¿Has pensado alguna vez en cómo las tendencias regresan? En moda, es algo muy común, y lo vemos claramente con el auge del vintage en la década de 2010, en la estética Y2K del 2020 en adelante, pero también en otras industrias. Por ejemplo, estos últimos años se está volviendo al iPod Nano o al uso de los dumb phones (móviles que no tienen internet, a la antigua con SMS y llamadas comunes). Pero, ¿por qué está ocurriendo esto? y, más importante para los que trabajamos en marketing digital ¿cómo las marcas pueden utilizarlo a su favor?
Yo llegué a una conclusión de por qué esto ocurre, y charlando con colegas me pareció que la idea está bastante compartida: las generaciones nacidas entre los 80’s y los 90’s que conocimos el mundo sin los móviles, estamos un poco saturadas de tanta pantalla, y deseamos espacios de desconexión ante tanto estímulo y saturación digital. Por eso, el volver a opciones más analógicas nos despierta tanta curiosidad.
Todo vuelve, menos nuestro tiempo
Quizá, como persona que se dedica entre otras cosas a gestionar redes sociales, suene un poco contradictorio, pero siempre aposté por un consumo moderado de las mismas y abogué por la importancia del detox digital. Así fue que hice conmigo misma un experimento muy interesante sobre finales del año pasado: para poder retomar el hábito de la lectura, tras sentir que “nunca tenía tiempo para leer” y tras verificar el tiempo que pasaba en Instagram, la red social que más consumía – y os aseguro que el número de horas que pasaba allí fue muy shockeante de ver – decidí usar ese tiempo, justamente, en leer.
Y no sólo empecé a leer más, si no que me noté mucho menos ansiosa y que cada semana que pasaba podía mantener la concentración por más tiempo. No voy a mentir: al principio, fue muy duro. Me costaba sostener el aburrimiento, y sentía el impulso de agarrar el móvil de vez en cuando interrumpiendo la lectura, pero poco a poco fue entrándome menos ganas de scrollear y más de seguir leyendo, y a día de hoy directamente no tengo la dichosa app en mi móvil, la he desinstalado; únicamente accedo a ella desde el ordenador un máximo de 3 veces a la semana. Ah, y tengo una regla estricta para descargarla en el celular: sólo cuando estoy de viaje si quiero subir historias o post, y la borro luego de subir esos contenidos. Literalmente, la uso como un álbum de recuerdos y si quiero ver cosas de mis conocidos entro a la computadora en esos días permitidos y por un tiempo corto. El truco es fácil: no volver a caer en el scroll infinito.
Y ahora, ¿qué?
Evidentemente, el aesthetic tan cuidado de los influencers de hace algunos años ya no está de moda, las personas con el avance masivo de la IA ya no toleran ver una publicidad o un contenido que no distinguen si es real o no, la falta de atención genera que muchos quieran pasar menos tiempo en las pantallas. Ahora bien, con esto, parecería que las marcas tienen mucho que perder porque sabida es la importancia que tienen los canales digitales para promocionar sus servicios o productos. Pero no, por suerte para los que trabajamos en esto, como todo, es una cuestión de adaptarse a lo que las nuevas formas de consumo demandan: contenidos más lentos, fotos y vídeos más “verdaderos”, y como en todo, surgen nuevas plataformas o renacen otras donde se puede aprovechar a conectar, pero conectar de verdad.
Mi sugerencia es, como siempre, ser fieles a los valores marca e intentar captar la atención promoviendo valor. Apostar por contenidos más realistas, menos filtros y más interacción. Pedir consejo a la audiencia sobre qué les gustaría ver, conocer o saber de la marca, y siempre pero siempre tener el foco en lo importante: que las redes sociales son, en primera instancia, sociales.








