Mis amigos nigerianos

La verdad es que ya estaba comenzando a sentirme fuera de la jugada. Condenado a seguir de cerca al tren del mame pero con la imposibilidad absoluta de brincar a éste.

Ha de ser por la edad” me decía a mí mismo, “ya no eres objetivo para eso”, sin embargo, dentro de mí, algo me decía “espera, espera, muy pronto llegará”…

…y llegó.

Por fin pude gritar a los cuatro vientos que yo también era parte de ese selecto grupo al que le enviaban propuestas de trabajo por Whatsapp. A mi me llegó por parte del director de Amazon, supongo que era el propio Jeff Bezos al que, luego de ver mi impresionante currículo en Internet, decidió probar suerte a ver si me interesaba un sueldo que, no me haría trillonario como él, pero que si era bastante. ¡Seis mil pesos diarios!

Buena cantidad por trabajar un ratito. ¡Qué podría salir mal!

Dicen que más sabe el diablo por viejo: quiero informarle, desafortunado emulador de Jeff Bezos que yo soy superviviente de miles de intentos de fraude a través de los medios electrónicos que en sus tiempos fueron considerados los más modernos.

Le platico: yo fui una de las primeras personas a las que escribió aquel simpático caballero nigeriano ofreciendo miles de millones de dólares que su gobierno “pensaba destruir”, ¡dinero mal habido!

¿Sabe cómo me llegó la oferta?

¡Por fax!

Lo juro por-dios-que-me-mira, sería 1995 o 1996, Internet ni siquiera lo imaginábamos cuando a la oficina llegó un fax remitido por un tal Jerry Azeza (nunca olvidaré ese nombre), el cual ofrecía una millonada a cambio de ayudarlo a sacar una lana de su natal Nigeria, país reconocido por la rectitud de sus gobernantes quienes prefieren hacer fogatas con billetes de 100 dólares antes de atreverse a utilizar un solo de estos. Era dinero infecto ya que provenía de las drogas y estaba empapado en sangre así como del sufrimiento de mucha gente.

¿Con qué dignidad podríamos utilizarlo?

¡Mejor quemen esa bajeza!

Total, que don Jerry nos dijo que estaba dispuesto a darnos un buen porcentaje de aquel dinero pestilente a cambio de nuestra ayuda a sacarlo de su país. Debido a la lentitud del medio de comunicación y las diferencias horarias, el trámite iba muy lento pero parecía caminar.

Ya estaba todo dispuesto para recibir los dólares nigerianos, cuando ocurrió el primer problema: Jerry nos informó que teníamos que sobornar a no sé que funcionario y que, si por favor, le mandábamos unos relojes ―tres o cuatro― de preferencia de marca Rolex.

Estimado Jerry, la verdad es que no tenemos pa’comprar semejantes relojes. Nosotros andamos con Casio y a veces ni eso, la verdad es que, con la pena, vamos a tener que olvidar el asunto. Si le entramos al negocio fue para comprarnos Rolex nosotros, no para dárselo al primer chupatintas nigeriano que se cruce en nuestro camino.

La verdad es que Jerry se lo tomo bien. No nos hizo feos ni nos reclamó, aunque nos advirtió de forma muy velada que el trámite se retrasaría mucho debido a que los funcionarios susodichos no tendrían manera de saber la hora.

El caso es que ya habíamos perdido toda esperanza cuando Jerry volvió a contactarnos. Tenía una gran noticia. El escollo de los funcionarios con ínfulas había sido salvado, pero ahora era necesario sobornar a otros burócratas (que barbaridad con estos nigerianos, parecían funcionarios del Estado de México) pero que esta vez ―por fortuna― no era necesaria alta horología suiza; con un par de miles de dólares podríamos sortear la dificultad.

Con toda la pena del mundo volvimos a escribir a Jerry para decirle que estábamos ahí para ganar dinero, no para regalarlo. Que apenas teníamos para comprar el rollo del fax y que de ninguna manera le mandaríamos por cable no digas dos mil dólares, no teníamos ni veinte.

Esa vez creo que si se molestó Jerry porque ya nunca volvimos a saber de él. ¿Habrá conseguido quien le ayudar a sacar ese lanal de Nigeria? Hay cosas que es mejor no conocer jamás.

Qué les puedo decir: he conocido nigerianos y kenianos con problemas de dólares malditos o herencias incobrables, he ganado loterías en los lugares más exóticos, desde Miami hasta Kuala Lumpur, me han contactado parientes perdidos desde Portugal hasta Birmania (¿todavía existe Birmania?), me han ofrecido fórmulas infalibles para el éxito y la riqueza, me han propuesto grandes negocios y hasta matrimonio.

Ha sido un paseo salvaje…

¿Y ese tal Bezos quiere ponerme a trabajar?

¡Nahhh!

No le entro.

Es bueno saber que sigo siendo público objetivo para el phishing, creo que aún más debido a la edad, pero me sigue sorprendiendo, y mucho, que aún exista gente que piense que las cosas pueden caer gratis del cielo.

Que te puedes ganar una rifa sin comprar boletos, que puedes viajar alrededor del mundo como si fueras un influencer, que el propio director general de la empresa tecnológica capaz de poner en jaque a un país pequeño, se fijó en tu currículo.

Las formas y las tecnologías cambian, pero al parecer, el gusto por el dinero ajeno sigue siendo el mismo.

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1 comentario

  1. Increíble lo burdo que son los nigerianos y, sin embargo, eficientes. He visto reportajes de tipos que encuentran mujeres ricas, maduras-madurísimas desesperadas por tener compañía, y les envían miles de dólares sin conocerlos. Hasta “se casan” con ellos.
    Buen texto, como siempre.

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