Revista de Marketing y Negocios
Columnistas Tendencia

Deja de creer que NO se puede: la mentira de la Generación X

Hay una frase que casi todos los que nacimos y nos criamos entre mediados de los sesenta y mediados de los ochenta, escuchamos antes de cumplir diez años.


Esa frase era “Eso no se puede”, acompañada de otras versiones como: “Baja de esa nube, consíguete un trabajo estable, te vas a morir de hambre, la vida no es como en las películas” entre muchas otras.

Soy de los que creen que nuestros padres o adultos “responsables” no las dijeron para hacernos daño, sino por una inercia inherente al modelo de crianza y porque a ellos también se la dijeron o porque venía envuelta en algo que sonaba a “amor”; dicho en palabras más sencillas, querían protegernos de la decepción.

El problema es que, una frase repetida suficientes veces, deja de ser un consejo y se convierte en programación. Sobre todo cuando esa frase es “no vas a poder”.

Invitación columnista universitario

Y aquí estamos, cuarenta años después; con hipoteca, con hijos, con una carrera que “ya no se puede cambiar”, repitiéndonos la misma frase que odiábamos cuando niños, pero con la particularidad de que ahora, es nuestra propia voz la que repite esas frases.

Ya no hace falta que nuestros padres nos la digan, nosotros mismos hicimos el trabajo de internalizarla tan bien que la convertimos en sentido común.

El costo de creer que no se puede

“No se puede cambiar de carrera a los cuarenta y cinco.”
“No se puede empezar un negocio sin capital.”
“No se puede ser soñador si toda la vida fuiste el Responsable”.
“No se puede pedir lo que mereces porque ya estás grande para eso”.
“No te puedes cambiar de país a los 40 y tantos”


La lista de frases es interminable y, lo más curioso, es que casi nadie se detiene a preguntar de dónde salió cada una de esas creencias. Simplemente las cargamos, como quien carga una maleta que ni siquiera empacó, para una vida que ni siquiera querías o soñabas.

La generación X tiene una relación particular con esta trampa, con el “No se puede”, crecimos sin la sobreprotección de los millennials, ni la hiperconexión de las generaciones que vinieron después.

A nosotros “nos tocó ser prácticos”, en muchos casos, resolver las cosas solos, no quejarnos porque “se ve mal”.  Si lo quieres ver de manera positiva; esa misma fortaleza, que en su momento fue una ventaja, se volvió también una jaula donde la costumbre de aguantar, se disfrazó de sabiduría, donde postergar u olvidarte de tus sueños se volvió una virtud mal llamada “madurez”.

Pero la realidad es que nadie te dijo que aguantar y renunciar no son lo mismo, nadie te explicó que hay una diferencia entre ser realista y estar resignado.

El catálogo de frases que nadie cuestiona

Vale la pena hacer el ejercicio con honestidad, aunque incomode. 

“Del trabajo a la casa, y de la casa al trabajo.” 

“No naciste en cuna de oro, así que no sueñes en grande.”

“Ya bastante tienes con lo que tienes.”

“A tu edad, ya deberías tener esto resuelto.” 

Cada una de esas frases fue, en su momento, una forma de mantenernos a salvo dentro de un mundo que a nuestros padres les parecía impredecible y hostil.

El problema es que ese mundo ya no es el mismo, pero seguimos operando con un manual escrito para otra época.  Lo más curioso es que muchas de esas frases ni siquiera fueron dichas con intención de limitarnos permanente, tan sólo eran advertencias de un momento específico, para una situación específica.

Pero lo que nuestros padres no sabían, era que nuestra mente infantil no procesaba matices: procesa reglas absolutas, de modo que una advertencia puntual, dicha por un adulto con autoridad sobre nosotros, se convirtió -sin darnos cuenta- en ley general para el resto de la vida.

Ese es, quizás, el mecanismo más silencioso de todos: no fue una sola frase la que nos frenó, fue la acumulación de cientos de ellas, dichas por distintas personas, en distintos momentos y contextos, todas apuntando en la misma dirección.

Con el tiempo, esas voces externas se volvieron tu propia voz interna, la cual, por cierto, es la más difícil de cuestionar, ya que suena exactamente igual a nuestros propios pensamientos.

Identificar la frase es el primer paso, no el último

Tras años de búsqueda, tratando de averiguar qué era lo que me pasaba y porqué me costaba tanto trabajo concretar mis sueños o planes, me puse a leer a escuchar, a preguntar y a investigar y me di cuenta de algo.  

Es en este punto, la identificación de esas frases, transformadas en tu propia voz, donde la mayoría de los contenidos de desarrollo personal se quedan cortos, porque sólo te dicen: “identifica tus creencias limitantes” y ya, como si nombrarlas fuera suficiente para que esas programaciones desaparezcan.

Y la verdad, es que no ocurre así. Yo lo viví en carne propia: pasé años sabiendo, en teoría, que esas frases de la infancia me estaban frenando, y aun así seguía actuando como si no lo supiera.

“No es lo que no sabes, lo que te mete en problemas. Sino lo que crees saber con certeza y resulta que no es así.” –Mark Twain.

Identificar una creencia sin tener un proceso para desmontarla es cómo diagnosticar una enfermedad y no dar tratamiento. Te deja peor, porque ahora sabes que algo está mal, pero sigues sin poder moverte o sin saber adónde ni cómo.

A mí me tocó vivir esa parálisis de cerca; modo supervivencia, saturación, ver el éxito de otros como algo que le pasaba a “otro tipo de gente”, no a mí, intentar esto o aquello sin los resultados esperados, abandonar y volver a comenzar otra cosa “diferente”, pero siempre desde el mismo lugar; el hoyo.

La verdad es que no fue un libro el que me sacó de ahí, ni una frase motivacional pegada en el espejo; fue un proceso, uno que exigía orden, no inspiración sino un método, no decretos ni deseos específicos, acciones con propósito.

La trampa de la comparación silenciosa

Hay algo particular que le pasa a los Xers -mi generación- y que casi nadie menciona en voz alta: comparamos nuestro presente, no con el de otros, sino con el que imaginamos que “deberíamos” tener a esta edad.

Vemos a alguien más joven lanzar un negocio, cambiar de vida, reinventarse en público, y en lugar de sentir inspiración, sentimos una especie de vergüenza silenciosa. Como si el reloj ya hubiera cerrado la puerta y nosotros llegáramos tarde a una fiesta que ni siquiera sabíamos que existía.

Esa vergüenza no es información útil, es simplemente la misma frase de siempre, con un disfraz nuevo: “ya no se puede, ya es tarde.”  Pero la realidad, la que te niegas a ver, es que el tiempo no funciona como una ventana que se cierra a los cuarenta, por le contrario; funciona como una serie de puertas que se abren y se cierran constantemente, y la única razón por la que dejamos de verlas es porque nosotros mismos decidimos, dejar de buscarlas.

Lo peor es que; si tratas de hacer memoria, ni siquiera encuentrarás ese momento en tu historia de vida donde de manera inconsciente tomaste esa decisión, dicho en términos más actuales: “Es lo que hay”.

Por qué “no se puede” nunca fue una verdad, sino una herencia

Voy a tratar de decirlo de la manera más clara posible, sin adornos y sin filtros; nuestros padres, tíos y maestros no mintieron por maldad, mintieron -si aplica el término- por miedo a darte falsas esperanzas. Y ese miedo, cuando se transmite de generación en generación sin ser cuestionado, entonces se disfraza de realismo.

“No se puede” no es una ley física, es tan solo una frase que alguien dijo una vez, con buena intención y datos limitados, y que por la razón que quieras, se volvió dogma.

La pregunta inútil que muchos nos hacemos a los treinta y cinco, a los cuarenta, a los cincuenta, es “¿por qué no se pudo hasta ahora?” cuando en realidad la pregunta correcta debería ser:“¿quién me dijo que no se podía, y por qué le creí sin revisar la evidencia?”

Ahí empieza el verdadero trabajo, hacerse las preguntas correctas, no en repetir afirmaciones positivas frente al espejo, ni “decretarlo al universo”, el trabajo comienza haciendo un inventario honesto de todas las creencias que estás cargando desde pequeño, las cuales dicho sea de paso, nunca fueron tuyas.

Lo que sí funciona

No vas a poder cambiar tu vida de hoy para mañana -ya sé que muchos lo desean y otros tantos venden “la magia transformadora de hoy para mañana”. Lo que sí puedes hacer, es empezar a ordenarla.

En términos prácticos, lo anterior, significa dos cosas concretas; primero, hacer consciente lo que hasta ahora operaba en automático -esas frases, esos miedos heredados, esas reglas que nunca cuestionaste- y segundo, necesitas construir un proceso, no un momento de motivación, un proceso que te permita salir del hoyo en que te encuentras.

La motivación dura lo que dura una buena canción, es la que te ayuda en un buen día -me ha pasado cientos de veces- pero el proceso, ese es el que te sostiene incluso en los días en que no tienes ganas de nada. 

Esa fue, en esencia, la diferencia entre seguir atrapado y salir del hoyo: dejar de buscar el momento mágico y empezar a construir el camino, paso por paso, semana por semana, mes tras mes, hasta hacerlo duradero.

El punto no es que la vida sea fácil

No basta con “creer” para que las cosas sucedan, eso también es una mentira maquillada de un modo distinto, ese maquillaje es el del optimismo tóxico, el que ignora la dificultad real de cambiar de vida a mitad del camino.

Sí tienes que creer que puedes lograr lo que te propongas, pero no se trata de creer ciegamente, sino de dejar de creer ciegamente en lo contrario, en el “NO SE PUEDE”

Hay una diferencia enorme entre “todo es posible si lo deseas con fuerza” y el “no descartes algo, solo porque alguien te dijo que no se podía, hace treinta años, sin haberlo intentado jamás”.

Lo que esta generación tiene a su favor

Lo que casi nadie dice es que la generación X, justo por haber crecido sin sobreprotección, es la que tiene la capacidad de resolver problemas, capacidad que las generaciones posteriores, en la mayoría de los casos, todavía están construyendo.

Los Xers sabemos trabajar sin supervisión, sabemos sostenernos en la incertidumbre porque, de alguna forma, así crecimos.

No es falta de capacidad, es permiso para dejar de creer que “No se puede”, y ese permiso, insisto, no lo otorga nadie externo, te lo otorgas tú.

Somos la generación que aprendió a sobrevivir y adaptarse a lo nuevo, ¿no me crees? Revisa la historia los últimos 40 años, tenemos todas las herramientas para dejar de solo sobrevivir, tenemos experiencia, criterio, y la ventaja -que ninguna generación anterior tuvo a esta edad- acceso a la información y las herramientas para reinventarse sin tener que empezar de cero. Así fue cómo logré salir de mi propio laberinto, del hoyo.

¿Qué frase cargas tú desde niño, que nunca te detuviste a cuestionar?
Vale la pena escribirla, mirarla de frente, y preguntarte si sigue siendo cierta o si simplemente nunca la revisaste.

Si este proceso de identificar, decodificar y soltar esas creencias te interesa, en
https://altamiranojp9.com/total-reset
ahí documenté y escribí la ruta completa, que Yo mismo seguí, para salir del hoyo.

Gracias por leerme

Nos vemos en 15 días con el mismo cinismo y esperanza de siempre.

Juan Pablo Altamirano
@altamiranojp9

Juan Pablo Altamirano

Consultor y Emprendedor


Yeipi para sus amigos es Consultor en Imagen Pública, especialista en Ventas y Marketing Digital | 25 años como profesor universitario y posgrado en las áreas de mercadotecnia, publicidad, comunicación y emprendimiento | Sarcástico y de humor percudido es amante de la cerveza | Un auténtico Silver Surfer, ultrafan del Darkwave y el Synthpop2

DEJAR UN COMENTARIO

No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!

Partners