Revista de Marketing y Negocios

Mi jefe solo habla de Inteligencia Artificial

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Mi jefe solo habla de AI, y no lo culpo: últimamente parece que todo el mundo lo hace. En las juntas, en los medios, en los correos de agencias y plataformas, todo viene acompañado de la promesa de ser “más inteligente”. Si una propuesta no incluye la palabra “inteligencia artificial”, parece que simplemente no está al día.

El discurso se volvió tan omnipresente que perdió un poco de sentido. Y lo curioso es que, mientras en las empresas hablamos de automatizar, predecir y optimizar, allá afuera la conversación va por otro lado. Basta con detenernos a ver la sección de comentarios para darnos cuenta de cómo reacciona la gente cuando las marcas usan IA en campañas o personajes icónicos. Lo que para las compañías representa innovación, para muchos consumidores se siente como desconexión. Hay algo en lo perfectamente artificial que genera sospecha. Como si, de pronto, lo que solía ser cercano y humano se volviera un poco… plástico.

Yo misma lo pienso cada vez que me sorprendo dudando si lo que veo en redes es verdad o no. Hace unos años nos reíamos (o desesperábamos) con nuestras mamás por creer cualquier cadena de WhatsApp o noticia falsa. Hoy soy yo la que no puede distinguir si de verdad existe un perrito que se hizo amigo de un águila o un canguro al que no dejaron subir al avión.

Si una propuesta no incluye la palabra “inteligencia artificial”, parece que simplemente no está al día.

Entre tanto contenido generado por IA, donde la capacidad de asombro y el sentido de realidad parecen estar completamente enredados, surge una pregunta: ¿dónde queda nuestro rol como marketeers? Creo que en aprender a usarla con criterio. Sin duda, empezando por distinguir dónde realmente genera valor y dónde solo es un nombre bonito que adorna un servicio o una herramienta.

No todo tiene que pasar por IA. Hay espacios donde amplifica, como la analítica, la segmentación o la personalización, y otros donde puede diluir lo que hace única a una marca: su voz, su intuición, su humanidad. El verdadero valor está en automatizar lo automatizable, en usar la tecnología para quitarle a nuestros equipos las tareas repetitivas o improductivas y liberar tiempo para lo que realmente importa.

La IA puede ayudarnos a ser más eficientes, pero no más empáticos. Usarla bien será entender cuándo sumar tecnología y cuándo dejar que hablen la intuición, la creatividad o la experiencia.

Vivimos en una era donde lo “hecho por humanos” empieza a sentirse premium. Quizás por eso cada vez valoramos más lo imperfecto, lo hecho a mano, lo real.

Y sí, sé que la inteligencia artificial no es una moda pasajera. No dudo que será una de las fuerzas más transformadoras de nuestra generación. Va a seguir creciendo y probablemente se incorporará en gran parte de lo que hacemos. Pero también creo que estamos llegando a un punto donde necesitamos darle su justa medida. 

La lección no es resistirnos a la tecnología, sino escuchar cómo nuestros consumidores están reaccionando a ella. Porque tal vez, en medio de tanta inteligencia artificial, lo verdaderamente disruptivo sea volver a conectar con lo humano: pensar, cuestionar, sentir. 

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Jimena González Sánchez

Senior brand manager de Atún Dolores

Profesional del marketing con más de 10 años de experiencia en marcas de consumo. Desde 2015 en Atún Dolores, combina estrategia y creatividad para desarrollar campañas que conecten con las audiencias, como el jingle de la marca, que superó las 48 millones de impresiones en TikTok.

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