“El viaje del mejor barco es una línea en zigzag de cien bordadas.” — Ralph Waldo Emerson
Si tienes más de 45 años, seguramente alguien te enseñó que el trabajo lo resuelve todo; que si llegas temprano, cumples y aguantas, la vida se acomoda sola. Al menos a mí, así me lo enseñaron, y lo peor, lo creí durante décadas.
Esta semana me acordé de esa lección por una noticia que a muchos les pasó de largo.
Un país que paga por “aprender a trabajar”.
El pasado 6 de octubre se confirmó que Jóvenes Construyendo el Futuro no aceptará nuevas inscripciones en lo que resta de 2026. No es que el programa desaparezca: se pausan los registros y se reabren muy probablemente en enero de 2027.
Para quien no lo conozca, funciona así: una persona de 18 a 29 años que no estudia ni trabaja recibe $9,582 pesos al mes, más seguro médico del IMSS, para capacitarse hasta un año en un centro de trabajo. Bajo esa la lógica: un joven (hombre o mujer) que aprende un oficio es mejor que un muchacho en la calle.
Hasta ahí todo bien, “peeeero”, según recuerdo a mí nadie me pagó por aprender a trabajar y a ti tampoco. Aprendimos cargando cajas, haciendo fotocopias, aguantando jefes imposibles y quincenas que no alcanzaban. Y hoy, a los 50, el que pierde el empleo no tiene un programa que le pague un año para reinventarse.
En el mejor de los casos, tiene una entrevista con alguien de 28 que le pregunta si “se ve haciendo esto a largo plazo”.
No voy a discutir si un programa así, es política social o compra de voluntades, lo único que te pido es que mires el calendario: Si las inscripciones se reabren en 2027, el año de las elecciones intermedias en México, bien puedes sacar tus propias conclusiones.
El empleo que crece, pero cada vez menos
Aunque los números del empleo formal parecen buenos a primera vista; en septiembre se registraron 128,803 puestos nuevos ante el IMSS y el país llegó a casi 23 millones de empleos formales, un récord. Pero cuando miras el trimestre completo, la historia cambia.
De julio a septiembre de 2026 se crearon 147,572 empleos formales; en el mismo periodo de 2025 habían sido 246,016 eso equivale a un 40% menos, con todo y los trabajadores de plataformas, los de las apps de reparto y transporte que se sumaron al IMSS con la reforma, solamente ese rubro, cerró el trimestre con 30,240 registros menos.
Mientras tanto, la informalidad sigue en 55% es decir, más de 33 millones de personas trabajan sin seguro, sin prestaciones y sin pensión. Dicho de otro modo; trabajo hay, lo que escasea es trabajo con piso firme, ese que a nuestra generación nos garantizaron.
Lo que sí sabemos hacer
Y de nuevo, aquí es donde la GenX tiene algo que presumir, y no por nostalgia ni por ego, sino por la imperante realidad actual. Nosotros sí sabemos llegar a la hora, sabemos terminar lo que esté pendiente en la jornada, sabemos que un regaño se escucha, se digiere y se corrige. Así como también sabemos que el jefe no siempre tiene la razón, pero que la renuncia nunca es la primera respuesta.
Hoy, en muchos centros de trabajo, una llamada de atención se contesta con una amenaza de demanda. La NOM-035, una norma que hacía falta porque la salud mental en el trabajo es un tema serio, en algunos casos se usa como arma de extorsión contra el empleador en lugar de una protección para el trabajador.
Aclaro, no todos los jóvenes son así: hay muchachos de 25 que trabajan mejor que muchos de 50, pero cualquier empleador ha visto el patrón que se repite de 2018 al día de hoy.
En un mercado así, la gente que sabe trabajar se vuelve escasa. Y lo escaso vale. Tu que eres parte de la Generación X y que sigues trabajando y siendo productivo, LO VALES.
La trampa: aguantar no es avanzar
Pero como en muchas de mis columnas, aqui viene la parte incómoda, la que nadie nos dijo.
Saber trabajar no me salvó. Ya te conté en mi columna anterior cómo salí de Guadalajara con lo que le cupo a mi coche, lo que no te conté con tanto detalle es lo que estaba debajo: yo creía que mientras siguiera trabajando, todo iba a estar bien. Falsamente creía que el trabajo compensaba lo que no atendía en mi casa, en mi salud y en mi cabeza.
La cruda realidad es que no lo compensaba, lo tapaba que era diferente. Esa es la trampa de nuestra generación; confundimos aguantar con avanzar, prendimos a resistir, pero no a cambiar de rumbo. De modo que cuando la vida nos obligó a cambiar, a los 45 o a los 50 años, muchos usamos la única herramienta que conocemos: trabajar más, horas extra, más esfuerzo, más sacrificio, en la misma dirección que ya no funcionaba.
En los ochenta los Pet Shop Boys le cantaban, con toda la ironía del mundo, a las oportunidades para hacer mucho dinero. Nosotros nos tomamos la canción en serio y nadie nos explicó que el chiste: no se trata de trabajar más, sino de saber para qué.
En los años recientes he descubierto tres formas en que la trampa se repite:
Aguantar el trabajo que te está desgastando porque “así nos educaron” y renunciar parece de débiles. Además tenemos que pagar las cuentas. Creer que la experiencia se cobra sola. Veinticinco años de oficio, de experiencia, no valen nada si nadie sabe que los tienes, o qué tipo de problema resuelves con ellos. Esperar el permiso. Que te recontraten, que la economía mejore, que alguien te diga que ya puedes empezar lo tuyo. Puedes tener un poco más de información en esta columna: Reinventarte a los 40 no es fracaso, es la única salida.
Lo que sí te toca
El problema nunca fue trabajar, fue la dirección, la ética de trabajo que tienes es tu mejor activo; úsala para cambiar, no para resistir. Imagina tus próximos 10 años de vida.
Revisa hacia dónde estás trabajando. Antes de exigirte más, pregúntate si lo que haces todos los días te acerca a la vida que quieres a los 60 o solo te mantiene a flote este mes. Ponle nombre y precio a lo que sabes. Si sabes resolver un problema, alguien está dispuesto a pagar por eso. Pero tienes que decirlo en voz alta. Atiende lo que el trabajo tapaba. El cuerpo, la cabeza, las relaciones. A mí la terapia me ayudó a entender que no tenía que elegir entre ser responsable y estar bien. Empieza con lo que tienes, desde donde estás. No necesitas que nadie te inscriba en nada.
Muy probablemente en 2027 el gobierno en México va a volver a inscribir jóvenes para “enseñarles a trabajar”, pero a nosotros nadie nos va a inscribir en absolutamente nada, y menos si eres clase media. Y está bien: ya sabemos trabajar.
Lo que nos toca ahora es aprender a cambiar, y esa lección no te la va a dar ningún programa de ayuda social. Si sientes que llevas años trabajando duro en la dirección equivocada, y quieres hacer el cambio con método y no a ciegas, empieza aquí: Descubre Total Reset.
Gracias por leerme. Nos leemos en 15 días.
Juan Pablo Altamirano
