Por eso no tenemos cosas bonitas

Clientes, es quizá la más grande paradoja de la mayoría de los negocios, sin importar cual sea su giro. Hacemos todo para atraerlos, para tratarlos bien, para convencerlos de nuestros servicios. Sin embargo, en algunos casos una vez que los tenemos, se pueden transformar en una verdadera pesadilla.

El sector del marketing, publicidad y diseño siempre ha padecido de una cosa: muchas personas, sobre todo de generaciones más “antiguas”, lo menosprecian. Sus servicios les parecen cosa “sencilla” que no tiene la menor ciencia y que cualquiera puede hacerlo.

Dudo que alguien que se haya dedicado por algunos años a esto no se haya encontrado con lo que llamo la “Falacia del Sobrino”: uno llega con una genial presentación en la que hemos invertido muchas desveladas para desarrollar un material novedoso, creativo y de calidad, para toparse con un cliente al que se le hace caro y carente de chiste; aplasta nuestras ilusiones y dinamita toda nuestra labor profesional con una sola y lapidaria frase: “Tengo un sobrino en tercer semestre de comunicaciones que me lo hace gratis”.

Hay casos que no tienen solución y muchas veces es preferible una graciosa huida que encadenarse con alguien que tiene este tipo de opiniones respecto al gremio. Pero también ocurre que clientes que ya están dentro comienzan a padecer de ciertos delirios que los transforman en una verdadera pesadilla.

Recuerdo una clienta en particular que estaba empecinada en utilizar, para su sitio electrónico, un color que fuera “como rojo, pero azulado”. Y aunque no lo creas, el color que buscaba no era púrpura ni violeta; nunca pudimos lograr esa falacia cromática.

Tal vez el peor de los casos son los clientes que quieren transformarse en jefes del departamento creativo y piensan que, a pesar de que desconocen en absoluto del tema, todo el equipo de la agencia está ahí para seguir sus directrices al pie de la letra.

Otro caso que también recuerdo con un fuerte escalofrío es el de un cliente al que se le hizo una presentación que a todas luces le encantó. Nuestra sorpresa fue, luego de que el cliente dejara de contestarnos el teléfono, cuando descubrimos que se había fusilado la idea y la había implementado, pero utilizando a “un sobrino”, con resultados deleznables.

Es nuestra labor como profesionales hacer entender a los clientes que aún no lo tienen claro, que todo este trabajo tiene un precio y esta es realizado por profesionales los cuales han dedicado mucho tiempo a aprender. Gente que sabe cómo son las cosas y que, a partir de sus estudios y su experiencia, bucarán realizar diseños y campañas que sean verdaderamente útiles y productivas.

Sin embargo, hay quienes siguen viendo todo como “algo fácil y sencillo” y se atreven a utilizar sus propios recursos. Se transforman, de la nada, en marketeros, publicistas y diseñadores.

Los resultados, según comprueba la experiencia, casi siempre son para tirarse a la basura.

Seguro que todos tenemos anécdotas de este tipo con resultados desastrosos pero, permítanme decirles, el pasado fin de semana pudimos ver un caso que pasará a los libros de texto y a la historia como ejemplo de lo que ocurre cuando un cliente ignora la importancia de contar con un equipo de profesionales y se va por la libre.

No tengo que explicar el gran trending topic en que se transformó el logo del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, un trabajo que fue realizado de la manera más chapucera y que alguien (podría ser el usuario de Twitter @vampipe) descubrió adjunto al documento para solicitar el registro ante el IMPI.

El diseño de este logotipo en particular debería de haber sido cuidado de una forma muy puntual ya que iba a ser la imagen de las nuevas instalaciones aeroportuarias de la Ciudad de México.

Pero, además, tenían que haber buscado la mejor propuesta posible, esto por culpa de las grandes críticas que se habían venido dando en medios y redes sociales del proyecto luego de la cancelación del proyecto de Texcoco.

Tachado, entre otras cosas, de “haber sido diseñado sobre las rodillas”, de forma apresurada e improvisada, de no haber tenido en cuenta temas como la orografía local, las distancias entre terminales aéreas o simplemente los estándares de las organizaciones internacionales dedicadas a la aeronáutica.

Un proyecto que, desde su inicio, ha sufrido las más despiadadas críticas en todos sus departamentos.

¡El logotipo pasó a engrosar la lista de los errores!

Lo curioso es que, cuando la imagen se comenzó a viralizar en redes sociales, la gran mayoría de críticos coincidieron en un mismo aspecto: cualquiera, decían, con un programa de diseño sencillo podría haberlo hecho mejor. El logotipo parecía realizado por alguien sin experiencia siguiendo instrucciones de un “cliente” que no tenía ninguna idea de lo que diseñar un logotipo se refiere.

Me imagino las instrucciones del “cliente” al becario, este último sentado ante la computadora con el Paint abierto: “¿Sabes qué? El licenciado pidió que también saliera la torre de control, que está muy bonita”; “¿Por qué no le pones un avión? ¡Es un aeropuerto!” y la guinda en el pastel “¡¡Ponle un mamut, para mostrar que también va a tener un museo!!”, “¿De dónde sacamos el mamut? ¡De cualquier lado, en Internet hay muchos!”.

Es la única manera en que me puedo explicar muchas cosas: el color azul panista, la sospechosa forma de las letras A, el amontonamiento de elementos como si de una portada de cuaderno de primaria se tratara.

Este es el típico caso en que al cliente se le hizo fácil declararse diseñador gráfico y crear un logotipo sin la latosa (y cara, según ellos) intromisión de un experto o experta en el tema.

Todo lo que pudo haber salido mal, salió mal, gracias a esa dañina y falsa creencia de que los profesionales no son necesarios.

Algo que pudo haber sido sencillo y digno, se transformó en un trending topic muy negativo, generó los consabidos memes (algunos muy buenos, por cierto) y todo mundo se enteró de que el gobierno, por una austeridad mal entendida, está dispuesto a hacer el peor de los ridículos.

¿Quieres saber que ocurre con tu marca y tu producto cuando tomas la decisión de no utilizar los servicios de profesionales?

Mira bien el logotipo del Aeropuerto Felipe Ángeles.

Armando Reygadas Anfossi
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s. Hasta la fecha participo en programas de radio así como podcast, además de editar reseñando.com.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días jueves de cada dos semanas.
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