viernes, abril 16, 2021

Sin miedo al éxito papi

¿Sabemos trabajar en equipo?, ¿nos importan los que están a nuestro alrededor?, somos capaces de aportar a otros nuestros conocimientos, a sabiendas de que pueden superarnos?, ¿por qué eres más importante tú que el otro?.

Según San Google el significado de éxito es: “Resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida, o de un suceso” y “cosa que supone un éxito o resultado feliz”, como dice “Jack el destripador” vámonos por partes, aparentemente el éxito está basado en los resultados, es decir, es necesario hacer algo para llegar a sentirlo, serlo o mínimo parecerlo y evidentemente presumirlo (sino pa qué). 

Desde hace muchos años se nos ha enseñado que el éxito proviene de un sinfín de esfuerzos y sacrificios para llegar a él, y que en ocasiones se debe pasar por encima de otros que no se ponen tan “abusados” y pues ni modo así es la cosa si queremos destacar (tristísimo sí).

Parezco disco rayado hablando de la pandemia en casi todos mis artículos pero no puedo negar que está siendo la GRAN maestra, le ha quitado fuerza a significados, contextos, creencias, poderes, prioridades, conceptos, protocolos, amores, estrategias, economía, etcétera, etcétera, podría hacer una lista interminable de cosas a las que le ha dado con tubo este bichito, pero me quiero enfocar en el éxito, algo que casi todos persiguen de alguna u otra forma, ya sea queriendo destacar en alguna habilidad tecnológica (actualmente), en belleza, dones o creatividad, etc. pero necesitamos con urgencia llegar a él. Y me pregunto ¿para qué?, ¿a qué costo?, ¿por encima de quién?,  si el éxito es obtener un resultado que nos haga felices, ¿en dónde queda todo el camino?, que hay de él, es un desgaste sacrificado para decir “lo logré”, y si no lo “logras” jamás llegaste al éxito (según las definiciones). 

Deberíamos erradicar esa palabra del diccionario, yo lo hice jajaja.

Cuando lo buscas en automático entras en competencia, y saltan como ranas todas las carencias, las mismas que nos llevan a sentir una profunda frustración por darnos cuenta que siempre hay alguien mejor, y no hablemos de la comparación hacia abajo, esa nos llena el ego de una manera tan estúpida que “Dios guarde la hora”. Y ya se que soy cursi así que si les cae miel de la pantalla cúlpenme, pero ¿si en lugar de pretender lograr el éxito nos enfocáramos en lo divertido, emocionante, enriquecedor, terapéutico, dopaminoso y alegre de hacer exactamente lo que nos haga felices?, los resultados serían asombrosos, porque en el transcurso del desarrollo del “plan”, no existiría la comparación y mucho menos pasaríamos por encima de alguien, quizás la competencia sería quién se ha reído más, ya se ya se, suena hasta ridículo, pero en una sociedad tan interesada en destacar para llegar a quien sabe dónde, la alegría pasa a segundo, tercero o cuarto término y eso es dolorosísimo, porque nos encontramos a personas que han sacrificado gran parte de su completitud por un solo objetivo: el éxito.

Sé que la colaboración no ha sido algo que nos hayan enseñado (y no lo nieguen), desde las escuelas, ¿cuándo han visto que en la clase la maestra o maestro le haya dado el lugar con cariño al alumno que no podía o no sabía?, les encantaba decir quien era el inteligente del salón y quien era el “burro”, éramos exhibidos, comparados sin ningún interés por realmente apoyar las debilidades y fortalecerlas, por el contrario. En nuestra propia casa era lo mismo, y no se diga si estabas en alguna clase extra, el hecho es que por todos lados nos hacían competir, la comparación era parte de nuestra vida, y ya siendo adultos a veces (y no muchas), decidimos bajarnos de ese tren tan desgastante, y en el peor de los casos lo creemos y sentimos el fracaso en cada uno de nuestros actos y decisiones. 

Qué injusticia más grande obligar a otro ser humano a ser exitoso y no feliz, a mermar sus dones y habilidades porque “no cumple” con las normas adecuadas para “equis o ye “, si nos van a obligar a competir que sea con respecto a mejorarse uno mismo y no con o por los demás, somos únicos y esa unicidad ya trae consigo algo que no tiene nadie más, enfocarse en descubrirlo y exponerlo va a llenar de alegría a esa persona y a las que la rodean. Tomar en cuenta a los demás, sumar y hacer equipo, ser solidarios y fortalecer a los otros es la forma más hermosa en la que podemos destacar.

Así que borren la palabra éxito de su diccionario interno, busquen su propio diferenciador y disfruten la expansión de la forma más divertida que puedan, quizás eso sea el famoso éxito, vaya usted a saber…

Ana I. Garduño Organista
Ana I. Garduño Organista
Comunicóloga, entrevistadora, responsable de lo que digo, opinóloga desde los 3 años, antifeminista a favor de mujeres y hombres por igual, creadora de Lo vi con Ana, cuestiono casi todo y vivo desaprendiendo.

Este autor escribe en Soy.Marketing los días viernes de cada dos semanas.

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