Hace algunos años, si alguien me hubiera dicho que una de las habilidades más importantes para trabajar con tecnología sería saber contar historias, probablemente habría sonreído. No porque me pareciera una idea descabellada, sino porque llevo mucho tiempo convencido de que el storytelling está presente en prácticamente todo lo que hacemos.
Hoy, con la inteligencia artificial generativa formando parte de nuestras conversaciones, nuestros trabajos y nuestros procesos creativos, esa idea cobra todavía más sentido.
Últimamente he estado pensando en algo que me parece fascinante: ¿qué tanto se parece el arte de construir un buen prompt al arte de contar una buena historia?
A primera vista, podríamos pensar que son disciplinas completamente diferentes. Una pertenece al mundo de la narrativa, las emociones y la creatividad. La otra parece estar relacionada con tecnología, instrucciones y algoritmos.
Pero cuando observamos con mayor detenimiento, descubrimos que tienen mucho más en común de lo que imaginamos.
De hecho, existen siete conexiones que me parecen especialmente interesantes. Y una octava que, desde mi perspectiva, podría ser la más importante de todas.
1. Todo comienza con una intención
Cuando construimos una historia, una de las primeras preguntas que deberíamos hacernos es: ¿para qué quiero contarla?
¿Quiero inspirar? ¿Convencer? ¿Enseñar? ¿Provocar una reflexión? ¿Mover a alguien a la acción?
Con los prompts sucede exactamente lo mismo.
Antes de comenzar a escribir instrucciones para una inteligencia artificial, necesitamos tener claridad sobre lo que queremos conseguir.
Y aquí aparece nuestra primera coincidencia: si no sabemos hacia dónde queremos llegar, difícilmente podremos construir el camino correcto.
Una historia sin propósito puede terminar siendo una anécdota sin relevancia. Un prompt sin intención puede convertirse en una respuesta genérica que no resuelve nada.
2. El contexto lo cambia todo
Imaginemos que comienzo una historia diciendo: “Un hombre entró a una habitación y comenzó a llorar”.
¿Qué sucedió? ¿Por qué está llorando? ¿Dónde está? ¿Qué acaba de vivir?
Ahora imaginemos que les cuento que ese hombre es un padre que acaba de entrar, después de diez años de ausencia, a la habitación de su hija.
La misma acción adquiere un significado completamente diferente.
Eso es lo que hace el contexto.
En storytelling, el contexto nos ayuda a comprender la historia y conectar emocionalmente con ella. En prompting, le permite a la inteligencia artificial comprender mejor nuestra situación, nuestras necesidades y nuestras expectativas.
Mientras más relevante sea el contexto que proporcionamos, mayores posibilidades tendremos de obtener una respuesta útil.
3. Necesitamos un protagonista
Toda buena historia necesita personajes. Alguien que experimente los acontecimientos, tome decisiones y nos permita observar el mundo desde una perspectiva particular.
En el universo de los prompts hacemos algo sorprendentemente parecido cuando asignamos un rol a la inteligencia artificial.
“Actúa como un consultor de marketing”, “Piensa como un director creativo” o “Responde desde la perspectiva de un profesor universitario”.
Lo que estamos haciendo es definir desde qué punto de vista queremos que se construya la respuesta.
No es lo mismo contar una historia desde los ojos del héroe que desde los del villano. Tampoco es lo mismo analizar un problema desde la perspectiva de un financiero que desde la de un creativo.
La perspectiva transforma la narrativa. Y también transforma las respuestas que obtenemos de la IA.
4. Sin conflicto, no hay historia
Uno de mis principios favoritos del storytelling es que las historias necesitan un conflicto.
No necesariamente hablamos de grandes tragedias, villanos malvados o batallas épicas. Un conflicto puede ser tan sencillo como la distancia entre lo que alguien tiene y lo que desea conseguir.
En el mundo de los negocios, por ejemplo, prácticamente todas las historias interesantes parten de un problema que necesita resolverse.
Y aquí encontramos otra conexión con los prompts.
Cuando interactuamos con una inteligencia artificial, normalmente buscamos resolver algo: encontrar una idea, superar un obstáculo, mejorar un proceso, comprender información o construir una solución.
Un buen prompt, al igual que una buena historia, necesita definir claramente el reto que debe superarse.
Mientras mejor expliquemos el conflicto, más posibilidades tendremos de encontrar una solución relevante.
5. La estructura nos ayuda a llegar al destino
Una historia puede tener personajes fascinantes, un contexto extraordinario y un conflicto poderoso. Pero si no sabemos organizar sus acontecimientos, probablemente terminaremos perdiendo a nuestra audiencia.
Por eso existen las estructuras narrativas.
El clásico planteamiento, desarrollo y desenlace es solamente uno de muchos ejemplos.
Con los prompts sucede algo similar.
Podemos pedirle a una IA que analice una situación, identifique oportunidades, compare alternativas y finalmente proponga una recomendación.
Estamos construyendo una secuencia.
La estructura no necesariamente limita la creatividad. Muchas veces sucede exactamente lo contrario: una buena estructura permite que la creatividad encuentre mejores caminos para expresarse.
6. Mostrar puede ser más poderoso que explicar
Existe un principio muy conocido entre quienes nos dedicamos a contar historias: show, don’t tell.
En lugar de decir que un personaje es generoso, podemos mostrarlo compartiendo su última comida con alguien que la necesita.
La acción comunica mucho más que el adjetivo. Algo parecido ocurre cuando construimos prompts.
Podemos dedicar varios párrafos a describir el estilo de respuesta que esperamos de una inteligencia artificial. Pero, en muchas ocasiones, proporcionarle un ejemplo concreto resulta mucho más efectivo.
Si queremos un texto con determinado tono, podemos mostrarle una referencia. Si buscamos una estructura particular, podemos compartirle un modelo.
Los ejemplos ayudan a transformar las ideas abstractas en expectativas concretas.
En ambos mundos, mostrar es una poderosa herramienta para comunicar.
7. Nunca debemos olvidar a nuestra audiencia
Una misma historia puede contarse de maneras completamente diferentes dependiendo de quién la escucha.
No utilizaríamos exactamente el mismo lenguaje para explicar una estrategia de negocios a un grupo de estudiantes universitarios que para presentarla ante un consejo de administración.
La historia puede ser la misma, pero la manera de contarla debe adaptarse.
Con los prompts sucede exactamente igual.
Cuando especificamos para quién está dirigida una respuesta, estamos ayudando a la inteligencia artificial a tomar decisiones sobre lenguaje, profundidad, ejemplos, complejidad y estilo.
Y esto es especialmente relevante en marketing.
Porque no se trata solamente de producir contenido. Se trata de construir mensajes que realmente conecten con las personas a las que queremos llegar.
La audiencia no es un detalle adicional. Es una parte fundamental del diseño de nuestra comunicación.
8. Al final, ambos son artes de dirección
Después de encontrar estas siete conexiones, llegué a una reflexión que me parece todavía más interesante.
Quizá el storytelling y el prompting no solamente comparten técnicas o principios. Quizá, en el fondo, ambos pertenecen a una misma categoría: son artes de dirección.
Pensemos en lo que hace un storyteller.
No puede controlar exactamente lo que cada persona sentirá al escuchar su historia. No puede garantizar que todos interpreten su mensaje de la misma manera.
Lo que sí puede hacer es diseñar las condiciones para que esa experiencia suceda.
Puede elegir las palabras, construir personajes, desarrollar conflictos, provocar emociones y organizar acontecimientos para conducir a su audiencia hacia una determinada experiencia.
Ahora pensemos en alguien que construye un prompt. Tampoco puede controlar completamente cada palabra que producirá la inteligencia artificial. Pero sí puede diseñar las condiciones para orientar el resultado.
Puede definir la intención, proporcionar contexto, establecer roles, plantear retos, compartir ejemplos, construir estructuras y especificar audiencias.
En ambos casos, el verdadero talento no consiste solamente en saber qué decir, sino en saber cómo dirigir un proceso para conseguir un resultado.
Y aquí es donde encuentro una oportunidad especialmente interesante para quienes trabajamos en marketing, comunicación y creatividad.
Durante mucho tiempo hemos pensado en la inteligencia artificial como una herramienta tecnológica que necesitamos aprender a utilizar. Y ciertamente lo es.
Pero quizá una parte importante de aprender a utilizarla no tenga tanto que ver con desarrollar habilidades técnicas, sino con fortalecer nuestras habilidades humanas.
Nuestra capacidad para imaginar, comunicar, estructurar ideas, comprender contextos y formular buenas preguntas.
Porque, al final, la inteligencia artificial puede ayudarnos a generar respuestas extraordinarias, pero nosotros seguimos siendo responsables de definir cuáles son las preguntas que realmente vale la pena hacer.
Me gusta pensar que un prompt es una historia que todavía no ha sido contada.
Nosotros construimos el escenario, definimos al protagonista, planteamos el conflicto y establecemos la dirección. Después, invitamos a la inteligencia artificial a participar en su desarrollo.
Y quizá ahí está la gran conexión entre estos dos mundos.
