¿ Los peores organizadores de un mundial ?

Niños de visita

Creo que a todos nos pasó de niños: ser forzado por alguno de los padres a atender una visita a un pariente lejano y de edad avanzada. Asistir a una casa oscura donde no había niños, y nunca los hubo. Todo era aburridísimo además que siempre había advertencias previas: “¡Nada de jugar o de estar corriendo por ahí toqueteando cosas. Los quiero sentados, tranquilos y calladitos!”. Lo más selecto de la pedagogía decimonónica.

Lo normal es que el viejito en turno tampoco fuera muy feliz de ver su casa invadida por infantes irresponsables, irrespetuosos e irreverentes a los cuales dedicaba largas miradas de desaprobación, extrañando la era en que a los niños se les calmaba con alcohol o drogas duras.

Tal vez uno accediera a ir a esa casa una vez, pero las siguientes la negativa era absoluta e irrevocable (perdón, prometo evitar las palabras que comiencen con irr-). ¿Qué caso tenía ir a verle la cara de vinagre a un viejito refunfuñón? La verdad es que si uno no es bienvenido…

Los mercenarios del deporte

Cambiando de dirección: No les puedo mentir. A lo largo de mi vida he sido fanático del deporte en diversos grados de pasión según épocas y especialidades. Lo he vivido de varias maneras por lo que si me doy cuenta de “cosas”: siempre he pensado que los organismos que rigen las diversas especialidades están plagados de mercenarios, hampones y rateros de la peor ralea. Por supuesto que el futbol ―por su proyección mundial― es uno de los más claros ejemplos.

Si no me creen, vean esta nota que hice en este mismo espacio respecto a la selección nacional y que se está cumpliendo de forma cabal.

No es ninguna primicia, no estoy descubriendo el hilo negro ni estoy dando a conocer información nueva o espectacular al decir que tal vez uno de los peores lugares para realizar un torneo de futbol sea en un país en el que, para empezar, no hay una verdadera afición por el deporte pero que, además, es la nación del mundo donde la diversión llega a morir:

Por su religión, no ingieren bebidas alcohólicas, pero tampoco les gusta que otros lo hagan y menos en su casa la cual ellos suponen santa. De la misma manera, eso de andar enseñando las estrías, pechos caídos y panzas cheleras por la calle, tal vez sea cosa de esos decadentes occidentales infieles, pero de ninguna manera puede ser permitido en la islámica nación.

los peores

De besos, abrazos y apapachos, ya ni hablamos. Si hacerlo entre personas de diferentes sexo está muy mal visto, y más si no existe un acta que certifique la unión carnal para gloria de dios y de su profeta, mucho menos si se trata de la aberrante sodomía la cual es uno de los mayores males que sufren los occidentales infieles y carentes de toda moral.

Los cataríes parecen que nos invitaron medio a fuerzas ―como si fuésemos los niños pequeños en casa del viejillo avinagrado―, porque la verdad es que no tienen la necesidad de que una bola de ebrios, con banderas de arcoíris, se paseen en las limpias calles de su hermosa ciudad e instalaciones por las cuales tuvieron que hacer un gran sacrificio. Claro, un gran sacrificio de vidas de las personas que llegaron del extranjero a trabajar como mano de obra barata, prácticamente esclava.

¡Qué ya gocen de la gloria de Alá!

En Catar solo llueven billetes

Decía antes lo de la corrupción porque es prácticamente inentendible cualquier otra razón para que la FIFA se atreviera a realizar un evento del calibre y de la idiosincrasia de una copa del mundo en un país administrado por puro ñoño.

Un evento que normalmente se realiza en países de gustos futboleros (o por lo menos por espectáculos deportivos de alto nivel) donde la duración del torneo equivale a una fiesta. Magnífico pretexto para darle vuelo a la hilacha, conocer gente de otros países para fortalecer las relaciones internacionales y así formar parte de la lucha por la paz mundial mediante la adoración a Eros y el intercambio de fluidos.

Tampoco es ningún secreto que, para algunos, es un magnífico pretexto para ingerir bebidas fermentadas y espirituosas desde que sale el sol para luego recorrer las calles de manera impune. Claro, hemos visto excesos y hemos sabido de desmanes, pero lo normal es que estos eventos transcurran a manera de enormes fiestas que se asemejan más a festivales musicales que a batallas campales.

Si a todo esto le agregamos el factor climático que obligó a recorrer los partidos hasta esta época, no podemos dar cuenta la magnitud de la “mochada” que se llevaron los honestos funcionarios de la federación.

El caso es que los cataríes se compraron ―muy caro― un mundial de futbol y les da “cosita” compartirlos con los infieles comedores de cerdo y bebedores de la orina del demonio. Si por ellos fuera, exigirían que para entrar al país fuese necesario un certificado de practicar de forma ortodoxa la religión islámica.

La verdad es que dinero no les hace falta. La muestra más clara son las actitudes de “nuevos ricos”, de analfabetas con dinero, que muestran al resto del mundo.

A lo mejor nunca se lo preguntaron a la FIFA, con eso de que son capaces de vender a su propia madre a cambio de “favores”, no les hubiera costado mucho organizar un evento VIP de acceso restringido.

Bueno sí les hubiera costado, pero hubiera sido un dinerito muy bien invertido.

COMPARTIR ARTÍCULO

Facebook
Twitter
Telegram
WhatsApp

ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJAR UN COMENTARIO

Deja un comentario