¡Ándale pues!

¡Ándale pues!

¡Voy a comprar ese auto! Dijo Benjamín dirigiéndose con la mirada a un auto alemán de lujo, deportivo, de color plata, que se encontraba frente a él y sus colegas mientras caminaban por la calle, ¿Vas a comprarlo? Respondió Juan muy sorprendido, y, ¿Cuándo? Prosiguió su frase con tono burlón. -En cuanto me libere de algunas deudas, sé que tengo responsabilidades pero eso no significa que no pueda comprarme ese coche. ¿Verdad? Contestó Benjamín, y fue entonces que otro de los acompañantes, Adolfo, replicó, –OK!  ¡Ándale pues! y no hubo ningún otro comentario durante los 10 minutos más que caminaron, y en los que Benjamín seguía alabando las maravillosas características del modelo alemán con el que se habían topado.

Todos se separaron hacia sus autos “tradicionales” y fue cuando Adolfo extendió su comentario al cuarto observador que no había dicho una palabra durante todo el trayecto, -¡Bueno! No podía decir otra cosa, es que Benjamín siempre sueña y, a veces es ¡TAN desesperante! ¿Cuántas cosas de lo que dice que hará, ha hecho? Como la mitad, a veces me da un poco de pena, ¿Sabes? El acompañante sólo sonrió y finalmente dijo –¡No te preocupes! ¿Y cuántas cosas has hecho tú?…

Lo más seguro es muchos desearían tal vehículo, sin embargo, tiene muchas más posibilidades Benjamín de comprarse su auto, al verbalizarlo y visualizarlo, que Juan o Adolfo que se limitan a dar su opinión negativa, y ¡bueno! depende de varios  factores: primero si el deseo es real, del enfoque correcto y de su esfuerzo para lograrlo, pero más aún de que ese deseo (en este caso auto)  esté alineado a un objetivo, -como lo habíamos comentado en mi nota anterior-, porque “las cosas” generalmente no son el objetivo, normalmente hay algo más grande detrás y un auto puede ser simplemente,  una motivación o un resultado evidente del avance hacia algo más: estabilidad financiera, por ejemplo.

He sido testigo e incluso he llegado a recibir comentarios negativos varias veces con respecto a algunas acciones en mi campo profesional, recuerdo muy bien uno de ellos: -¡Eso no funciona! Lo hicimos hace 2 años y no nos fue bien. Mmmmm… Una simple opinión, no significa que la estrategia o táctica no funcione, pues el resultado no depende solamente de “idearlo” sino de enfocarse, comprometerse y también de ejecutarlo correctamente, la diferencia puede ser tan simple como esa. Aun así, no dudo que en algunos casos haya evidencia ¡y sustentable!, con datos duros, acerca del posible mal resultado o riesgo del proyecto, en ese caso la necedad no nos lleva a nada, sin embargo siempre podríamos concentrarnos en diseñar una nueva y buena alternativa para lograr el resultado, ya que siempre hay más de una ruta para llegar a un destino.

Afortunadamente, para tener éxito en aquella ocasión, no fue necesario activar el plan B. Sin embargo es también una posibilidad… y evaluar los riesgos y entender cómo contrarrestarlos, es siempre parte de ella.

Me pregunto si, ¿Has oído hablar alguna vez del proceso de lluvia de ideas? Es una práctica que se lleva a cabo para encontrar posibilidades sobre cualquier tema, para generar nuevos conceptos, para pensar “fuera de la caja”, y así solucionar un problema, crear una mejora, satisfacer una necesidad, definir un proyecto… entre otros. La principal regla es no enfocarse en lo que “no se puede”, se trata de no cuestionar la factibilidad ni demeritar las ideas.

Cualquier concepto podría ser interesante o aplicable una vez que es correctamente aterrizado y evaluado.

Por lo que, a mi modo de ver -de la manera que sea-, la negatividad no nos lleva a nada. Muchas veces cuando escucho ese tipo de expresiones pesimistas, incluso “realistas”, o estoy a punto de hacerlas yo misma, mejor pienso: “¡calladit@ te ves más bonit@!”.

Lo cierto es que los mejores sucesos, acontecimientos e ideas que se han desarrollado en el mundo a través de los tiempos, han sido provocadores de gran incredulidad o escepticismo de quien los escuchó por primera vez: el foco, el primer auto, el avión, el teléfono, el elevador, el telégrafo, las computadoras, las naves espaciales, y… ¡la lista es interminable! Porque lo que no es común: “no siempre encaja”, y si así fuera no sería innovador; por supuesto que en cuanto se extiende y empieza a funcionar, también comienza a ser imitado y es entonces que lo percibimos como ¡NORMAL! ó incluso deseable.

Somos seres humanos y no existe uno sólo de nosotros que sea idéntico a otro, somos únicos, con pensamientos y “sentires” diferentes, así que la próxima vez que alguien te diga ¡Ándale pues! o su equivalente, sólo sonríe y enfócate.  ¡Hasta pronto!