. En ella se establecen redes, se construyen liderazgos informales, se desarrollan proyectos colectivos y se toman posturas públicas frente a temas sociales, académicos o institucionales.
Quien aprende a gestionar estos vínculos desde temprano entiende algo fundamental: la reputación no se improvisa, se construye. Las relaciones públicas permiten leer contextos, mapear públicos, cuidar la forma y el fondo de los mensajes, y actuar con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Estas habilidades son tan relevantes para un estudiante de derecho, ingeniería o ciencias políticas como para alguien que estudia comunicación o mercadotecnia.

Empleabilidad, diferenciación y capital social
Uno de los grandes retos para las y los jóvenes egresados es la diferenciación. Los títulos académicos ya no son suficientes por sí solos. Las organizaciones —públicas y privadas— buscan perfiles capaces de relacionarse, de representar institucionalmente, de generar confianza y de manejar situaciones complejas.
Iniciar una lógica de RRPP desde la universidad permite construir capital social de forma ética y estratégica: relaciones con docentes, autoridades, compañeras y
compañeros, organizaciones estudiantiles, redes académicas y espacios profesionales. Este capital no se traduce únicamente en oportunidades laborales, sino en credibilidad, legitimidad y proyección a largo plazo.
Quien sabe relacionarse, sabe posicionarse. Y quien sabe posicionarse, reduce significativamente la improvisación al momento de insertarse en el mundo profesional.
Ciudadanía, liderazgo y responsabilidad pública
Las relaciones públicas no solo sirven para gestionar marcas o instituciones; también son una herramienta de ciudadanía activa. En contextos de polarización, desinformación y crisis de confianza, las y los jóvenes necesitan herramientas para dialogar, construir consensos y comunicar con responsabilidad.
Desde la universidad, las RRPP ayudan a formar liderazgos más conscientes del impacto de la palabra, del gesto y de la imagen. Enseñan que toda acción pública tiene consecuencias simbólicas y que la forma en que se interactúa con los demás puede fortalecer —o debilitar— una comunidad académica, social o institucional.
Esto resulta especialmente relevante para quienes aspiran a roles en el servicio público, la academia, la gestión cultural o el activismo social.
Del currículum oculto a la estrategia consciente
Muchos estudiantes ya practican relaciones públicas sin saberlo: organizan eventos, representan a su universidad, gestionan redes sociales, median conflictos o participan en proyectos colectivos. La diferencia no está en hacerlo o no, sino en hacerlo de manera intuitiva o hacerlo con criterio estratégico.
Incorporar las RRPP desde la universidad permite pasar del currículum oculto a la estrategia consciente: entender por qué se hace lo que se hace, a quién se representa, qué mensajes se envían y qué reputación se está construyendo en el camino. No se trata de formar “personajes”, sino personas profesionales, congruentes y capaces de leer su entorno.
Una inversión a largo plazo
Empezar a construir relaciones públicas desde la universidad no es una moda ni una ventaja superficial. Es una inversión a largo plazo en identidad profesional, credibilidad y capacidad de incidencia. Las y los jóvenes que comprenden esto temprano llegan mejor preparados a escenarios de alta exposición, toma de decisiones y representación institucional.
En un mundo donde todo comunica, aprender a relacionarse con intención, ética y estrategia ya no es opcional. Es una competencia básica para el ejercicio profesional contemporáneo.
Del diagnóstico a la acción
Comprender la relevancia de las relaciones públicas en la etapa universitaria no debe quedarse únicamente en el plano teórico. El verdadero valor de las RRPP aparece cuando se traducen en prácticas concretas, en hábitos cotidianos y en decisiones conscientes que fortalecen la reputación personal y colectiva.
Lejos de requerir cargos formales o estructuras complejas, existen acciones accesibles que cualquier estudiante puede comenzar a implementar desde hoy. Estas prácticas, sostenidas en el tiempo, se convierten en una base sólida de credibilidad, confianza y proyección profesional. A continuación, se presenta un decálogo de acciones que permiten llevar las relaciones públicas del discurso a la experiencia real en la vida universitaria.
Decálogo de acciones de relaciones públicas que pueden iniciar desde la universidad
1. Construir una identidad académica coherente
Definir con claridad quién eres como estudiante y futuro profesional: intereses, valores y áreas de especialización. Esto debe reflejarse en tu participación en clase, trabajos, intervenciones públicas y perfiles digitales.
2. Cuidar la forma tanto como el fondo
La calidad del contenido importa, pero la manera en que se presenta también comunica. Puntualidad, redacción, tono, lenguaje respetuoso e imagen personal forman parte de la experiencia relacional que proyectas.
3. Mapear tus públicos universitarios
Identifica con quiénes interactúas y por qué: docentes, autoridades, compañeras y compañeros, personal administrativo y actores externos. Comprender sus expectativas permite relaciones más estratégicas y empáticas.
4. Participar activamente en espacios de representación
Comités, sociedades de alumnos, congresos, proyectos académicos o actividades culturales son escenarios reales de representación institucional.
5. Aprender a comunicar en contextos digitales
Lo que publicas, comentas y compartes construye reputación. Gestiona tus redes sociales con criterio profesional y conciencia pública.
6. Generar redes, no solo contactos
Relacionarte no es acumular nombres, sino construir vínculos basados en el respeto y el interés genuino. El seguimiento y el reconocimiento fortalecen las relaciones.
7. Observar y aprender de los protocolos existentes
Analiza cómo se organizan eventos académicos, ceremonias y reuniones institucionales. Esta observación desarrolla sensibilidad y criterio institucional.
8. Manejar desacuerdos con inteligencia relacional
El conflicto también comunica. Saber expresarlo con argumentos, respeto y oportunidad fortalece la credibilidad personal.
9. Documentar tu participación y tus logros
Registrar proyectos y aprendizajes es memoria profesional y base para construir un relato sólido de trayectoria.
10. Actuar con ética y congruencia
La confianza es el capital central de las relaciones públicas. La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es la acción más poderosa que puede ejercer una persona joven.
Las relaciones públicas no comienzan con un cargo, una oficina o una tarjeta de presentación. Comienzan con la manera en que una persona se relaciona, se expresa y asume su presencia en los espacios que habita. Para las y los jóvenes universitarios, entender esto a tiempo marca una diferencia sustantiva entre improvisar su trayectoria o construirla con intención.
La universidad no es un ensayo general: es el primer escenario real donde se pone en juego la reputación, la credibilidad y la capacidad de representación. Cada clase, cada proyecto, cada interacción y cada decisión comunica, incluso cuando no se es plenamente consciente de ello.
Incorporar las relaciones públicas desde esta etapa no significa adelantar la vida profesional, sino ejercerla con responsabilidad desde el presente. Quienes desarrollan esta mirada temprana llegan al mundo laboral con algo que no se aprende de un día para otro: criterio relacional, lectura de contexto y conciencia del impacto público de sus actos.
En un entorno donde la confianza es un recurso escaso y la exposición es constante, saber relacionarse con ética, estrategia y sentido institucional ya no es un valor agregado. Es una competencia esencial para construir trayectorias sólidas, liderazgos legítimos y futuros profesionales con verdadero impacto.
Felipe Reyes Barragan
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