Revista de Marketing y Negocios

Perdiste tu trabajo o negocio, pero no tu Marca Personal

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“Perder un empleo puede vaciar tu agenda, pero construir tu marca personal vuelve a llenar tu identidad, tu dirección y tu valor frente al mundo.”

Perder un empleo o tener cerrar un negocio después de los 35 o 50 años de edad -y peor aún, cuando hay hijos que dependen de ti— no se vive como un “cambio profesional”, se vive como un derrumbe de identidad. No solo desaparece un ingreso: desaparece una rutina, un lugar en el mundo, un rol claro, un reconocimiento social. 

De pronto, alguien que resolvía problemas, tomaba decisiones y sostenía responsabilidades, se descubre dudando de sí mismo frente al espejo. La herida no es financiera, es interna. Lo que duele no es la quincena que ya no llega, sino la sensación de haberse vuelto prescindible.

En ese estado emocional, hablar de “marca personal” suena frívolo, lejano, casi ofensivo; parece, en todo caso, un concepto diseñado para jóvenes digitales o para quienes quieren exposición. Pero esa idea es equivocada.

Marca Personal no es Marketing

La marca personal, entendida con seriedad, no es una estrategia de redes sociales, es un proceso de reconstrucción interna, es el momento en el que una persona deja de definirse por el puesto que perdió y empieza a redescubrir el valor que sigue teniendo, aunque nadie se lo esté reconociendo. 

No es marketing; es reordenar quién eres cuando todo lo que te daba estructura se movió.

Uno de los efectos más peligrosos de una crisis laboral en la adultez no es la falta de oportunidades, sino la pérdida de narrativa personal donde la persona deja de verse como alguien con trayectoria y empieza a verse como alguien que “ya no encaja”. La experiencia acumulada, que antes era fortaleza, se interpreta como pasado inútil, la mente entra en un diálogo silencioso pero devastador: “ya no soy necesario”, “otros están más actualizados”, “tal vez ya se me pasó el tiempo”. 

Todo ese discurso interno, no surge de la realidad objetiva, sino del golpe emocional que genera sentirse desplazado.

Aquí es donde la construcción de marca personal cobra un valor que trasciende lo profesional porque obliga a la persona a hacer un inventario de sí misma, no desde la queja, sino desde los activos.
¿Qué he resuelto en mi vida?
¿Qué crisis he atravesado?
¿Qué habilidades desarrollé mientras otros se rendían?
¿Qué decisiones he tenido que tomar cuando no había margen de error?

Este ejercicio, que puede parecer simple, es profundamente transformador porque obliga a mirar la trayectoria completa, no solo el tropiezo más reciente.

La marca personal comienza cuando alguien deja de preguntarse “¿por qué me pasó esto?” y empieza a preguntarse “¿qué he construido que sigue siendo valioso?”.

Además, en esta etapa de la vida, el rol familiar cambia completamente la perspectiva; no se trata solo de reinventarse por ambición, sino por responsabilidad. 

Los hijos no necesitan un padre o una madre perfectos; necesitan ver a un adulto que, pese al golpe, no se define por la caída; es bajo este escenario que la marca personal se convierte entonces en un acto de liderazgo silencioso. 

Cuando una persona ordena su historia, reconoce sus fortalezas y decide avanzar con claridad, envía un mensaje poderoso al entorno familiar: las crisis no son finales, son puntos de inflexión si los abordamos desde una perspectiva correcta. 

Otro aspecto a considerar es que la marca personal bien entendida no maquilla la realidad. No se trata de fingir éxito ni de repetir frases de optimismo vacío, se trata de integrar la crisis a la narrativa personal, donde la caída deja de ser un estigma y se convierte en contexto para la reinvención. 

Las personas más confiables no son las que nunca han fallado, sino las que han atravesado momentos difíciles y han aprendido algo de ellos. 

Cuando alguien logra contar su historia sin victimismo, pero a la vez sin negación, transmite madurez, perspectiva y fortaleza emocional, y eso no se aprende en cursos; se construye a lo largo de la vida con las herramientas adecuadas.

La depresión asociada a la pérdida laboral muchas veces no nace solo de la tristeza, sino de la parálisis que esta genera, de la duda, de los miedos, de no saber hacia dónde moverse, situación que termina por desgastar muchísmo más que el problema en sí. 

La construcción de marca personal ayuda a formar y construir una nueva estructura: reflexión, definición de valor, orden de la narrativa, claridad sobre lo que se puede aportar.  Si bien, no resuelve todo de inmediato, devuelve dirección y propósito, de manera que cuando una persona recupera la sensación de poder dar pasos, aunque sean pequeños, el panorama deja de ser un abismo y se convierte en un camino. 

Tips prácticos para iniciar la reconstrucción interna

1. Haz un inventario de logros, no de tus errores.
Dedica tiempo a escribir situaciones donde resolviste problemas, lideraste, aprendiste o resististe a peesar de las circunstancias. Incluye experiencias personales y familiares, ello te permitirá conectar con personas que stén pasando por situaciones similares o atraerá a quienes ya las superaron para compartirte su experiencia.

2. Redacta tu propuesta de valor en presente.
No hables de lo que “eras” (eso ya pasó), escribe de lo que eres capaz de aportar hoy, integra tu experiencia, tu etapa de vida y tu capacidad de responsabilidad ante la desaveniencia.

3. Reescribe tu historia sin victimismo.
Este punto es difícil: Describe la crisis como un punto de inflexión que te obligó a replantearte prioridades y enfoques, donde no la niegues, pero donde tampoco la uses como excusa permanente.

4. Practica comunicar quién eres con claridad.
Poder explicar en pocos segundos qué sabes hacer y qué tipo de problemas puedes resolver fortalece la seguridad interna, incluso antes de que exista una oportunidad concreta, algo así como el famoso “Pitch Elevator”.

5. Establece metas internas antes que externas.
La primera meta no es “conseguir trabajo”, sino recuperar claridad, confianza y dirección. Lo externo se construye mejor cuando lo interno está ordenado, eso lo tuve que aprender a la mala, tras años de terapia.

La pérdida de un empleo o de un negocio no define el valor de una persona, pero sí puede nublar la percepción que tiene de sí misma, es decir, de su autoconcepto, ese es el verdadero riesgo. 

Cuando alguien empieza a creerse prescindible, obsoleto, caduco o de plano inútil, deja de ver todo lo que aún puede aportar, lo mejor que puede comenzar a hacer es a construir y desarrollar su marca personal, la cual es un proceso de reconstrucción profunda que obliga a mirar la trayectoria completa, integrar la crisis y redescubrir fortalezas que no desaparecieron, solo quedaron opacadas por el golpe.

En esta etapa de la vida, reinventarse no es un lujo creativo; es un acto de responsabilidad personal y familiar, es un acto de verdadera resiliencia y de ejemplo para los demás. 

No se trata de volver a ser quien se era, sino de convertirse en una versión más consciente, más clara y más estructurada. 

La marca personal comienza cuando alguien decide que su identidad no dependerá únicamente de un cargo o un negocio, sino del conjunto de experiencias, aprendizajes y valores que ha construido a lo largo del tiempo. Y desde ese punto, aunque el camino siga siendo exigente, ya no se camina desde la pérdida, sino desde el valor recuperado.

Gracias por leerme, nos vemos en 15 días.
Juan Pablo Altamirano

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Juan Pablo Altamirano

Consultor y Emprendedor


Yeipi para sus amigos es Consultor en Imagen Pública, especialista en Ventas y Marketing Digital | 25 años como profesor universitario y posgrado en las áreas de mercadotecnia, publicidad, comunicación y emprendimiento | Sarcástico y de humor percudido es amante de la cerveza | Un auténtico Silver Surfer, ultrafan del Darkwave y el Synthpop2

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