miércoles, febrero 24, 2021

Una imagen, NO siempre dice más que mil palabras.

Fíjense cómo es la vida, resulta que decido hacer un artículo partiendo de observar las redes sociales, no descubro ningún hilo negro ni mucho menos, pero es inevitable darse cuenta del crecimiento de las mismas, y en qué sentido nos hemos visto afectados para transmitir mensajes, sobra decir que a raíz de la pandemia nos hemos volcado casi por completo a vivir enchufados al ordenador (como dirían los Españoles).

Entre mis pausas al escribir ésta columna, me disperso un poco en YouTube viendo contenido de astrología, y entre Acuario y Venus me llegó un Uranazo (algunos me entenderán). 

Bueno, como les decía, al observar el crecimiento de las redes dirijo mi atención al contendido, y por momentos no podía distinguir si eran objetos o seres humanos los que mostraban sus “habilidades”, lo entrecomillo justamente porque de verdad no sé si en ese afán de subsistencia emocional y de sobresalir, encontramos a personas que son prácticamente la abstracción de lo que ellos consideran un talento, una disciplina, un don o una propuesta, no quiero quitarle mérito a nada ni a nadie y quizá por ser de los 70´s mi reflexión parte de ser una generación que demostrar algo era a través del tiempo y otro tipo de valores, no precisamente tecnológicos. (¿Ya siéntese señora?).

 Cabe mencionar que amo la evolución, las cosas no pueden ser estáticas, no es posible crear lo nuevo sin la prueba y el error, y por momentos creo que las personas para destacar se convierten en objetos que deben mostrar por medio de una imagen lo que son capaces de hacer, sentir, crear, etc., eso sí me parece extraordinario, tal parece que no necesitas un gran contenido si tienes una gran forma al mostrarte, ¿se dan cuenta lo que eso representa?, una sola imagen debe procurar generar emociones tales que den ganas de querer más; les confieso que me exige gran dificultad mostrar en una imagen mi talento, yo necesito un poco más que eso.

 Y bueno, entrando más en detalle les cuento que en otra de mis pausas al escribir me topo con un artículo que explica que en Japón se ha creado un Ministerio de la Soledad, ¡madre mía! ¿Pero qué es eso?, no pude evitar la curiosidad y como una imagen a mi no me dice más que mil palabras, obviamente me dispuse a leer para entender, y resulta que los suicidios en ese País han aumentado en las mujeres un 14.5% más que el año pasado  y un 30% más en adolescentes y niños, las razones por un lado son, la soledad, el aislamiento y la ansiedad en cuanto al futuro y por otro, no poder mostrar sus debilidades y las “despiadadas demandas de las redes sociales en donde la gente siente que debe cultivar la narrativa de éxito y felicidad eternos”, y es por esta razón que el Ministro Japonés decidió crearlo para “tratar de paliar la soledad y el aislamiento”, esto lo describe la revista española “Público”. 

Después de terminar mis pausas (que generalmente son 2), y de observar que países del primer mundo sufren el impacto de la soledad y el mito de la felicidad permanente que enfrentamos todos de alguna u otra forma y que la tecnología no es suficiente para la cura, me enfoqué en buscar la manera de concluir este artículo y espero coincidan conmigo:

Las imágenes en redes sociales garantizan el 83% de visualizaciones, esto significa que la calidad de la imagen es igual o más importante que el contenido visual, buscamos lo efímero, lo que no demande mayor análisis y profundidad de pensamiento, lo que requiera menor tiempo y atención y de placer de alguna u otra forma. No me atrevo a decir que eso esté mal o bien, creo que es un reto que nos lleva a la búsqueda de alternativas para mostrarnos, acercarnos y conectar a los que seguimos pretendiendo generar contenidos para las personas que van un poco más allá de lo inmediato, subirnos al “tren” de las imágenes nos envuelve en una competencia desenfrenada, superficial, inmediata y desgastante porque siempre habrá quien tenga mejores herramientas que uno y no significa que tenga contenido, profundidad o veracidad (o sí), se puede mostrar cualquier cosa y caemos en el peligro de creer que una imagen muestra la verdad, es muy fácil caer en la percepción de que una vida, un cuerpo, un amanecer, etc. son absolutamente perfectos, felices o creíbles, vemos objetos o nos volvemos objetos que sin ningún tipo de movimiento están destinados a competir. ¿Quién nos dijo que venimos a competir? (Pa´empezar).

Ya para terminar,  bien vale la pena tomar una pausa y distancia de las redes sociales hasta entendernos claramente como seres humanos, que vivimos, sentimos, lloramos, tenemos miedo, alegrías, sueños, fracasos, entre muchas otras cosas, entender que probamos, olemos, escuchamos y tocamos, que nuestros ojos son solo uno más de nuestros sentidos y entender la importancia de alimentar los demás con la misma intensidad que involucramos lo visual,  es decir, buscar equilibrarNOS a través de lo que existe en nuestro entorno cercano y no solo en ese mundo fantástico o catastrófico que nos muestran las imágenes, cada uno tenemos una realidad, la misma que puede ser modificada solo con un cambio de percepción, hazte responsable de tu propio cuidado emocional, intelectual y físico, date cuenta que estamos rodeados de personas que dicen: “saber vivir”, saber qué hacer”, “saber, saber, saber”, ¿quién demonios sabe hoy por hoy qué hacer cuando el tablero de la humanidad fue movido?, por favor, no te compres cuentos baratos, no creas todo lo que ves o lees, no me creas a mi, apaga todo y regresa a ti, quédate unos minutos contigo y observa qué sientes, llora, ríe, abraza, suelta, haz lo que tengas que hacer pero tú contigo, no te compares, no midas tu vida a través de un like, no estamos para ser “aprobados” por los demás, suficiente tenemos con querernos nosotros mismos como para esperar gustarle a otros, no te conviertas en un objeto. 

Y como dice un gran y querido amigo, Odin Dupeyron : 

“Yo, las letras como las personas, me importa más el contendido que la forma”.

Ana I. Garduño Organista
Ana I. Garduño Organista
Comunicóloga, entrevistadora, responsable de lo que digo, opinóloga desde los 3 años, antifeminista a favor de mujeres y hombres por igual, creadora de Lo vi con Ana, cuestiono casi todo y vivo desaprendiendo. ▶️Este autor escribe en Soy.Marketing los días viernes de cada dos semanas.◀️

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